El periodismo argentino despide a Samuel "Chiche" Gelblung, quien falleció este miércoles 9 de septiembre a los 82 años tras resentirse su salud por complicaciones respiratorias. El histórico comunicador venía atravesando un período delicado durante el año, acumulando internaciones derivadas de cuadros pulmonares, la colocación de stents y una reciente caída, circunstancias ante las cuales mantuvo intacta su determinación por continuar trabajando hasta sus últimos días. Su partida deja una huella profunda en la opinión pública y en el seno de su familia: su esposa Cristina Seoane —a quien definió en vida como la mujer de su existencia—, sus tres hijos, Federico, María y Magdalena, y sus siete nietos.
El origen de este romance de casi cincuenta años se remonta a 1975, en el marco de la icónica producción fotográfica de los "Personajes del año" de la Revista Gente. En aquella oportunidad, Gelblung se desempeñaba como jefe de producción y director del medio, mientras que Seoane participaba como una joven modelo convocada para la portada. Ese encuentro inicial dejó una impresión duradera en la modelo, quien tiempo después rememoraría la imagen del periodista vistiendo una corbata gigantesca y luciendo melena con flequillo.
Debido a que Seoane se encontraba casada en ese momento, el contacto amoroso no prosperó de inmediato. La oportunidad definitiva surgió en 1976 cuando ella se incorporó a la publicación como productora fotográfica contratada por Gelblung, quien ya había concluido su anterior matrimonio con Marta Inés Velasco, derivando la cercanía laboral en un romance apasionado.
Tensiones, un departamento destrozado y el camino de la reconquista
La consolidación de la pareja atravesó momentos de fuerte turbulencia. El propio Gelblung caracterizó abiertamente sus años juveniles confesando su perfil de infiel compulsivo e incontrolable en el ámbito afectivo. El punto máximo de conflicto aconteció durante una crisis en la que Seoane, tras aliarse con otras mujeres del entorno del conductor, ingresó a su departamento para arrojar desde el piso 15 sus relojes, trajes, discos y gemelos, además de romper sus almohadas.
La posterior separación conmovió al periodista, quien comprendió que Cristina era la única persona a la que verdaderamente no quería perder. Para lograr su perdón, emprendió una intensa estrategia de reconquista mediante flores, bombones, llamados y cenas en restaurantes distinguidos. Gelblung afirmó categóricamente que Seoane fue la única mujer por la que decidió luchar de verdad, calificándola como la más bella e inteligente, y asegurando no haber vuelto a incurrir en infidelidades tras formalizar su relación y casarse.
Desafíos extremos, vida familiar y una atracción que perduró en el tiempo
A lo largo de los años, el matrimonio no solo enfrentó crisis de convivencia, sino también contingencias de alta gravedad como intentos de secuestro, amenazas de bomba y un exilio en Madrid. Ante esos escenarios, el conductor reflexionó que el amor tiene la facultad de anular cualquier peligro, mientras que Seoane definió la historia común como una vivencia basada en el desafío, la superación y la elección constante.
En el plano personal, Cristina ejerció un rol determinante para que el periodista se reencontrara con sus padres tras seis años de distanciamiento, motivado por un edema pulmonar sufrido por su padre, Alfredo Gelblung, durante la cobertura del Cordobazo en 1969. En cuanto a la crianza de sus hijos, Gelblung se definió como un padre obsesivamente presente, habiendo asistido a terapia de pareja solo en contadas ocasiones para coordinar pautas educativas.
Ese camino compartido tuvo su hito público en 2022 al recibir el Martín Fierro de Oro de Cable, galardón que dedicó a su compañera incondicional, manteniendo hasta sus últimos años una atracción física e intimidad intactas desde aquel primer día.
SUSCRIBITE a esta promo especial