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“El príncipe Achmed”: cien años de sombras encantadas

El Teatro de Cámara de City Bell proyecta el clásico de Lotte Reiniger, el largometraje animado más antiguo que se conserva. Seis músicos le pondrán sonido en vivo a una función para todas las edades
Los cartones recortados de Reiniger

Por Redacción

El Teatro de Cámara de City Bell será escenario el sábado de una función especial de “Las mil y una noches – Las aventuras del príncipe Achmed”, la película que la alemana Lotte Reiniger estrenó en 1926 y que, un siglo después, conserva intacto su poder de encantamiento. La proyección, organizada por Videodromo y el Ciclo de Cine Caminante, tendrá musicalización en vivo a cargo de Nacho Stoppani, Sebastián Piatti, Lucas Muñoz, Tomás Szelagowski, Rob Astami y Rodrigo Runco. Es una propuesta para todas las edades, de esas que permiten que abuelos, padres y chicos compartan butaca frente a una pieza fundamental de la historia del cine.

“Achmed” ostenta un título que nadie le discute: es el largometraje de animación más antiguo que sobrevive. La aclaración no es caprichosa y tiene acento argentino. En 1917, Quirino Cristiani había estrenado en Buenos Aires “El apóstol”, una sátira política animada considerada el primer largometraje del medio animado, pero no quedó ninguna copia. Así, la odisea del príncipe que surca el cielo en un caballo volador se convirtió en el testimonio más remoto de la animación en formato largo, más de una década antes de que Walt Disney presentara “Blancanieves y los siete enanitos”.

Cartón cortado

Lo que vuelve única a la película, sin embargo, no es su antigüedad sino su técnica. Reiniger no dibujaba: recortaba. Cada personaje era una silueta de cartón negro, calada con tijera y con un detalle asombroso, con las articulaciones unidas por pequeñas bisagras de alambre. Las figuras se disponían sobre una mesa de vidrio iluminada desde abajo, y una cámara ubicada arriba registraba, cuadro por cuadro, cada mínimo desplazamiento de un brazo, un ala o un pliegue de la túnica. Hacían falta veinticuatro fotogramas para obtener un solo segundo de movimiento. El resultado es un mundo hecho de contraluces, donde los personajes son sombras puras y la expresión surge del gesto, del perfil y del ritmo.

El trabajo demandó tres años, entre 1923 y 1926, en un taller improvisado en Potsdam con el respaldo del banquero Louis Hagen. Junto a Reiniger trabajó su marido, Carl Koch, a cargo de la fotografía, y dos nombres clave de la vanguardia alemana: Walter Ruttmann, que poco después filmaría “Berlín, sinfonía de una ciudad”, y Berthold Bartosch, quienes crearon fondos y efectos con capas de vidrio, papeles translúcidos, arena y cera. Para dar profundidad a los decorados, el equipo montó un dispositivo de varios planos superpuestos que anticipó en una década la célebre cámara multiplano de los estudios Disney. Las copias originales, además, se coloreaban con virados que bañaban cada escena en ámbar, azul o verde, un rasgo que la restauración realizada a fines de los noventa logró recuperar.

Detrás de esa proeza artesanal hay una figura que la historia tardó en reivindicar. Nacida en Berlín en 1899, Reiniger recortaba siluetas desde la infancia y montaba su propio teatro de sombras. De adolescente quedó fascinada por las conferencias del actor y director Paul Wegener, quien terminó sumándola para animar secuencias y títulos de sus películas. Cuando encaró “Achmed” tenía apenas veinticuatro años y se convirtió en una de las primeras mujeres en dirigir un largometraje, en una industria donde las mujeres detrás de cámara eran una rareza. El ascenso del nazismo la empujó a un largo peregrinaje por Europa hasta instalarse en Inglaterra, donde siguió filmando cortos de siluetas basados en cuentos de hadas y óperas hasta su muerte, en 1981. Su legado puede rastrearse en cineastas como el francés Michel Ocelot, que hizo del teatro de sombras animado una marca propia.

La musicalización en vivo agrega a la función un plus que conecta con los orígenes del cine. En la era muda, cada proyección era una experiencia irrepetible: la película podía ser la misma, pero la música cambiaba de sala en sala y de noche en noche. Fiel a esa tradición, el ensamble interpretará una composición original que dialoga con los movimientos de los personajes y los cambios de atmósfera, ejecutada en simultáneo con las imágenes.

Palacios de cúpulas imposibles, hechiceros, genios, princesas y criaturas fantásticas desfilan por una historia inspirada en los relatos de “Las mil y una noches”. Cien años después, la invitación es la misma que deslumbró al público de 1926: dejarse llevar por la magia de unas sombras que siguen volando.

Para agendar
Qué: “Las mil y una noches - Las aventuras del príncipe Achmed”, de Lotte Reiniger, con música en vivoCuándo: Este sábado a las 20Dónde: Teatro de Cámara de City Bell, Diagonal 4 entre 462 y 464
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