Dieciséis noches después, Céline Dion bajó el telón de su regreso. Este fin de semana, en el Plenitude Arena de La Défense, en las afueras de París, la cantante canadiense despidió la serie de conciertos con la que volvió a escena tras seis años de ausencia, con una frase que resumió todo el ciclo: había cumplido un sueño. El adiós, de todos modos, fue provisorio: en mayo regresará al mismo estadio para otras diez funciones.
El show arrancó cincuenta minutos tarde, después de una jornada convulsionada por las protestas en la ciudad. Ya en escena, Dion se permitió el humor frente a unas 35.000 personas: dijo que el comienzo de la residencia le parecía cosa de ayer y bromeó con que ya estaba harta de su público.
La lista de temas repitió la de las noches anteriores, con apertura de “On ne change pas”, “Destin” y “Because You Loved Me”. A los 58 años, cantó “I’m Alive” como una pulseada ganada a la enfermedad y pasó por “My Heart Will Go On”, “Love Can Move Mountains”, “The Prayer” y su guiño a Maria Callas con “Ebben? Ne andrò lontana”. Después de los temas más exigentes, como “The Power of Love”, festejaba con los puños en alto.
En uno de los pasajes más íntimos, contó que aprendió a convivir con su fragilidad física hasta convertirla en el motor que la sostiene arriba del escenario, e invitó a repartir la energía de la sala entre quienes atraviesan pérdidas y quienes desbordan felicidad. El cierre, después de más de dos horas, llegó con “All by Myself”, “Pour que tu m’aimes encore” y “Bonjour, Pardon, Merci”, editada en junio, que terminó de rodillas.
Más de medio millón de espectadores pasaron por el estadio desde el 12 de septiembre, entre ellos Michelle Obama, Rihanna, Zinedine Zidane, Julia Roberts, Zendaya y Emmanuel Macron. Unos nueve millones de personas se anotaron para la venta inicial, con entradas de entre 89,50 y 298,50 euros, lo que obligó a sumar seis fechas y luego la tanda de mayo. La prensa francesa estima que la residencia dejó en París unos 700 millones de euros.
Nada de eso estaba garantizado. El síndrome de la persona rígida, un trastorno neurológico raro que provoca espasmos, la obligó durante cuatro años a reentrenar sus músculos, incluso para caminar, y también su voz. Salvo un resbalón el 7 de octubre y algún olvido de letra, el regreso fue impecable.
SUSCRIBITE a esta promo especial