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En las montañas de la locura: por qué la escalada extrema se convirtió en un fenómeno del cine

Tras el Oscar de “Free Solo”, el cine de escalada y alpinismo dejó de ser un nicho y se transformó en un fenómeno. Octubre trae tres estrenos que lo confirman, mientras las marcas, las plataformas y el olimpismo se disputan el vértigo ajeno

“Free solo”: el alpinismo, de moda
“The last first: Winer K2”
“Tenzing”
“Everest: The Other side”

Por Redacción

Los deportes extremos siempre tuvieron un costado audiovisual. Como en el surf o el skate, el video fue durante décadas una forma de supervivencia: escaladores, patinadores, surfers, snowboarders filmaban sus logros (y sus caídas) con cámaras prestadas para venderle a un sponsor la idea de que valía la pena pagarles el próximo viaje. Pero algo cambió en 2019, cuando “Free Solo”, de Jimmy Chin y Elizabeth Chai Vasarhelyi, se llevó el Oscar al mejor documental. Alex Honnold trepando El Capitan sin cuerdas se volvió un evento de masas (de hecho, recientemente Netflix transmitió en vivo un ascenso suyo), y el género encontró su fórmula: paisaje monumental, riesgo real y un protagonista obsesivo.

Ahora, antes de Honnold, la montaña ya tenía su lugar en el cine. En la Alemania de entreguerras, Arnold Fanck inventó el Bergfilm, el “film de montaña”, con cumbres filmadas en locación y un culto al heroísmo alpino que después se leería con incomodidad: en “La montaña sagrada” (1926) debutó como actriz Leni Riefenstahl, que luego dirigió “La luz azul” (de 1932; las dos, proezas de la técnica, teniendo en cuenta el tamaño de las cámaras y la dificultad para trasladarlas) antes de ponerse al servicio del nazismo. Hollywood, más interesado en el músculo que en la mística, llevó el género al terreno del thriller: Clint Eastwood colgado del Eiger en “Licencia para matar” (1975), Sylvester Stallone en “Riesgo total” (1993) y los rescates inverosímiles de “Límite vertical” (2000). La vuelta a lo real llegó con “Tocando el vacío” (2003), de Kevin Macdonald, la alemana “Norte” (2008), sobre la trágica cara norte del Eiger de 1936, y “Everest” (2015), de Baltasar Kormákur. Ese mismo año, Chin y Vasarhelyi estrenaron “Meru”, el ensayo general de lo que vendría con “Free Solo”.

AVALANCHA DE ESTRENOS

Pero la cosecha de octubre muestra hasta qué punto la fórmula se expandió desde entonces, con tres estrenos coincidiendo en un mes. El primero es “The Last First: Winter K2”, de Amir Bar-Lev, que llega a Apple TV el 2 de octubre tras su premiere en Sundance. La película reconstruye el invierno de 2020-2021, cuando el K2 era el único ochomil (las 14 montañas del planeta que superan los 8.000 metros sobre el nivel del mar) sin ascenso invernal y se convirtió en una carrera. Pero Bar-Lev no filma una hazaña sino un desastre en cadena: la muerte temprana del español Sergi Mingote, que debió funcionar como advertencia, y la competencia entre expediciones que terminaron estorbándose en campamentos sin carpas suficientes. La expedición dejó más de media docena de muertos, y el documental se pregunta menos por la cumbre que por el ego que empujó a subir. La crítica de Variety lo resumió bien: no busca la adrenalina vicaria de “Free Solo” o “The Dawn Wall”, y por eso será probablemente menos comercial.

El segundo es ficción. “Tenzing”, de Jennifer Peedom, también se verá por Apple TV desde el 16, con Genden Phuntsok como Tenzing Norgay, Tom Hiddleston como Edmund Hillary y Willem Dafoe como John Hunt. Peedom, que venía del documental montañoso (“Sherpa”, “Mountain”), cuenta la cumbre del Everest de 1953 desde el lado menos narrado: el del sherpa que tuvo que convencer a la expedición británica de que merecía formar parte del equipo y no solo servirlo. Para los británicos, la montaña era algo que conquistar; para Tenzing, Chomolungma era la diosa madre.

El tercero vuelve a la dupla de “Free Solo”. “Everest: The Other Side” se estrena en cines estadounidenses e IMAX el 30 de octubre, de la mano de National Geographic (seguramente llegue luego a Disney+). Sigue a Jim Morrison y Hilaree Nelson, pareja de esquiadores de montaña cuyo sueño compartido era escalar y esquiar la cara norte directa del Everest, una ruta que muy pocos coronaron y que nadie había logrado descender en esquí. Nelson murió esquiando en Nepal antes de concretarlo, y los directores, amigos de ambos, la definen como su película más personal.

HAY UN MERCADO

Tres películas, tres tonos: la tragedia como crítica, la épica revisionista y el duelo con fotografía IMAX. Lo que las une es que existen porque hay un mercado. La montaña vende un “lifestyle”, un estilo de vida, muy en boga: aire libre, autenticidad, desafío al peligro, una vida lejos de la oficina. Es el imaginario que alimentan Patagonia, The North Face, Red Bull y buena parte del Instagram de viajes. Para las marcas, el escalador es el embajador perfecto: austero, valiente, fotogénico, y casi siempre dispuesto a cobrar poco.

Ahí aparece el costado menos glamoroso. Detrás de las películas hay atletas que viven de contratos de patrocinio frágiles. Cuando Honnold subió sin cuerdas los 508 metros del Taipei 101 en “Skyscraper Live”, en enero, Netflix lo presentó como su nueva apuesta de deporte en vivo, y parte de la comunidad escaladora cuestionó la ética de transmitir un riesgo así en directo.

Lo más revelador, sin embargo, lo dijo él: que le pagaron bastante menos de lo esperado. Si la estrella máxima del género se juega la vida por un cachet modesto, el resto de la pirámide no está mejor. No por casualidad “Tenzing” funciona también como recordatorio de quién cargó históricamente con el trabajo pesado en el Himalaya.

La otra vía de forjar una carrera es el olimpismo, aunque con una escalada domesticada: paredes artificiales, presas de colores, recorridos cronometrados. Nada de avalanchas ni zonas de muerte. El debut en Tokio fue torpe, con un formato combinado de búlder, dificultad y velocidad muy criticado (los atletas se especializaban en una de las tres, pero tuvieron que competir en las tres para aspirar a una medalla), revisado en París 2024. En Los Ángeles 2028 las tres modalidades se disputarán como eventos de medallas independientes, y el COI amplió además la cuota de atletas. Pero la estructura sigue flaca: la federación internacional tuvo que cancelar una Copa del Mundo de velocidad porque se retiró un patrocinador, y en Alemania Alex Megos organizó una colecta para los atletas de la selección.

Es la paradoja del fenómeno. Las imágenes de escalada nunca circularon tanto, nunca hubo tantos rocódromos en las ciudades (en La Plata ya tenemos varios muros) ni tantas plataformas interesadas en filmar cumbres. Pero la riqueza que genera ese imaginario se queda mayormente en las marcas y en las pantallas. La montaña sigue poniendo el riesgo; el negocio, como siempre, se mira desde el valle.

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