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Formó su banda en la Ciudad y llegó a lo más alto, pero al Indio Solari nunca lo nombraron Ciudadano Ilustre de La Plata

Por Redacción

Hay homenajes oficiales que llegan tarde y otros que nunca llegan. La Plata, la ciudad donde Carlos Solari se convirtió en "El Indio", nunca logró declararlo Ciudadano Ilustre. Ni cuando llenaba estadios propios, ni cuando ya era una leyenda del rock argentino. Qusieron, no pudieron. ¿Él quería? Aunque el homenaje más importante estuvo en el pueblo, en recitales, banderas, paredes, en la piel de sus fanáticos y en otras bandas.

La historia comenzó formalmente en septiembre de 2013. Casi a 40 años de los inicios de la banda. El entonces concejal del Frente para la Victoria Sebastián Tangorra presentó un proyecto para reconocer al líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. La iniciativa sostenía que la figura del músico "comenzó a gestarse en La Plata, en la densidad de los años de la dictadura y en las experiencias transformadoras del rock, de las que emergerían con el tiempo Los Redondos y la figura de su líder".

Para acompañar el proyecto se lanzó una campaña de adhesiones a través de internet. El formulario, creado para reunir firmas, todavía permanece abierto más de una década después. El objetivo era distinguir al "líder y fundador de una de las bandas musicales más emblemáticas y populares del país, ícono esencial de la contracultura rock en la Argentina y abanderado de la autogestión y la independencia como condiciones de soberanía ideológica y artística, por su aporte transformador a la cultura nacional".

La propuesta avanzó hasta octubre de ese año, cuando fue tratada en la Comisión de Cultura y Educación del Concejo Deliberante en épocas de Pablo Bruera. Después, el expediente comenzó a perder fuerza. Nunca llegó al recinto para una definición y quedó atrapado en discusiones políticas, especulaciones y diferencias internas.

Las versiones sobre su fracaso fueron múltiples. Algunos señalaron disputas partidarias. Otros hablaron de una iniciativa pensada más para captar simpatías que para convertirse realmente en una distinción institucional. También circuló una certeza que repetían quienes conocían el entorno del músico: los abogados del Indio, previa charla con él, no estaban dispuestos a aceptar ningún reconocimiento oficial.

El expediente reapareció fugazmente en junio de 2018 dentro de la Comisión de Legislación, durante la gestión de Julio Garro. Fue la última vez que el tema tuvo movimiento formal. Desde entonces quedó archivado entre papeles, proyectos inconclusos y oportunidades perdidas.

La paradoja resulta difícil de ignorar. Aunque nació en Paraná el 17 de enero de 1949, fue en La Plata donde Solari construyó su identidad artística. Llegó con su familia a finales de los años cincuenta y pasó buena parte de su juventud en la Ciudad. Su padre, José Solari, trabajaba en el Correo y su madre, Celina Choy, era ama de casa. Vivió en un departamento de 41 entre 7 y 8, transitó distintos colegios secundarios, fue expulsado del Industrial Albert Thomas y terminó sus estudios en el Normal 3.

También fue en La Plata donde comenzó a moldear su perfil rebelde. Intentó ingresar a Bellas Artes en 1967 para estudiar pintura, pero fue expulsado durante el curso de ingreso. Más tarde cumplió el servicio militar, realizando tareas administrativas en una oficina ubicada en diagonal 77 y 10. Y fue en los escenarios locales donde empezó a construir una historia que terminaría cambiando para siempre al rock argentino.

Mucho antes de los estadios repletos y las peregrinaciones ricoteras, estaban los recitales en el Teatro Lozano, los bares, los salones y los circuitos alternativos de una Ciudad que funcionó como laboratorio cultural para Los Redondos.

La Plata lo vio crecer, cantar, escribir y convertirse en mito. Sus calles todavía conservan murales, pintadas y referencias a canciones que sobreviven al paso de los años. Sin embargo, nunca logró convertir ese reconocimiento popular en una distinción institucional.

La situación tiene antecedentes ilustres. También Federico Moura como René Favaloro, otros nombres inseparables de la historia platense, mureron sin haber sido reconocidos en vida como Ciudadanos Ilustres de la Ciudad.

La ironía es todavía mayor si se observa lo ocurrido en otros lugares. Paraná, la ciudad donde nació, logró reconocerlo el año pasado después de una investigación que incluso demandó reconstruir planos históricos para determinar con precisión el sitio exacto de su nacimiento, ubicado en el edificio que hoy ocupa el Correo local.

La Provincia de Buenos Aires tampoco pudo avanzar. La Cámara de Diputados bonaerense aprobó iniciativas para distinguirlo en 2014 y nuevamente en 2022, pero ambas terminaron perdiendo estado parlamentario hasta quedar archivadas.

Al final, el reconocimiento más duradero no llegó desde la política ni desde las instituciones. Llegó desde otro lado. Desde las paredes pintadas, desde las banderas de las canchas, desde las remeras y desde miles de personas que hicieron de sus canciones una parte de su propia historia.

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