Durante buena parte de la historia de Hollywood, cumplir años podía convertirse en un problema profesional para una actriz. Mientras los galanes envejecían frente a cámara sin perder necesariamente su condición de protagonistas -y muchas veces acompañados por coprotagonistas considerablemente más jóvenes-, para ellas la llegada de la madurez solía significar menos papeles, personajes secundarios o directamente una discreta desaparición de las grandes producciones.
Halle Berry y Salma Hayek parecen empeñadas en contar otra historia.
Nacieron con apenas 19 días de diferencia en 1966. Berry cumplió 60 años el pasado 14 de agosto y Hayek llegará a esa misma edad el próximo 2 de septiembre. Las encuentra una cifra redonda, pero sobre todo un momento particular de sus carreras: siguen siendo estrellas internacionales, trabajan, producen y reivindican una madurez que ya no quieren esconder.
Sus historias, además, tienen varios puntos de contacto. Las dos irrumpieron con fuerza en el Hollywood de los años 90. Las dos fueron convertidas rápidamente en símbolos sexuales. Las dos debieron atravesar barreras que excedían al talento: Berry como mujer negra dentro de una industria con una larga historia de discriminación racial; Hayek como mexicana intentando abrirse paso cuando los papeles disponibles para los intérpretes latinos todavía estaban fuertemente atravesados por los estereotipos.
Y las dos terminaron conquistando lugares que parecían reservados para otras.
DOS MUJERES QUE ROMPIERON EL MOLDE
Halle Berry llegó al cine después de haber pasado por los concursos de belleza y el modelaje. Durante los años 90 construyó una carrera que terminaría llevándola hasta el máximo reconocimiento de Hollywood.
A los 60, Berry y Hayek desafían la vieja idea de que Hollywood les pone fecha de vencimiento
En 2002 ganó el Oscar a Mejor Actriz por “Monster’s Ball” y se convirtió en la primera mujer negra en obtener la estatuilla en esa categoría. El premio representó uno de los grandes momentos de su carrera, aunque el camino posterior demostraría que incluso semejante reconocimiento no garantizaba escapar de los prejuicios de la industria.
Berry pasó por grandes producciones y universos cinematográficos muy diferentes. Fue Storm en la saga “X-Men”, una chica Bond en “Die Another Day”, protagonizó “Catwoman” y muchos años después volvió al cine de acción con “John Wick: Chapter 3 – Parabellum”. También decidió colocarse detrás de cámara: debutó como directora con Bruised, película que además produjo y protagonizó.
Hayek recorrió un camino distinto para llegar a un lugar igualmente excepcional.
Había alcanzado la popularidad en México gracias a la televisión cuando decidió instalarse en Los Ángeles y comenzar prácticamente de nuevo. Su inglés todavía era limitado y Hollywood reservaba para las actrices latinas un abanico particularmente estrecho de personajes.
“Desperado”, junto a Antonio Banderas, cambió su historia. Después llegaron “From Dusk Till Dawn”, “Fools Rush In” y “Wild Wild West”. Hollywood había descubierto una nueva estrella y, al mismo tiempo, parecía decidido a convertirla principalmente en un objeto de deseo.
Pero Hayek quiso algo más. Fundó su productora Ventanarosa y durante años peleó para llevar al cine la vida de Frida Kahlo. “Frida” finalmente llegó a las salas en 2002 y consiguió seis nominaciones al Oscar. Hayek compitió como Mejor Actriz y se convirtió en la primera mexicana nominada en esa categoría.
No deja de resultar significativo que Berry y Hayek alcanzaran sus grandes hitos en los Oscar prácticamente al mismo tiempo. Dos mujeres que no respondían al molde tradicional de Hollywood estaban demostrando hasta dónde podían llegar.
CUANDO CUMPLIR AÑOS DEJA DE SER UN PROBLEMA
Más de dos décadas después, vuelven a encontrarse simbólicamente frente a otra barrera. Esta vez no tiene que ver exclusivamente con el origen o el color de piel. Tiene que ver con la edad.
Las dos pertenecen a una generación de actrices que está cuestionando la idea de que la juventud debe prolongarse artificialmente para conservar un lugar dentro del espectáculo. Y lo hacen desde una posición interesante: no reniegan de la belleza ni de la sensualidad, pero tampoco quieren que esas características sean medidas exclusivamente con el parámetro de los 20 o los 30 años.
Hayek lo explicó con particular claridad al hablar de su propia transformación. Durante una etapa de su carrera, reconoció, fue identificada como “la chica sexy”. Con los años descubrió que la edad también le permitía ingresar en otros territorios interpretativos. Lo interesante es que una cosa no necesariamente debía reemplazar a la otra: podía madurar y continuar sintiéndose sensual.
Su reflexión va incluso más allá de Hollywood. ¿Para qué invertir toda la energía en parecer joven si el costo es vivir angustiada por conseguirlo? Su apuesta pasa, en cambio, por sentirse joven.
Berry llegó a una conclusión parecida por otro camino.
Al acercarse a los 60 comenzó a hablar cada vez más públicamente sobre menopausia, sexualidad y salud femenina. Y convirtió esa conversación en parte de lo que considera el “segundo acto” de su vida.
Tres décadas después de triunfar, llegan a la madurez con más poder para decidir sobre sus carreras
Hay algo especialmente potente en esa decisión. Una actriz que durante décadas fue observada por Hollywood a través del lente de la belleza utiliza ahora esa visibilidad para hablar de aquello que tradicionalmente debía permanecer escondido: los cambios del cuerpo, la menopausia, el deseo después de los 50 y la sensación de que una mujer puede comenzar a ser socialmente ignorada cuando deja atrás determinada edad.
Berry decidió que no piensa aceptar esa invisibilidad.
LA SENSUALIDAD DESPUÉS DE LOS 50
También las redes sociales modificaron las reglas. Hayek publica fotografías en bikini sin demasiado interés por ocultar el paso del tiempo. Berry hace algo parecido. Las imágenes inevitablemente generan titulares sobre lo “increíbles” o “jóvenes” que lucen para su edad.
Celebrar que una mujer de 60 años parece tener 40 puede presentarse como un elogio y, sin embargo, continuar transmitiendo la idea de que envejecer es algo que debe evitarse. El aspecto más interesante de Berry y Hayek no está necesariamente en cuánto aparentan, sino en que ambas reivindican la posibilidad de seguir siendo deseadas, visibles y protagonistas teniendo la edad que tienen.
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