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Inclasificable como es, como ha sido su trayectoria, moviéndose entre el folclore, la electrónica y los sonidos globales con igual comodidad, el músico, compositor y productor Gustavo Santaolalla siente que hay algo en el ronroco, ese instrumento andino de la familia del charango, caracterizado por su sonido grave, profundo y ronroneante, que es una pieza clave para explicar y definir su música y su trayectoria. Es que esa trayectoria que va de Arco Iris a Hollywood, que lo llevó a producir los discos más importantes de la música latinoamericana de fin de siglo y a trabajar con cineastas como Michael Mann, Iñárritu y Ang Lee, tiene un punto de quiebre, un mojón, un momento clave: el lanzamiento de “Ronroco”, disco de 1998 que reunía sus aventuras con el instrumento.
Pasado el cuarto de siglo de aquel disco clave, Santaolalla decidió que quería celebrar ese sonido, esa hermandad con su instrumento, y empezó a tejer un espectáculo alrededor del instrumento: ese espectáculo, que lo llevó a Europa y Asia, se estrenará en Argentina este sábado (Sala Ginastera del Teatro Argentino, desde las 20).
Pero, advierte Santaolalla en diálogo con EL DIA, no es una mera reinterpretación de aquel disco: el ronroco está en el centro del espectáculo para mirar hacia atrás pero también para entretejer ese sonido con posibles futuros, con nuevas expresiones y usos del ronroco. Como siempre ha hecho Santaolalla, claro, que explica que no es que tomó el ronroco en 1998 y grabó un disco, sino que “el ronroco ha convivido conmigo. Este disco estaba en mí”. “Ese álbum”, profundiza, “reunió grabaciones que yo realicé en un período de 13 años de mi vida. Cosas que grababa y que guardaba para mí, solo la había escuchado gente muy cercana a mi. Fue Don Jaime Torres el que me impulsó a que esto saliera en un album: en un momento dado, cuando mi carrera de productor empezó a florecer, fui convocado a producir un compilado de la carrera de Jaime. No lo conocía personalmente, aunque lo admiraba”.
Y sigue el relato: “Escuchamos 400 grabaciones para armar el álbum, y yo tenía muchas ganas de mostrarle lo que venía grabando, aunque me daba un poco de temor, porque yo no soy un ronroquista tradicional. Así que le di la música diciéndole que eran unos amigos míos. Me llamó a los dos, tres días, y me dijo: ‘El que toca acá sos vos, no me engañás, ¿por qué no me quisiste decir que eras vos?’. Y le expliqué que yo tocaba con otra técnica, ellos tocan con una mano derecha con uñas largas, moviendo la mano rápido sobre el charango, y yo toco más arpegiando. Puedo tocar la melodía y acompañarme al mismo tiempo en el instrumento. Y aparte, la música que compongo no necesariamente suena como música andina: puede tener resabios de música andina, pero a veces puede sonar a algo de La Pampa. O como música del este de Europa, o como cosas africanas o asiáticas. Y el ronroco es un instrumento de altura, de La Puna…”
Eso que a Santaolalla lo cohibía, para Jaime “era maravilloso: él buscaba eso con el charango, que quería trascender el estilo de donde venía el instrumento. Y yo creo que lo he logrado, de alguna manera: la última utilización del ronroco con gran visibilidad fue el tema de ‘The Last of Us’. Y nadie vino a decirme ‘qué lindo instrumento andino’, o ‘qué ritmo de chacarera’. La identidad está ahí, pero ampliada, y eso es algo muy especial que he logrado con el instrumento”.
“The Last of Us” es, claro, la serie de HBO Max que lleva música de Santaolalla, una de tantas bandas sonoras que le ha valido premios al ganador de dos Oscar y dos Grammy. Es el punto de llegada de una carrera que cambió con “Ronroco”: Santaolalla era productor, estaba gestando el nuevo mapa de música alternativa de Latinoamérica y a punto de fundar Bajofondo, cuando ese disco, “sin salir a promocionarlo ni nada, cobró vida propio, empezó a sonar en las radios universitarias, y un día llamaron de la oficina de Michael Mann”.
El director de “Fuego contra fuego” lo quería conocer y usar sus canciones para “El informante”, película con Al Pacino y Russell Crowe. “Y así también conocí a Alejandro González Iñárritu, y así terminó el ronroco en ‘Amores Perros’, e Iñárritu me presentó a Walter Salles e hice ‘Diarios de motocicleta’”. Entonces, dice, “mi relación con el instrumento, y ese álbum, necesitaban y merecían tener una puesta en vivo”.
- ¿Por qué volver ahora a “Ronroco”, casi tres décadas después de su publicación?
- Era muy importante darle el espacio frente al público que ha tenido en mi vida el ronroco. Nunca, hasta este concierto, se lo había dado. Cuando tomé por primera vez el instrumento sentí una conexión muy fuerte, que iba más allá de lo musical. Y además, fue un álbum que me abrió las puertas al cine. Así que luego de más de 25 años de la salida del álbum, decidí hacer una serie de cosas alrededor del instrumento y mi relación con él, desde un instrumento digital a un instrumento que inventé, el guitarroc… Hasta hice un perfume. También hice unas cuerdas de nylon, únicas, que no existen. No puedo decir mucho más pero van a traer algo nuevo. Y además he estado trabajando en diseñar unos ronrocos de concierto, con el luthier Julio Malarino. Y hemos lanzado el álbum en vinilo en 180’ gramos, para categoría audiófilos. Y, como parte de esta celebración, además, esta gira, que se diferencia de los conciertos que siempre he hecho, signados por un gran eclecticismo en el estilo y en lo sónico, había cosas acústicas, eléctricas, rockeras, folclóricas, siempre fue así: este concierto está todo en una zona, en un espacio, muy distinto de lo que he hecho hasta ahora en vivo. Para mí era muy importante traerlo a Argentina. Y este sábado, en la Sala Ginastera del Teatro Argentino, es el estreno nacional de este concierto.
- En 2018 nos decías que nunca habías mirado atrás hasta “Desandando el camino”. ¿Este regreso a “Ronroco” es una continuación de aquel gesto retrospectivo o es otra cosa, una obra que seguís habitando en presente?
- Muchas veces dije que no me gustaba mirar para atrás, porque era tanto el volumen de cosas que había hecho que era un poco abrumador. Y siempre me interesó, además, salirme de mi zona de confort, probar nuevas cosas. Pero llegó un momento, a partir de “Desandando el camino”, donde empecé a intentar unir ambas cosas: mi visión del futuro, mi necesidad de seguir explorando, pero también una necesidad de ordenar un poco lo hecho. Porque también es a través de analizar lo que uno hizo que uno encuentra las cosas que conforman su identidad. Como no sé ni leer ni escribir música, y trabajo a partir del instinto, me llevó muchos años poder poner muchas cosas en palabras, poder hablar de los silencios, de los errores, de tocar instrumentos que no sé tocar. Eso lo puedo articular en palabras, pero las hice durante años sin poder explicarlas: en eso sirve, también, analizar lo que uno hizo. Y en el tema del ronroco, de esta celebración, hay algo que tiene que ver con revisar lo que fue el camino recorrido en mi relación con ese instrumento, pero también la perspectiva de futuro en temas que no forman parte del álbum “Ronroco”, temas nuevos, que forman parte del concierto.
- ¿Cómo se traduce al vivo un disco tan íntimo, construido sobre el silencio tanto como sobre el sonido?
- Llevarlo al vivo fue un desafío. Yo también quería ver qué pasaba con eso, tenía mi incertidumbre al respecto. Pero logré armar un ensamble acústico donde hay una combinación de muchos instrumentos de cuerda, con el ronroco como instrumento principal, pero hay charangos también, ronrocos con cuerda de metal, guitarra barítono, una guitarra con unas cuerdas en una afinación muy especial, casi como un bajo, hay autoharp, tubos de PVC, violín, viola, cello… Hay una serie de instrumentos que ayudan a crear no un calco del álbum “Ronroco”, pero funciona perfectamente para mostrar esa música. Y no solo toco música pertinente a esos discos, sino que hacemos, por ejemplo, una suite de “The Last of Us”. Y hay una sorpresa en el concierto que no puedo revelar… Pero que entra perfectamente en esa atmósfera que creamos para este concierto.
Gustavo Santaolalla en el Teatro Argentino. Este sábado desde las 20, en el marco del Ronroco Tour 2026.
“Muchas veces dije que no me gustaba mirar para atrás. Y siempre me interesó salirme de mi zona de confort, probar nuevas cosas”
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