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Emanero: “Cuando se fue el éxito, también se fue el miedo”

El cantante presenta “Todo por un beso” este viernes en el Teatro Argentino, la confirmación de su cruce a la canción romántica. En diálogo con EL DIA, habla del paso de los años, los cambios, las apuestas y su nuevo disco
Emanero trae su versión crooner al Teatro Argentino

Por Redacción

Durante más de una década, Federico Giannoni, más conocido como Emanero, fue una de las voces del hip-hop argentino, lejos de las radios y de los grandes escenarios. Hoy es uno de los nombres más convocantes de la música popular: agotó cinco veces el Movistar Arena, comparte canciones con David Bisbal, Luciano Pereyra, L-Gante y Ángela Leiva, y se mueve con soltura entre la balada, la cumbia y el merengue. Su lugar central hoy es la canción romántica, su nuevo disco “Todo por un beso” está compuesto de canciones románticas exclusivamente, y con ese plan llega a La Plata este viernes, para presentarse en el Teatro Argentino con su nuevo disco.

Pero antes de esta conversión en “crooner” hubo cinco discos en la música urbana, con letras de denuncia social. Comenzó su relación con el hip-hop a los 13 años a través del skate y empezó a componer y producir sus propias instrumentales a los 15 años. Pero tras un momento de menor visibilidad masiva al superar los 30 años, relanzó su carrera con exitosas colaboraciones y cruces de géneros musicales que revitalizaron su perfil y lo conectaron con nuevas generaciones.

“Ya no me estaba escuchando casi nadie. ¿Qué tengo para perder? ¿Qué me impedía experimentar? Nada”

Sin embargo, el Emanero de los primeros años y las canciones de denuncia, asegura, sigue ahí. “Todas las personas somos un rejunte de todas nuestras etapas: las lindas, las feas, las luminosas, las oscuras. Yo hoy soy todas mis etapas al mismo tiempo”. Pero también reconoce que el rap lo encorsetó: “Me vi un poco atrapado adentro de un género musical que en aquel momento no era muy amigo de los cambios radicales. Eran limitaciones que me estaba poniendo yo mismo”.

El salto no fue una revelación sino una caída. “Me fue muy bien entre 2012 y 2016, mejor de lo que podía haber esperado. Después inicié una espiral descendente en la que me costaba mucho hacer pie”, cuenta. “Todo tiene picos, pero lo importante es encontrar dónde hace pie uno. No enamorarse de su techo, sino empezar a amigarse con su piso”. Tras la pandemia, llegó la liberación: “Ya no me estaba escuchando casi nadie. ¿Qué tengo para perder? Nada. ¿Qué me impide experimentar? Nada también”.

Su diagnóstico es de una honestidad poco habitual: “Cuando se fue el éxito también se fue el miedo, porque el éxito te trae mucho miedo y mucha paranoia”. Y lo baja a tierra: “Que te vaya bien con la música en Argentina es que a fin de mes tengas más o menos lo mismo que una persona con sueldo. Es como llegar todos los meses al laburo y no saber si te van a echar”.

La canción romántica no le era ajena. “Incluso en mis discos bien de rap, bien de denuncia social, siempre hubo una cancioncita de amor”, recuerda. El giro llegó cuando empezó a divertirse con el tema y a cruzarlo con un lenguaje propio: “Canciones de amor actuales, pero con un lenguaje que recae más en el lunfardo, más tanguero: esta cosa de atorrante, sinvergüenza, bandido”. Aclara enseguida: “Ya lo hizo el tango, y no me estoy comparando con el tango, que quede clarísimo. Pero contemporáneo a esta etapa no había nadie trayendo esas cosas”.

DEL SINGLE AL DISCO

Contemporáneo como es, Emanero no quería hacer un disco: estaba cómodo con la lógica de los singles, esa que le devolvió protagonismo en los últimos años, y cuando su equipo le propuso armar un álbum, su primera respuesta fue un no rotundo.

“Estoy totalmente metido en la vorágine de la inmediatez. Soy parte de ese problema que todos tenemos dentro de la música”, reconoce. Pero “me tomé mi tiempo, lo pensé, al principio estaba muy cómodo con los singles y dije: ‘No, quiero seguir trabajando singles, no quiero hacer un disco’”, recuerda. El resultado de esa resistencia vencida es “Todo por un beso”, el trabajo conceptual sobre el amor que presentará en el Argentino.

Lo que más le costó, cuenta, fue que el álbum no se sintiera como una recopilación. “No quería que fuera un puñado de canciones que fueron saliendo y las empaquetamos bajo un nombre. Quería conseguir esas canciones que, entremedio de los singles que ya habían salido, unieran un poco y le dieran forma de disco”, explica. Esas piezas fueron “Todo por un beso”, “La traición” y “Me despido”. “Son canciones”, dice, “que muchas veces hago teniendo como referencia grandes artistas y grandes canciones que no explotaron de la noche a la mañana, sino que tuvieron otro tiempo, y el público las fue aprendiendo y abrazando con otro ritmo”.

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