¡Por fin se fue!
¿Tu suegra, Susy?
¡No! ¡El pesado de Adorni!
¿Se fue o lo fueron?
Da igual. Lo importante es que dejemos de hablar de él.
¿Y quién lo reemplaza como Jefe de Gabinete?
El colorado ex de Nancy Pazos.
¿Santilli?! ¿Cómo? ¿No lo detestaba Milei?
Cambia, todo cambia, como cantaba Mercedes Sosa.
Me acuerdo que lo trató de corrupto, engendro, inútil, comunista y pésimo candidato. Menos bonito, de todo.
¡Qué volátil este Javi! Pasa del odio al amor en un tris.
Y del amor al odio, ídem.
¡Me imagino la bronca de la Pazos! Ella sí que lo sigue detestando.
La Nancy es a Analía Maiorana, lo que Wanda a la China Suárez. Enemigas íntimas. Titulares que no se bancan los reemplazos.
Adorni va a tener que vender las sábanas, almohadas, acolchados, sommiers, propiedades, cascada y PlayStation, para garparle a sus abogados ahora. Se le viene la noche.
Eso es algo que me gustaría decir alguna vez. “Háblenlo con mis abogados”. ¿Vieron que los VIP siempre tienen más de un leguleyo? Quién pudiera…
Del culebrón Adorni pasamos al del Pichi.
¿Qué Pichi?
Piccirillo, uno de los ex de la Cirio.
¿No está sopre?
Sí, pero con domiciliaria. Y no la pasa nada mal, según los vecinos.
¿Por?
Tiene una novia muy fogosa y se oyen gemidos hasta altas horas. Una tal Florencia Epelbaum.
Me suena…
Salía con un ex GH, el macho “Alfa”.
¿El ridículo de la bandana?
Ése, que está indignado porque la Epelbaum lo niega como Pedro a Jesús.
Lo bien que hace. Es un quemo ese chabón.
¡Qué manía ésa de meterse con tipos acusados de delitos varios, ¿no?!
O con tipos casados, como Ekaterina, la rusita de “Tequila” que le tiró los galgos a Icardi.
De China a Rusia pasó el ex Galatasaray. Ecuménico el Mauro.
Y la que ahora salió del sarcófago es la Ritó, que dicen que fue noviecita de la Cirio.
Chicas, creo que nos hemos perdido algo. Experimentamos demasiado poco a lo largo de nuestras larguísimas vidas, ¿no les parece?
Nunca es tarde, Roxi…
Se viene un finde extra largo, chicas. ¿Hacemos algo?
Guiso de lentejas. Atracón de series. Pongo el pochoclo.
Después de semejante menú, los vecinos también se van a quejar, no precisamente de los jadeos y gimoteos eróticos, sino de nuestro estruendoso festival de flatulencias. ¡Chin, chin!
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