En la Argentina hay pocas cosas más peligrosas que ser vegana, famosa y entrar a una panchería. Nicole Neumann lo comprobó la semana pasada, cuando la cuenta de Instagram Gossipeame compartió una foto que le hicieron llegar de la modelo sentada en la barra de un local gastronómico de San Isidro. La insinuación era clara: Niki, la del tofu y los rescates, se estaría comiendo un pancho. La propia Pochi dejó una salida elegante, al plantear en su publicación que probablemente se tratara de una alternativa vegetariana o vegana, pero en redes nadie leyó la letra chica.
La respuesta llegó con toda la furia. En sus historias, la modelo decidió responderle directamente a la persona que sacó la imagen, a quien bautizó como “un proyecto de señor”. Después fue a “Desayuno Americano” y aclaró que su hija y una amiga eran las que comían panchos, mientras ella picoteaba esos nachitos con queso, porque —remató— “no me gusta comer porquerías”. Llegó a calificar al pancho de alimento cancerígeno y a jurar que jamás lo sirvió en un cumpleaños de sus hijas. El único ganador fue el dueño del local, que lejos de enojarse por los ataques de la modelo que caracterizó a los panchos como “cancerígenos”, subió la apuesta y se declaró “chocho” con la publicidad gratis. (Queda para los puristas la pregunta del millón: ¿el queso de los nachitos era vegano?)
Pero el “panchogate” es apenas el último capítulo de una saga que lleva décadas. Nicole y la carne tienen una relación tormentosa, llena de escándalos, frases explosivas y alguna que otra contradicción. Vamos por partes.
LA OVEJA QUE LO CAMBIÓ TODO
Todo empezó en un campo. Nicole lo contó por primera vez en 2019 en “Otra noche familiar”, y volvió a relatarlo en agosto pasado en su stream “Solo con Niki”: la invitaron a un haras, un lugar donde crían caballos, y de golpe había una oveja que balaba. El animal no paró durante una hora y media. Intrigada, le preguntó al capataz qué pasaba, y la respuesta fue brutal: esa mañana habían carneado al cordero para comerlo y la madre lo andaba buscando. Ahí se juró no volver a probar un pedazo de carne. “Es el hijo de alguien”, resumió.
Durante años fue vegetariana, hasta que dio el paso siguiente. En un video en redes explicó que se dio cuenta de que no comer carne no era suficiente, porque se estaba olvidando de las vacas lecheras y las gallinas ponedoras. Así llegó al veganismo. Aunque, como veremos, el camino tuvo sus baches.
EL DÍA QUE NICOLE PARALIZÓ EL CENTRO PORTEÑO
Si hay un episodio que resume la mezcla de activismo, farándula y caos que rodea a Nicole, es el del 29 de agosto de 2007. La memoria popular lo recuerda como “el desnudo del Obelisco”, pero la cita era a unas cuadras: el cruce de Corrientes y Florida, para manifestarse en contra del uso de pieles en la indumentaria.
El plan original era más bien moderado. La idea era caminar en traje de baño por el centro para indicar que, antes de ponerse pieles a modo de ropa, prefería no usar nada. Pero la propuesta estaba en manos de “CQC”, en su pico de fama y con su espíritu transgresor intacto, y el programa de Telefe afirmó que la modelo caminaría desnuda, solamente cubierta por una pancarta. Esa palabra, “desnuda”, fue gasolina.
El movilero elegido para acompañarla fue el Pelado López, que años después confesó que nunca imaginaron que, cuando Pergolini anunció la esquina al aire, iba a haber cinco mil personas esperando. Hacía frío —el termómetro apenas alcanzaba los 11 grados en una de las esquinas más transitadas de la ciudad— pero nada enfriaba a la multitud, mayoritariamente masculina. Las personas trepaban a las estructuras metálicas de los edificios en construcción de la zona, se asomaban por los balcones y se colgaban de los semáforos, con cantos de cancha incluidos.
Adentro de la Trafic blanca que llevaba a Nicole, el clima era de película de terror. El chofer juraba que no era él quien retrocedía, sino la gente que le empujaba la camioneta. Según el Pelado, tanto el peluquero como el maquillador de Nicole estaban con un ataque de pánico, y la modelo no estaba mucho mejor. Afuera, la cosa se puso pesada: un joven saltó por encima de un automóvil estacionado y su conductor lo tomó a golpes de puño; el dueño del auto era camarógrafo de un noticiero, y los amigos del agredido terminaron rompiéndole los vidrios. Cuando la camioneta reapareció de contramano por Corrientes, la gente la rodeó y la zamarreó hasta obligarla a retroceder otra vez. “Casi me muero del pánico”, admitió Nicole.
Y como la multitud no iba a irse sin su desnudo, alguien tomó la posta: un manifestante decidió tomar cartas en el asunto y se desnudó por completo y comenzó a bailar. El público no fue generoso: le dedicó un cántico sobre su anatomía, y el hombre se defendió culpando al frío. Nicole, más tarde, lo celebró con humor: “Me encanta. Tomó en cuerpo y alma la causa”.
El desenlace fue un anticlímax. Con el centro tomado, la protesta se mudó a Plaza Serrano, en Palermo, donde Nicole desfiló cubierta por un cartel doble que decía “prefiero estar desnuda que con pieles”, sin mostrar casi nada. Hubo más ironías: la Fundación Vida Silvestre, que había negociado sumarse, se despegó y aclaró que no pretende atacar el uso de la fauna en general (incluida la peletería) sino promover un uso responsable. Y a metros, en el Obelisco de verdad, Greenpeace juntaba firmas por la Ley de Bosques mientras todos miraban para otro lado. Años después, Nicole lo recordó sin arrepentimientos: “Por los animales hago lo que sea”.
“SI NO COMIÉRAMOS ANIMALES, NO HABRÍA PANDEMIA”
En abril de 2020, con el mundo encerrado, Nicole encontró al culpable del COVID. No fue en una entrevista televisiva sino en la tapa de Caras, donde apareció de blanco, con barbijo y las manos en posición de plegaria, bajo la frase “Si no comiéramos animales, no habría pandemia”. Sabía que iba a arder: se atajó pidiendo que si van a escribir algo, que sea sin agresiones.
Ante las críticas, se defendió con estadísticas: aseguró que no es una teoría que se inventó porque ama a los animales, sino que hay una estadística de la OMS sobre muertes por zoonosis. Días antes ya había calentado el ambiente en “Nosotros a la mañana”, indignada porque un carnicero contaba que las ventas habían subido en cuarentena. El pueblo respondió en la voz de una jubilada de 87 años que, en un móvil, la desafió sin anestesia: de los siete días de la semana, “cinco como carne sino me muero”.
JURADO CON CARA DE ASCO
Kaczka parecía disfrutarlo. Como jurado de “Los 8 escalones”, Nicole se convirtió en meme cada vez que una pregunta rozaba la parrilla. El momento cumbre fue en marzo de 2023, cuando Guido leyó una afirmación sobre la tripa gorda y su ubicación anatómica en el ganado, y la cara de Nicole Neumann se transformó y mostró una mezcla de desazón, asco e impresión, con el agravante de que la pregunta hubo que repetirla dos veces.
No fue la única. En otra emisión, a una concursante le tocó ubicar la entraña en la vaca, Martín Liberman se relamió al aire y Nicole estalló: “¿Cómo se sientan tan felices a comer un asado?”. En la edición infantil, una pregunta sobre toros de lidia la sacó de las casillas: “no puedo creer que todavía en el 2022 se sigan haciendo esas crueldades con animales”. Y una participante que trabajaba en una granja porcina, al contar que atendía partos e inseminaba, prefirió frenar: “No quiero explayarme mucho por Nicole”.
EL CINTURÓN DE LA DISCORDIA
Acá es donde los detractores sacan el cartel de “falsa vegana”. En 2019, fue muy criticada porque usó un cinturón de cuero Gucci para el casamiento de El Pollo Álvarez y Tefi Russo. Su defensa quedó para la historia: dijo ser “80% vegana”. Y en enero de 2021 volvió a la carga Ángel de Brito, que la criticó por compartir fotos en donde se ven fuegos artificiales, después de realizar campañas en contra de la pirotecnia, y por utilizar botas de cuero a pesar de ser vegana, botas que venían de un canje.
La respuesta de Nicole fue, por lo menos, creativa: la culpa del cuero es de los carnívoros. Explicó que mientras la gente siga comiendo carne habrá descarte que termina en la curtiembre, y cerró con un didáctico “¿se entiende la cadena cómo va?”. La pirotecnia, aclaró, tampoco era culpa suya: la había tirado el alcalde de Florida.
LOS CHICOS Y EL PLATO
La crianza fue otro frente caliente. Ya en 2020 contaba que en su casa no se cocinan carnes y que les había cambiado a las chicas la chocolatada de vaca por una de castañas de cajú, mientras las nenas comían carne en lo de Fabián Cubero. Con Cruz, su hijo con Manu Urcera, fue más allá: el nene come proteína vegetal y lleva una dieta vegetariana “hasta que él decida”. A sus hijas mayores dice no prohibirles nada, aunque deja claro que no le encanta que coman carne afuera: “Yo les marco desde chiquitos, tratando de que interioricen el concepto”.
GUERRA A LOS CRIADEROS
En agosto de este año, en plena polémica por el proyecto de la diputada Karen Reichardt que habilita la venta online de cachorros, Nicole fue lapidaria: “Yo creo que los criaderos no deben existir más porque las perras no son máquinas de parir, está mal”. La réplica vino del lado libertario: una cuenta de X que distintos medios vinculan a Santiago Caputo citó su frase y agregó que Nicole procede a bebotear con su bulldog francés recién comprado de $2.500.000. Ella no se achica ante esos señalamientos: a quienes le cuestionan sus perros de raza les responde “¿vos, cuántos perros salvaste?”.
PACHAMAMA, EL ARCA DE NICOLE
Para entender la obsesión, hay que ir a Los Cardales. Allí está Pachamama, la chacra que compró a los 19 años después de trabajar en Francia, y donde conviven más de veinte perros junto con caballos, un burro, ovejas, cabras, llamas, ponis, gallinas y gansos. Entre las estrellas del lugar figuran Rita, la burra, y la cerda Peppa. El sueño venía de lejos: de chica, empezó a jugar al Loto y al Quini con una sola esperanza: ganar plata para comprar un campo para refugiar animales abandonados.
Una oveja la hizo vegetariana, un desnudo que nunca fue la hizo leyenda y un pancho que no comió la devolvió a los titulares. Con Nicole, la carne siempre es noticia. Sobre todo cuando no está en el plato.
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