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De La Plata a la Bauhaus: la música como forma de vida de Rodolfo Corbetta

El compositor y pianista platense vuelve a ponerle música a una creación de Celia Millán que se estrenó en el edificio alemán. Otra escala internacional en una extensa trayectoria atravesada por la música, la danza y el cine
el universo de Rodolfo corbetta reunido en su estudio: allí juega con la “multiestética” / gonzalo calvelo

Por Redacción

El compositor, pianista y director platense Rodolfo Corbetta no estará este fin de semana en Alemania, pero sí estará su obra. A miles de kilómetros de La Plata, una composición suya volvió a sonar en uno de los espacios más emblemáticos de la cultura europea: la histórica Bauhaus de Dessau. Fue como parte de “EXTREM hoch 4”, la nueva creación de la coreógrafa también platense Celia Millán, que propone sacar a los bailarines del escenario convencional para llevarlos a los balcones y la fachada del célebre edificio.

Para Corbetta será, además, un regreso particular. Su música ya había llegado a la Bauhaus de la mano de Millán y aquella experiencia abrió la puerta para esta nueva convocatoria. Esta vez compuso una suite en la que conviven la tradición académica, la electrónica, los sintetizadores y diferentes climas sonoros pensados para dialogar con una coreografía que tendrá a la propia arquitectura como escenario.

Pero el estreno, que fue ayer y se repetirá hoy en el marco del Festival Bauhaus 2026, también ofrece una buena excusa para detenerse en quien está detrás de esa música. Porque antes de que sus composiciones llegaran a Alemania, Corbetta construyó una extensa y por momentos sorprendente trayectoria: pasó de las aulas platenses a las orquestas profesionales, recorrió escenarios europeos, trabajó durante décadas junto a la danza, experimentó tempranamente con la electrónica, ejerció la docencia y hasta terminó involucrado en la aventura cinematográfica de “El último Elvis”. Hoy, con nuevos proyectos de cine y encargos destinados a intérpretes que llevarán su música al exterior, asegura estar atravesando uno de sus momentos más intensos como compositor.

Bailar en los balcones

La singularidad de “EXTREM hoch 4” también obligó a pensar la música para un escenario fuera de lo común. No hay un escenario tradicional: los cuerpos aparecerán y se moverán sobre la arquitectura de la Bauhaus.

Corbetta reconoce que esa particularidad estuvo presente mientras componía, aunque no modificó la esencia de su trabajo. Sí buscó evitar lo que llama un “estatismo sonoro” y dotó a las distintas danzas de emocionalidades diferentes para acompañar los movimientos sobre la fachada.

Esa búsqueda está directamente relacionada con la manera en que Corbetta entiende su propia música. “Yo tengo una combinación exacta entre la música académica y la música popular. Mi música está definida como música emocional y creo que eso es lo que le gusta a ella”, explica sobre las razones que, entiende, llevaron a Millán a convocarlo nuevamente. Y agrega otra definición que atraviesa su trabajo: “Está fundada en base a multiestéticas, es decir, de muchas estéticas, no una sola”.

Esa concepción se hace especialmente visible en la música que compuso para “EXTREM hoch 4”. El resultado es una suite atravesada por ese lenguaje múltiple que reivindica como propio: pasajes electrónicos conviven con cuerdas, metales, piano y sonoridades provenientes de la tradición académica. “Combiné el espíritu académico, quizás del siglo XIX llevado al hoy, y la música con sintetizadores”, explica.

Del aula a la orquesta

Mucho antes de la Bauhaus, la historia musical de Corbetta comenzó en La Plata. Estudió inicialmente en la Facultad de Bellas Artes y luego continuó su formación en el Conservatorio Provincial Gilardo Gilardi. Su ingreso al mundo profesional tuvo una particularidad: prácticamente se salteó la instancia de las orquestas juveniles.

Formado con maestros como María Daguerre, Ernesto Ringer, Enrique Gerardi, Virtu Maragno y Gerardo Gandini, Corbetta pasó por distintas formaciones sinfónicas y tocó durante algunos años en el Argentino hasta que, mediante una audición, ingresó como percusionista a la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, donde permaneció alrededor de 16 años. Aquella experiencia terminó siendo mucho más que un trabajo.

“Yo tengo una combinación exacta entre la música académica y la música popular”

Los ensayos diarios y el contacto directo con una gran orquesta se convirtieron en una extraordinaria escuela de instrumentación y orquestación. Allí aprendió, escuchando desde adentro, buena parte de aquello que décadas después aplicaría como compositor. Y las giras le permitieron tocar en grandes escenarios europeos junto a destacados intérpretes y directores.

Entre sus recuerdos aparece incluso una postal histórica. Tenía unos 25 años cuando participó del concierto de gala por la asunción presidencial de Raúl Alfonsín. Hoy recuerda que estaba tan preocupado por tocar correctamente que no alcanzaba a dimensionar el acontecimiento que tenía frente a sus ojos.

De la danza a Elvis

Después llegarían otros mundos. Corbetta desarrolló su trabajo como pianista acompañante de danza clásica y contemporánea y ejerció la docencia en el Conservatorio, donde creó un espacio dedicado a las ya mencionadas “multiestéticas”. Allí mezcló música académica, popular, experimental y nuevas tecnologías.

En las clases de danza contemporánea comenzó además a incorporar electrónica y percusión al acompañamiento tradicional de piano, una metodología que recuerda haber empezado a explorar hace unos veinte años.

Pero su carrera tendría uno de esos giros que parecen improbables hasta que suceden.

Su vínculo con John McInerny -hijo de una de sus maestras, Pirincha Daguerre- y una banda tributo a Elvis Presley terminó llevándolo a recorrer el país y, finalmente, al cine. Corbetta fue miembro fundador de aquella formación y trabajó con ella durante más de una década. De esa experiencia nació después “El último Elvis”, la película dirigida por Armando Bo que recorrió festivales internacionales.

Para Corbetta, entrar a un set cinematográfico fue uno de esos “momentos mágicos” que todavía conserva. Y aquel proyecto también le confirmó una idea que ahora vuelve a experimentar con nuevas propuestas audiovisuales: los tiempos del cine son largos y dependen de engranajes productivos mucho más complejos que los estrictamente artísticos.

Un compositor en movimiento

La nueva llegada a la Bauhaus encuentra a Corbetta en un momento especialmente prolífico. Está dedicado “casi exclusivamente” a crear: desde la música académica escrita con lápiz y papel hasta la música electroacústica, además de diferentes encargos.

Tiene varios proyectos cinematográficos en distintas etapas preliminares, trabaja en música destinada a un solista del Colón, recibió una propuesta para escribir un cuarteto de cuerdas con posibilidades de estrenarse en Europa y está terminando una composición destinada a una pianista radicada en París.

Es la segunda vez que la música de Corbetta suena en el edificio de la Bauhaus Dessau

La dimensión internacional, de todos modos, no es completamente nueva. Como intérprete recorrió escenarios europeos con la Filarmónica y compartió experiencias con figuras de la música académica. Lo que cambia ahora es el lugar desde el que vuelve a cruzar el océano: ya no solamente como músico de una orquesta, sino a través de sus propias composiciones.

Corbetta habla de vocación, trabajo, continuidad, alegría y también de suerte. De estar preparado “cuando el tren pasa y para en la estación” para poder subirse. Pero hacia el final encuentra una definición todavía más sencilla para explicar por qué, después de tantos años, sigue componiendo.

“La música no es solamente una manera de sentir o de hacer, sino una manera de vivir”, dice, agradecido de haber podido desarrollarse artística y familiarmente a través de los sonidos. Padre de cuatro hijos, Rodolfo advierte que todavía tiene bastante por escribir.

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