Todos recuerdan a Heidi como esa chica animada de los 70, la de “Abuelito, dime tú”. Pero Heidi ha tenido numerosas encarnaciones en la pantalla, y, de hecho, este jueves se estrena en los cines locales otra: “Heidi: el rescate del lince”, una coproducción animada entre Alemania, España y Bélgica dirigida por Tobias Schwarz y Aizea Roca Berridi.
No es otra versión de la historia de siempre. Heidi vive con su abuelo y Clara la invita a pasar el verano en el mar Báltico, pero todo cambia cuando encuentra un cachorro de lince herido y, junto a Pedro, decide cuidarlo a escondidas. Mientras tanto, un empresario llamado Schnaittinger quiere levantar un aserradero en la montaña y pone trampas para linces. Los productores aclararon que no buscaban volver a contar el relato conocido, sino una aventura nueva que respetara los valores del personaje. Hay también un guiño para los nostálgicos: los animadores estudiaron la serie original al punto de copiar la forma en que Heidi agarra la cuchara.
Toda esta historia empezó en papel, hace 150 años. La suiza Johanna Spyri publicó las dos novelas que dieron vida al personaje en 1880 y 1881: la huérfana que la tía Dete deja con un abuelo huraño en los Alpes, su amistad con Pedro, el cabrero, y el exilio en Fráncfort junto a Clara Sesemann, bajo la mirada severa de la señorita Rottenmeier. Desde entonces se vendieron 50 millones de ejemplares en 50 idiomas. Hollywood la adoptó temprano, en la versión protagonizada por Shirley Temple en 1937.
Pero la Heidi que tenemos en la cabeza nació en Japón. La serie se estrenó el 6 de enero de 1974 y tuvo 52 episodios producidos por Zuiyo Eizo. Detrás estaba un equipo de lujo: la dirigió Isao Takahata con la colaboración de Hayao Miyazaki, que años más tarde fundarían Studio Ghibli, y los personajes los diseñó Yoichi Kotabe, a quien después Nintendo reclutaría para rediseñar a los personajes de Mario. La obsesión por el detalle fue total: Takahata, Miyazaki y Kotabe viajaron a Suiza y a Alemania para documentarse, y en Maienfeld irrumpieron en la granja de una desconcertada familia local para fotografiar su mesa de cocina y sus vacas. Ese realismo costumbrista —el pan, el queso derretido, el columpio sobre el abismo— fue la clave.
En audiencia compitió cabeza a cabeza con “Space Cruiser Yamato”, aunque la productora pagó caro el esfuerzo: se endeudó tanto que tuvo que reestructurarse a mediados de los 70, de donde surgió Nippon Animation. Hubo licencias respecto del libro: en el anime Rottenmeier acompaña a Clara a Suiza, algo que en la novela no ocurre. En el mundo hispano, con “Abuelito, dime tú” como himno, se volvió un clásico absoluto.
El personaje siguió mutando. En 2015 llegó una serie en 3D, que en 39 episodios presentó a una Heidi más fuerte y con final feliz en cada capítulo, y una película de carne y hueso de Alain Gsponer, con Bruno Ganz como el abuelo, que se estrenó en la Argentina en agosto de 2016. Hasta hubo lugar para la parodia sangrienta de “Mad Heidi”. Y en Maienfeld hay un museo al aire libre al que llegan japoneses en algo parecido a peregrinaciones. Casi 150 años después, la pequeña Heidi sigue subiendo la montaña. Y nosotros detrás.
SUSCRIBITE a esta promo especial