Mateo Sujatovich trabajó hasta acá en formato banda, como Conociendo Rusia. Pero ahora vuelve a La Plata sin banda, como “Mateo”, un espectáculo íntimo y despojado que presentará mañana en la Sala Ginastera del Argentino.
El nombre de la gira invita a pensar en un proyecto solista, pero el músico aclara que no se trata de eso. “Sigue estando Conociendo Rusia, porque este es un nuevo formato del proyecto; no deja de ser Conociendo Rusia”, explica. “Aparece más Mateo porque es algo más íntimo. A veces el ruso está más vinculado a ese rockstar con la banda, y siento que la intimidad tiene más que ver conmigo, con mi nombre propio, con la composición, con lo íntimo de la guitarra y la voz. Eso sale súper al frente en este concierto, que es lo más íntimo que tiene el proyecto”.
La decisión, cuenta, nace de una necesidad artística. “Es algo que siento que la música me pide. No hay cosa más linda que agarrar tu canción, tenerla terminada y poder sostenerla, mostrarla solamente con el instrumento”, dice. “Lo he visto en muchos artistas que admiro, que son referentes, los he visto hacer sus conciertos solos con el instrumento, y pienso: claro, así la canción está, así funciona y así se luce”.
No es la primera vez que sale a escena solo, pero asegura que la propuesta es otra. “Ya lo hice hace varios años, y esta es una forma de volver a hacerlo, pero con muchas canciones que todavía no había sacado entonces. Es completamente distinto a aquel show: las canciones, si bien son íntimas, se acompañan con el piano o con la guitarra, tengo pedaleras, loopers, distintos elementos que las visten”.
Sujatovich, hijo de Leo Sujatovich, es ante todo un artista de la canción: la melodía ante todo. Así, para el autor de “Cabildo y Juramento”, despojar los temas no es desarmarlos sino devolverlos a su origen. “En realidad, las canciones cambian cuando las grabás”, explica. “La mayoría las compongo así, con la guitarra o con el piano; nacen de ese germen más sencillo y van creciendo a medida que las juntás con la banda. Pero lo más natural para mí es cantarlas de este modo”.
De todos modos, hubo desafío, confiesa, en los temas de pulso más bailable: “Hay algunas que nacen de algo más rítmico, como ‘Jet Love’, y el desafío era cómo levantarlas en este show y que no queden chiquitas. Ahí tengo baterías electrónicas, loops, cosas que hacen que mantengan ese espíritu”.
Entonces, la melodía ante todo. En tiempos del como base en la música joven, todo un desafío, que ha sostenido desde su primer disco. Pero es heredero por genética, crianza y estilo del rock nacional, y no esquiva la filiación. “Es un género muy fuerte, muy auténtico, con referentes muy distintos entre sí que se retroalimentaron en el tiempo. Fue imposible para mí no beber de esas aguas, que son tan interesantes y tan propias”, dice. Y afirma que no es que ese movimiento se haya disuelto al calor de la música urbana: “Hace cinco, seis años estaba muy de moda todo el universo del freestyle y el trap, muy vinculado a la adolescencia, pero mientras tanto había bandas buenísimas. Hay algo del rock, del pop, del rock nacional que siempre está vivo. A veces está más en boca de todos, a veces menos, pero nunca hay que darlo por muerto ni por cansado”.
Sobre el futuro, en tanto, prefiere no adelantar demasiado, aun cuando este año abrió una nueva etapa con el single “Películas de acción”. “Si hay algo que tengo claro en este momento está vinculado a los conciertos, a cantar en vivo la música que compuse en todos estos años. Adónde voy con la música nueva, por ahora, es una incógnita para mí”.
“Este es un nuevo formato del proyecto pero no deja de ser Conociendo Rusia”
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