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La vertiginosa vida de Anthony Bourdain tuvo de todo: fue chef en una influyente cocina neoyorkina, autor de best sellers, viajó por todo el mundo en busca de los platos más auténticos, fue el primer cocinero “rockstar” de la pantalla, también una especie de proto-influencer, modelo a seguir todavía hoy para millones de varones que anhelan una vida libre y apasionada.
Y en medio de todo eso, un día decidió escribir junto a su amigo Joel Rose una novela gráfica. Era, al parecer, el sueño de la infancia de Bourdain, una faceta que pocos conocieron del cocinero. Y concretó ese anhelo con una historia bien aprticular: “Get Jiro” transcurre en un mundo posapocalíptico donde la gastronomía reina suprema y las figuras más poderosas del mundo son chefs. Allí habita, en los márgenes de las grandes mafias culinarias, un héroe solitario, alter ego de Tony: un misterioso y ultraviolento chef de sushi, Jiro, que está en búsqueda de venganza.
Ahora, esa novela gráfica se transformó en serie animada: estrenada este domingo en HBO Max, presenta cada domingo nuevos episodios. “Yo viví en Argentina cuando era adolescente, y nunca más volví a comer bifes como los de Argentina. Así que le diría a la audiencia: esta serie es la versión del bife argentino de las series animadas”, se ríe Alessandro Tanaka, que desarrolló la serie junto a Brian Gatewood.
La visión de Bourdain
En medio de un renacer del culto a Bourdain (se acaba de estrenar en EE UU la excelente biopic sobre su juventud, “Tony”, dirigida por Matt Johnson), la serie animada llega a más de una década del lanzamiento de las novelas gráficas, pero cuenta Gatewood que, en realidad, apenas se publicó la obra impresa ya había planes para llevarla a la pantalla. “Pero desafortunadamente Bourdain falleció. Peter Girardi, de Warner Bros., quería de todas maneras honrar su legado, honrar la idea que Bourdain tenía para esta serie, así que insistió”, explica.
Y nada de lo que Bourdain planteó en “Get Jiro”, dice Tanaka, ha perdido relevancia. Al contrario, “es incluso más relevante, con las redes sociales estando tan presentes, con la gente más interesada en conseguir una reservación que en comer en el lugar donde reservaste, y donde vas hay filas de gente esperando a instagramear su cena… Lo que describía hace 10 años ha explotado hoy”.
Es que bajo la fachada de una historia de acción, sangre y mafias que honran la tradición del cine de samurais y yakuzas, Bourdain estaba parodiando el esnobismo cultural que se vive en las grandes ciudades, donde de manera metafórica, aunque no tanto, los comensales “matan” por una reservación en los lugares más exclusivos y pagan cualquier dinero por sentarse en las mesas más condecoradas.
“Bourdain buscaba la cultura de la comida callejera: iba a esos lugares en busca de esas comidas simples, y encontraba que no tenía que ir a los restoranes más refinados. Hay comida genial en cualquier lugar”
Brian Gatewood, showrunner de “Get Jiro”
Bourdain representaba la idea opuesta: no todos los panchos de la esquina son mejores a los restoranes con estrellas Michelin, pero hay panchos que son una mejor experiencia que algunas cenas de siete pasos. Y por un dólar, además. Jiro, el protagonista de la serie (un chef de pocas palabras en la voz de Brian Tee Henry, actor de “Rápido y furioso: Reto Tokio” y “Wolverine”, “la única opción para nosotros”), es en ese sentido una inversión de Bourdain, un reflejo en el espejo para el chef: es ante todo un purista del sushi, en tiempos donde el plato japonés, en su formato global, sufre todo tipo de deformaciones y atrocidades. Pero, claro, no deja de ser un reflejo de Tony: los une su pasión contra el esnobismo gourmet.
“No tenés que gastar 100 dólares en un plato de pastas: puede ser una comida en un pequeño sucucho y vas a tener una mejor cena… La idea de Bourdain, creo, es que tiene que tratarse de la comida, y no de lo que rodea la comida, la decoración, la publicidad, todo lo demás”, explica Tanaka.
La comida de la calle
La serie, de hecho, transcurre en el Borde Exterior de esa Los Ángeles futurista y distópica, y esos barrios marginales representan, dice Gatewood, “la cultura de la comida callejera, que es algo que buscaba Bourdain. Iba a esos lugares en busca de esas comidas simples, y encontraba que no tenía que ir a los restoranes más refinados: hay comida genial en cualquier lugar, que quizás no tiene el estatus o dinero detrás”.
Esto es al menos lo que los desarrolladores del proyecto pensaron que Bourdain quería decir con sus novelas gráficas: sin el cocinero, todo fue un trabajo de interpretación, aunque con guía estricta de los allegados del chef, incluido el coautor de “Get Jiro” y amigo de Tony, Joel Rose.
“Queríamos honrar su trabajo y sus ideas, así que junto a las novelas gráficas teníamos a mano sus ideas, su filosofía sobre la comida, sus otros escritos”, dice el productor Jordan Blum. “Y tuvimos además a varios de sus contemporáneos colaborando, contribuyendo en las voces y en otros aspectos. Por ejemplo, tuvimos a Matt Goulding (cocinero norteamericano y también amigo de Bourdain) viendo cómo se representaba la comida en cada episodio”.
“Goulding leyó los borradores de cada episodio, hablamos de las recetas que aparecían en cada episodio, se aseguraba de que eligiéramos el plato correcto, que tuviera los ingredientes correctos, y que cada plato se preparara correctamente y se presentara de forma visualmente correcta”, cuenta Gatewood. El resultado son los deliciosos platos que se ven en pantalla, que se complementan con una violencia también apetecible para los amantes del género: “Get Jiro” es una fiesta de violencia y platos deliciosos animados con estética anime y aroma samurai.
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