Recordar “La tiendita del horror” también es una forma de recordar a Ashman, que luego junto a su socio Menken pasaría a musicalizar las más icónicas películas del renacimiento de Disney, y quien murió por complicaciones relacionadas con el sida en 1991. Su amistad estuvo llena de risas, canciones y aventuras. Incluso la llevó en su primer viaje a París.
“Entramos en mi habitación y él preparó un baño de burbujas, porque sabe que me encantan los baños de burbujas. Me metí en la bañera, me dio champán, me dio caviar, puso a Piaf”, relató. “Teníamos habitaciones separadas, por supuesto, pero éramos cercanos, así que ¿qué se le va a hacer? Y yo soy del teatro, así que no soy pudorosa”.
También cuidaba de ella. Cuando estaban redactando los contratos para la temporada teatral de “La tiendita”, lo único en lo que ella podía pensar era en asegurarse de que Londres estuviera incluido. Sin que ella lo supiera, Ashman también le había dado medio punto de las ganancias, “porque yo creé a Audrey”, contó.
“Así de generoso y amable era, y así de mucho me quería”, afirmó. “Todo el mundo ama a Audrey porque nosotros, yo, la amé primero. Y todo el mundo ama ‘Little Shop’ porque le pusimos tanto amor… Estoy muy agradecida y muy humilde porque cuando aman ‘Little Shop’, la mantienen viva, y mantienen vivo a Howard Ashman”.
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