En los años 80, Ariel Perera se subió por primera vez a un escenario con el grupo de teatro del Colegio Nacional Rafael Hernández. En su Salón de Actos, dice, “nacimos al teatro”. Y ahí volverá este viernes a las 19.30, para dirigir “Los árboles mueren de pie”, de Alejandro Casona, en una función cuya recaudación irá íntegramente al colegio.
La idea surgió del Centro de Exalumnos, del que Perera forma parte. “Entre sus objetivos está crear comunidad, mantener vivo el lazo entre todas las promociones, estar atentos a lo que precisa el colegio”, explica. La obra venía de varias funciones a sala llena en el Teatro de Cámara de City Bell, donde Perera tiene su taller, y la pregunta cayó sola: “¿Por qué no le proponemos al colegio hacer una función ahí?”. Las autoridades dieron el visto bueno. La actividad es abierta a la comunidad, con un bono contribución de 20.000 pesos.
El regreso tiene un plus: cuatro integrantes del elenco de Gente de Teatro son exalumnos. Perera, Guillermo Jurado y Pablo Di Plácido son de la misma promoción; Martín Isla, de la del 76. “Siempre sentimos un vínculo fuerte con el colegio, con los afectos, con la historia, con la famosa mística del Nacional. Imaginate lo que es volver y estar en el Salón de Actos, que siempre fue un templo para nosotros, y hacerlo para generar algo para el colegio”, dice.
El “salame” que tardó 20 años
El vínculo de Perera con el teatro empieza, literalmente, en ese salón. El grupo del colegio reunía a alumnos de los últimos años: hicieron farsas medievales y, en su recuerdo más glorioso, “Cosa de locos”, una adaptación con un elenco numeroso. Y no solo actuaban: cualquiera que quisiera podía sumarse a la iluminación, el sonido, la escenografía, el vestuario o la producción. “Por eso hay un montón de gente de nuestras promociones vinculada al grupo de teatro”, cuenta.
Fue la etapa en que se enamoró del oficio. Tanto que el director del taller le advirtió que, si no se dedicaba a eso, era “un salame”. “No me lo dijo así, pero más o menos”, se ríe. “Tardé como 20 años en hacerle caso”. Estudió Abogacía, ejerció durante años y recién después volvió “al antiguo amor”, esta vez de manera orgánica: cursos, formación, y una deriva hacia la dirección y la docencia, hasta tener un taller propio en el Teatro de Cámara.
El espíritu de todo su trabajo es el mismo que ahora lleva al Nacional. “Ninguno de los que hacemos esto vive del teatro. Todo lo que hacemos es amateur y a beneficio de alguna institución”, aclara. En City Bell, lo recaudado va casi todo para la asociación que mantiene la sala, “que en estos tiempos está todo tan bravo”. Esta vez, el destino es el colegio. “Haber nacido ahí teatralmente y ahora volver con una obra, dirigiéndola, con una mínima participación actoral y con una banda de exalumnos... lo pienso y me emociona. Los colores, los olores, las luces de ese salón son lo más lindo de mi época de colegio”.
Un maquiavelismo al revés
Estrenada en Buenos Aires en 1949, durante el exilio de Casona, “Los árboles mueren de pie” cuenta la historia de un filántropo que, a fuerza de piadosos engaños, intenta devolverle el sentido de la vida a una pareja de ancianos. Perera la eligió porque le permitía reunir a sus dos grupos de alumnos en un único trabajo colectivo, pero también por su texto: “Está llena de poesía. Aborda al hombre desde el hombre y sus problemas, resueltos desde la esperanza, la ilusión, la solidaridad, la utopía”.
Él la define como “un maquiavelismo al revés, positivo”: “Más vale una mentira piadosa que salve un alma que una cruda verdad que destruya”. Se dice, además, que es la obra más autorreferencial de Casona; no casualmente, uno de sus personajes centrales lleva el nombre de su hija, Marta Isabel.
¿Qué dice una obra así en un presente atravesado por la desesperanza? Perera evita el panfleto. “Hay autores más explícitos y otros que no apelan a la política, sino que son más profundos”, dice, y prefiere quedarse con lo trascendente: “un mensaje de esperanza de los hombres para los hombres”. Y hay una coincidencia que cierra el círculo: la obra forma parte de la currícula del colegio. “Es un texto que los chicos leen, investigan y aprenden en el papel. Ponerlo en 3D, llevarlo a escena en el colegio, nos pareció que estaba muy bueno”.
Cuándo: este viernes a las 19.30 en el Colegio Nacional, 1 y 49.
La recaudación irá íntegramente al colegio.
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