El cineasta Jafar Panahi hace cine de alto riesgo, filmando en Irán contra prohibiciones locales que sabe lo pondrán en peligro de prisión, donde ya estuvo. Y donde volverá a estar: en Teherán, un tribunal revolucionario iraní confirmó la sentencia a un año de cárcel y la prohibición de dos años de salir del país contra el cineasta nominado al Oscar por “Fue solo un accidente”, por el cargo de propaganda contra la República Islámica por la realización de películas de manera clandestina y el apoyo a las protestas de “mujer vida, libertad”.
El ganador de la Palma de Oro en el festival de cine de Cannes, ya había sido encarcelado dos veces, y recibió una prohibición absoluta para filmar durante una década y media; sin embargo, se las arregló por más de diez años para hacer sus películas en la clandestinidad. La sentencia, que Panahi y sus abogados tienen quince días para apelar, ya se había dado a conocer en diciembre pasado cuando el director estaba fuera de su país.
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