La actriz Carolina Álvarez encontró en “Mis muertos tristes”, la serie dirigida por Pablo Larraín e inspirada en los relatos de Mariana Enríquez, una oportunidad que durante años le había resultado esquiva: ser reconocida por su capacidad actoral y no quedar encasillada por su cuerpo.
Tras el exitoso estreno de la producción en Netflix y su celebrada presentación en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, la intérprete habló sobre la gordofobia en la industria audiovisual y los prejuicios que todavía condicionan el acceso a determinados papeles.
“Acá me eligieron por la actuación y porque conecté con el director”, destacó Álvarez, quien aseguró que, si bien su corporalidad tiene importancia dentro de la historia, el personaje escapa de las representaciones habituales de las personas gordas en la ficción.
“Ser gorda es importante para la serie, pero no es algo que se muestre en forma negativa o fea. Sos gordo, pero sos una persona, podés comer, no como muestran siempre en las series, en forma desaforada. Tampoco sos la gorda, amiga de la linda. No está el estereotipo”, explicó.
“Ser gorda es importante para la serie pero no es algo que se muestre de manera negativa”
La experiencia significó mucho más que un nuevo trabajo para la actriz, que estudió teatro durante nueve años y atravesó numerosas audiciones sin conseguir los resultados esperados. “Que vean lo actoral en mí, es todo”, expresó al recordar los años de dificultades y rechazos en los que, según reconoció, los prejuicios sobre su cuerpo estuvieron siempre presentes.
Los prejuicios que persisten en la pantalla
Pese a los avances en materia de diversidad y representación, Álvarez consideró que la mirada de la industria audiovisual sobre los cuerpos cambió “muy poquito”. En ese sentido, destacó la apertura de directores como Larraín, capaces de incorporar a sus producciones intérpretes que habitualmente encuentran menos oportunidades.
“Hay directores, como Pablo, que tienen una mente muy abierta y pueden ver esto de ponernos a trabajar a personas que no solemos ver en el medio”, señaló.
Sin embargo, advirtió que los estereotipos siguen condicionando las propuestas laborales. “Nos quieren encasillar como ‘la gorda que no para de comer, que tiene todo mal y que es fea’”, cuestionó.
La actriz contó que, a lo largo de su carrera, recibió ofertas en las que le pedían comer de manera desaforada o representar personajes cuya gordura aparecía asociada necesariamente al sufrimiento, la falta de atractivo o el fracaso personal.
Para Álvarez, el valor de “Mis muertos tristes” también reside en romper con esas fórmulas y permitir que su personaje tenga una identidad propia, más allá de su apariencia física.
UNA OVACIÓN EN SAN SEBASTIÁN
El reconocimiento llegó acompañado de una experiencia inolvidable en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, donde “Mis muertos tristes” fue presentada en formato de película antes de su llegada a Netflix.
Álvarez describió su paso por el certamen español como “una burbuja de felicidad” y recordó la respuesta del público durante la proyección.
“Tuvo su gran estreno, muy ovacionada, la gente gritó como loca durante 15 minutos”, relató. Según contó, al día siguiente continuaron recibiendo felicitaciones por el trabajo realizado.
La emoción fue especialmente intensa para una actriz que venía de atravesar años de búsqueda profesional. “Cuando se estrenó la serie, no pude parar de llorar. La gente aplaudía y yo lloraba porque ya la había visto, pero no con 1.500 personas”, recordó.
“Nos quieren encasillar como la gorda que no para de comer, que tiene todo mal y es fea”
“En el avión, me sentí realizada, fue la misma felicidad que había sentido cuando grabé”, agregó sobre una experiencia que marcó un punto de inflexión en su carrera.
EL MENSAJE ARGENTINO QUE LLEGÓ A LA ALFOMBRA ROJA
La participación en San Sebastián también tuvo un componente político y simbólico. Álvarez, junto a Mercedes Morán, Dolores Fonzi y Alejandra Flechner, llevó a la alfombra roja un kimono con la inscripción “Las Malvinas son argentinas”, una intervención que llamó la atención durante el encuentro cinematográfico.
“Se sintió bien que haya gente a la que le importe el país y sus políticas, y lo puedan mostrar, hablar y comunicar”, expresó la intérprete.
En esa línea, destacó la importancia de que figuras reconocidas de la cultura argentina utilicen su visibilidad para expresar sus posiciones. “Se trata de mostrar que, en este momento, tenemos que estar más unidos que nunca. Me parece muy bueno que haya voces como las de Dolores y Mercedes”, concluyó.
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