Cuando “Laberinto” (cuyo título original es “Labyrinth”) llegó a las salas de cine en 1986, la recepción inicial fue fría y su recaudación en taquilla implicó un absoluto fracaso. Sin embargo, al cumplir su 40 aniversario en este 2026, la obra cumbre de la fantasía oscura dirigida por Jim Henson y producida por George Lucas no solo se mantiene vigente, sino que alcanzó el estatus de filme de culto, y sigue atrayendo a miles de fans gracias a sus icónicos momentos que hoy se viralizan en pequeños clips en redes sociales.
El gran legado de la película radica en su valentía visual y estructural. En una época inmediatamente anterior a la explosión digital de los efectos creados por computadora y la inteligencia artificial, la producción se convirtió en una de las mayores hazañas del diseño práctico. El taller Jim Henson’s Creature Shop dio vida a cientos de criaturas mediante marionetas mecánicas, animatrónicos de vanguardia y disfraces complejos que convivieron orgánicamente con los actores humanos.
Más allá de los impresionantes decorados físicos y las ilusiones ópticas inspiradas en las imposibles construcciones matemáticas de M.C. Escher, el filme dejó una marca indeleble por su narrativa. Con un guion pulido por el Monty Python, Terry Jones, el viaje de la joven Sarah (una maravillosa Jennifer Connelly en los inicios de su carrera) para rescatar a su hermano menor de las manos de Jareth, el Rey de los Goblins (encarnado por el mítico David Bowie), se convertía en una representación sobre el doloroso paso de la infancia a la madurez, el desapego de los juguetes de la niñez y la aceptación de que, como bien repite la película: “La vida no es justa”.
DAVID BOWIE: EL REY DE LOS GOBLINS INOLVIDABLE
Es imposible concebir el impacto cultural de esta película sin la magnética presencia de David Bowie. Su elección para encarnar al malvado y magnético Rey de los Goblins, fue uno de los grandes aciertos por parte de Henson.
Bowie aportó una mezcla perfecta de peligro, sensualidad teatral, elegancia mística y un toque de extravagancia “glam” que cautivó por completo a niños y adultos. El camaleónico artista no solo se adueñó de la pantalla con su vestuario icónico y su imponente melena, sino que enriqueció el universo del laberinto componiendo e interpretando la banda sonora. Temas inolvidables como “Magic Dance”, con sus coreografías repletas de duendes saltarines, o la balada romántica y onírica “As the World Falls Down”, se transformaron en himnos generacionales.
En su interpretación, Bowie dotó a Jareth de una ambigüedad moral fascinante: era el antagonista, pero también un objeto de fascinación prohibida, consolidándose como uno de los villanos más carismáticos de la historia del cine fantástico.
¿DEL FRACASO INICIAL A UNA PELÍCULA DE CULTO?
El estatus de culto no se compra, sino que es un logro que muy pocas producciones obtienen y es gracias a la devoción que pueden generar en el público. “Laberinto” es el ejemplo perfecto de este fenómeno. Tras pasar desapercibida en los cines, la cinta encontró su verdadero hogar con su salto al VHS durante finales de los 80 y principios de los 90. Se trataba de una forma directa en la que la gente podía acceder a la película en la intimidad de su casa.
De ahí, el boca a boca transformó un fracaso comercial en un rito de iniciación cinematográfica para millones de personas en todo el mundo. La película se convirtió en una joya de culto porque su estética no envejeció, en especial porque posee un alma y una calidez que el CGI moderno rara vez logra replicar. Además, sus capas de lectura, los trasfondos psicológicos góticos del laberinto y las teorías conspirativas entorno a los personajes, permitieron el descubrimiento de nuevos detalles en cada visionado.
Cuarenta años después, la película sigue llenando proyecciones especiales en salas de cine y reuniendo a comunidades de fanáticos, demostrando que la verdadera magia de esta historia nunca pasa de moda.
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