Claro está que, cada vez que la Selección argentina juega una instancia decisiva, el país vive en un singular estado emocional .
Nervios, cábalas, promesas, camisetas que no se lavan y lugares del sillón que nadie puede ocupar.
Ahora, frente a Inglaterra, un rival que despierta historia, tensión y memoria futbolera, los rituales vuelven a ocupar un lugar de preferencia.
Asimismo, uno de los más elegidos por quienes adoptan una cábala simbólica y distinta al famoso ritual del freezer es el ritual del laurel, una práctica asociada a la victoria, la protección y el deseo de triunfo.
Vale destacar que, el laurel tiene una carga histórica muy fuerte. Así, en la antigüedad clásica, las coronas de laurel se entregaban a poetas, atletas y guerreros como símbolo de gloria.
Allí, con el paso del tiempo, esa imagen quedó ligada a la idea de logro, reconocimiento y conquista. Por eso, en la cultura popular, muchas personas lo usan como amuleto antes de exámenes, competencias, viajes importantes o partidos decisivos.
El ritual es sencillo y no requiere elementos extraños. Solo hacen falta tres hojas de laurel, un papel blanco y una lapicera. En el papel se escribe el nombre de la Selección argentina y una frase breve de intención, por ejemplo: “Argentina avanza”, “Argentina gana” o “Que la Selección juegue con fuerza, claridad y unión”.
Luego se colocan las tres hojas de laurel sobre el papel. La primera representa la confianza; la segunda, la protección; y la tercera, la victoria.
Después, el papel se dobla hacia adentro y se guarda debajo de una camiseta argentina, una bandera o cerca del lugar donde se verá el partido.
Algunos hinchas lo preparan antes de que empiece la previa. Otros lo hacen minutos antes del inicio, cuando la ansiedad ya se siente en el cuerpo.
La clave, según la creencia popular, no está en la complejidad del gesto, sino en la intención con la que se realiza.
En este entorno, desde la psicología, las cábalas no modifican el resultado de un partido, pero pueden tener un efecto emocional concreto.
Así, funcionan como una forma de ordenar la ansiedad frente a una situación incierta. El hincha sabe que no puede entrar a la cancha, pero necesita sentir que participa.
Finalmente, ahí aparece el ritual. Repetir una acción, preparar un amuleto o seguir una costumbre permite canalizar la tensión y generar una sensación de control. No es racional en términos deportivos, pero sí puede ser útil desde lo emocional.
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