El Festival de Venecia recibió una de las propuestas más ambiciosas y controvertidas de su edición con “Dau”, la película de más de tres horas dirigida por Ilya Khrzhanovsky que reconstruye tres décadas de brutalidad y control estatal en la Unión Soviética. El largometraje forma parte de un proyecto cinematográfico que comenzó hace dos décadas.
La historia toma como protagonista a Lev Landau, el reconocido físico soviético que recibió el Premio Nobel de Física en 1962. La película recorre su vida entre 1938 y 1968 y muestra cómo un científico de enorme talento e ideales terminó involucrado, por presión de las autoridades, en el desarrollo de la bomba atómica.
Khrzhanovsky, de 51 años, buscó retratar no solo la trayectoria de Landau, sino también el clima de vigilancia, violencia y sometimiento que atravesó a aquella generación. “Soy un hijo de la Unión Soviética”, explicó el cineasta, quien en 2024 renunció a su nacionalidad rusa y actualmente vive en París.
Un rodaje fuera de lo convencional
La producción de “Dau” comenzó en 2008 y se extendió durante tres años en Járkov, Ucrania. Para recrear el universo soviético, el equipo construyó a escala real un instituto secreto de investigación y reunió a cientos de actores.
Algunos de ellos permanecían dentro del complejo durante largos períodos y debían sostener sus personajes incluso fuera de las escenas. El objetivo era generar una experiencia inmersiva capaz de trasladar al espectador a la vida cotidiana de aquella época.
La película también reconstruye episodios históricos como los juicios estalinistas contra científicos y escenas vinculadas con la devastación provocada por la hambruna de la década de 1930. Para determinadas secuencias, el director recurrió incluso a personas con antecedentes delictivos y a neonazis. El proyecto general incluye otras dos películas que fueron presentadas en la Berlinale en 2020 y que también provocaron controversias por sus escenas sexuales explícitas y acusaciones de abusos durante la producción.
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