TEMAS DE HOY:
PUBLICIDAD

Hartas: la rebelión de las famosas contra el tribunal de las redes

De Georgina Rodríguez a Wanda Nara, de Moria Casán a Madonna, las celebridades se cansaron de que su físico sea tema de debate público. El escrutinio no es nuevo, pero las redes lo convirtieron en un deporte de tiempo completo: la misma vidriera que las hace millonarias es la que las deja a la intemperie
Georgina Rodríguez fue atacada y reaccionó: “¿Quién decide el cuerpo ‘correcto’?”
Chiara Ferragni se sumó a las voces famosas contra los haters de las redes sociales
Una foto de Wanda Nara circuló en las redes y generó todo tipo de comentarios. La botirreina volvió a salir al cruce y afirmó una consigna que gana tracción: “amo mi cuerpo”

Por Redacción

Georgina Rodríguez se subió a un barco en Mallorca y bajó convertida en carne de picadillo. Las fotos de sus vacaciones con Cristiano Ronaldo circularon durante días con la lupa puesta en sus piernas y sus curvas. La modelo hispanoargentina, que acumula más de 76 millones de seguidores en Instagram y vive de esa vidriera, decidió no hacerse la distraída.

“Estos días he visto todo tipo de comentarios sobre unas fotos mías en un barco”, arrancó. Contó que el asunto la sacudió y que se lo dijo a Ronaldo: le preocupaba que la trataran de gorda porque trabaja con su imagen. La respuesta del portugués —”Tú no vives de tu imagen, tú vives de lo que eres”— se viralizó tanto como el ataque original. Pero lo más filoso estaba en las preguntas que dejó picando: “¿Dónde está el estándar? ¿Quién decide cuál es el cuerpo ‘correcto’?”. Y remató recordando que es madre de tres nenas y que lo único que quiere enseñarles es que el valor de una persona nunca depende de un físico ni de la opinión de desconocidos. Entre las cientos de miles de reacciones apareció un detalle que la prensa deportiva no dejó pasar: el “me gusta” de Antonela Roccuzzo, que sepultó de un plumazo el mito de la rivalidad heredada.

Días antes había pasado lo mismo del otro lado del Mediterráneo. Un medio turco difundió imágenes de Wanda Nara en Portofino y las redes hicieron el resto: el pasatiempo fue comparar esas fotos con las que ella sube a su Instagram y decretar que “no parece la misma”. La conductora contestó a los tiros por X: dijo que se trataba de material manipulado por “trolls pagos” y cerró con tres palabras que funcionan como consigna de época: “Amo mi cuerpo”. No es la primera vez que le arman el mismo circo, y no es casual que cada vez responda con más filo.

Un día después de Georgina se sumó Chiara Ferragni. La empresaria italiana venía leyendo mensajes que le avisaban que estaba engordando y que aparentaba más edad, y eligió contestar con una confesión incómoda para toda la industria: sus épocas de mayor delgadez, esas que le valían elogios, coincidieron con los peores momentos de su vida. “Estoy muy segura de quién soy y trabajé muchísimo para sentirme así”, dijo, antes de admitir que llegar hasta ahí le llevó años.

El detalle no es menor, porque el debate volvió justo cuando la moda decidió reciclar el “heroin chic” noventoso: las pasarelas y las campañas de lujo reinstalaron la delgadez extrema como signo de estatus, y la conversación se llenó otra vez de comentarios que confunden salud con talle. La modelo británica Charli Howard —despedida en 2015 por negarse a adelgazar— salió a marcar la cancha en medio de la preocupación de los fans por el aspecto de Ariana Grande: “Lo que están viendo no es normal”, escribió, y advirtió sobre el efecto de esas imágenes en las adolescentes.

Acá el asunto tiene su propia genealogía y sus propias heroínas. Moria Casán fue fotografiada en la Playa Bristol y una seguidora se creyó con derecho a ordenarle que se tapara “como una señora mayor”. La One contestó con su lengua karateka —”Me amo, tapate vos”— y redobló la apuesta posando para una producción en la que pidió expresamente que no la retocaran. Karina La Princesita contó que el hate por su cuerpo la empujó a lugares de mucha angustia y que necesitó asistencia profesional. Silvina Luna, cuando ya arrastraba las consecuencias de una mala praxis estética, respondió a los comentarios sobre su cara con un video sin filtros: lo único que le había pasado, dijo, era la vida. Y avisó lo esencial: ella estaba curtida, pero un mensaje así puede destruir a una chica de quince. Isabel Macedo, en el colmo del delirio, tuvo que salir a bancar el aspecto físico de su beba de siete meses.

EN HOLLYWOOD TAMBIÉN

Hollywood tiene el mismo prontuario, con décadas de anticipación. Jennifer Aniston escribió en 2016 una carta contra los medios que reducen a las actrices a cuerpos y úteros, y un año después lo dijo sin diplomacia: a quién carajo le importa cómo seas. Renée Zellweger escuchó en un tren a un pasajero destrozarla por su cara sin reconocerla, y se le paró al lado. Meg Ryan, tras el revuelo por su “irreconocible nueva imagen”, resumió el asunto con elegancia: la mezquindad es estúpida y hay cosas más interesantes en las que pensar. Emma Thompson recordó que un periodista comparó sus piernas con troncos de árbol cuando tenía 31 años, y disparó el dato que explica la trampa entera: nadie sabe lo delgadas que son en la vida real la mayoría de las actrices. Lizzo enumeró los mensajes que recibe cuando adelgaza y cuando no —siempre está mal— y avisó que los artistas no están para encajar en el canon de nadie.

Madonna llevó el tema a su terreno favorito, el de la incorrección: cuando la destrozaron por su rostro en los Grammy, contestó que la crítica mezcla edadismo y misoginia, que el mundo se niega a celebrar a las mujeres que pasaron los 45 y necesita castigarlas si siguen siendo fuertes y aventureras. Y se declaró feliz de hacer de punta de lanza para las que vengan.

Ahí está el nudo. Las redes les dieron a estas mujeres un poder inédito: prescinden de la prensa, arman su propia marca, facturan cifras que ninguna revista de los noventa hubiera podido pagarles. Georgina y Ferragni construyeron imperios sobre esa base. Pero el mismo dispositivo que las hizo millonarias las expone a un jurado permanente, sin horario ni domicilio. El caso de Karol G lo dejó al desnudo: cuando GQ le adelgazó digitalmente la cara y la cintura sin consultarla, la colombiana publicó una selfie al natural y la revista tuvo que bajar las imágenes. El mandato es imposible por diseño: si te retocás, sos una mentirosa; si no lo hacés, sos un cuerpo que decepciona.

Que tantas celebridades salgan a decir basta al mismo tiempo no significa que la discusión esté ganada: significa apenas que el precio de la exposición se volvió demasiado caro incluso para las que cobran por exponerse. Y si a ellas —con equipos, abogados, iluminación y millones de fans— les cuesta este esfuerzo, vale la pena preguntarse qué le pasa a cualquiera que abre Instagram un domingo a la tarde.

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Registrate gratis para seguir leyendo

Ya leíste varias notas de El Día. Creá tu cuenta gratuita y seguí accediendo al contenido del diario.

¿Ya tenés cuenta? Ingresar

Has alcanzado el límite de notas gratuitas

Suscribite a uno de nuestros planes digitales y seguí disfrutando todo el contenido de El Día sin restricciones.

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme

ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES

Para disfrutar este artículo, análisis y más, por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales

¿Ya tiene suscripción? Ingresar

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme
PUBLICIDAD