Este jueves se estrena en cines locales “Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma”, una de las películas más comentadas del último Festival de Cannes, donde abrió la sección Una Cierta Mirada entre risas y seis minutos de aplausos. Es la tercera realización de Jane Schoenbrun, la cineasta trans más influyente de su generación, y llega precedida por una recepción que sorprendió incluso a su directora: un slasher con litros de sangre no es exactamente el tipo de cine que suele ovacionarse de pie en la Croisette.
“Sentí que mi cuerpo estaba en estado de convulsión”, describió Schoenbrun al día siguiente de la première, todavía atravesada por la euforia. La comparación que eligió para definir la experiencia —una buena silla eléctrica— resume bastante bien el efecto de la película.
La película está protagonizada por Hannah Einbinder, popular por su papel en la serie “Hacks” y en su primer protagónico cinematográfico, y Gillian Anderson, la agente Scully de “Los Expedientes X”: Einbinder interpreta a Kris, una directora independiente a la que un estudio le encarga revitalizar una saga de terror de serie B. Obsesionada con esas películas desde que vio la primera en VHS a los ocho años, viaja al campamento donde transcurrían las historias para encontrarse con la actriz que las protagonizó de adolescente: Billy Presley, la “final girl” original, encarnada por Anderson, que sigue viviendo allí, sola y rodeada de recuerdos. La atracción sexual entre ambas es inmediata y se convierte en el motor de un relato que juega todo el tiempo con el cine dentro del cine, confundiendo presente y ficción hasta un desenlace delirante y sangriento.
“Mis películas están obsesionadas con la idea de qué hace falta para que algo sea real”
Jane Schoenbrun,
directora
Detrás de la parodia hay una película profundamente personal, aunque distinta de las anteriores. Si “We’re All Going to the World’s Fair” (2021) e “I Saw the TV Glow” (2024) fueron los productos en carne viva de su transición, esta nace de una etapa luminosa. “Hacer esta película fue la experiencia más feliz de mi vida”, contó la realizadora, que se define como transfemenina y no binaria y que asegura haberse sentido libre por primera vez en un rodaje. “Es la primera película que representa la totalidad de lo que soy”.
Schoenbrun evocó también sus once años, cuando filmaba con amigos y después los sentaba a mirar el resultado: “Era mejor que la Navidad”, dijo.
Anderson, que atraviesa uno de los momentos más libres de su carrera, habló de “un momento increíblemente especial” y de su orgullo por el proyecto. “Quería ser parte de algo que me parecía importante que existiera en el mundo”, explicó. “Es una película importante y creo que va a reparar muchas cosas.” Einbinder, en tanto, cerró la presentación invitando a la sala a reír y a compartir una experiencia comunitaria, y reconoció que la atrajo el carácter íntimo del cine de Schoenbrun: hay ficción, pero también una carga alegórica que la conmovió.
PELÍCULAS COMERCIALES
La sátira sobre una industria enferma de remakes tiene, además, un correlato incómodo en la propia historia del film. Pese al prestigio de “I Saw the TV Glow”, editada por A24, el proyecto fue rechazado por prácticamente todos los estudios hasta que lo tomó Mubi. “Fue un rechazo tras otro tras otro”, contó Schoenbrun. “Uno nunca sabe, como pasa siempre cuando sos una persona trans: pensás que tal vez hay algo de tu otredad que no les gusta.” Y agregó una definición que funciona como tesis de la película: “Tu película no es comercial porque ellos creen que no es comercial.”
Terca, Schoenbrun preguntó cuánto había costado el “Martes 13” original y siguió adelante. La misma obstinación con la que escribió una novela de fantasía de 600 páginas que está por publicarse. Lleva incluso un tatuaje que dice “hacelo real”. “Mis películas están obsesionadas con la idea de qué hace falta para que algo sea real”, resumió. “Podemos rehacernos a nosotros mismos y al mundo que nos rodea.”
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