Durante dos décadas fueron los héroes de la época: emprendedores que levantaban desde cero compañías valuadas en miles de millones y prometían cambiar el mundo. Ahora Hollywood los eligió como sus villanos favoritos. “El poder de la red” (ver aparte) es apenas una de las cuatro películas del último trimestre del año sobre figuras de Silicon Valley.
Se viene “Musk”, el documental de Alex Gibney estrenado en Venecia. A lo largo de cuatro horas recorre la vida del hombre más rico del mundo, desde sus comienzos como emprendedor tecnológico hasta su alianza con Donald Trump. No es un dato menor: Silicon Valley tenía fama de enclave de emprendedores progresistas, y varias de sus caras más conocidas se pasaron al bando republicano. “You Can See Everything”, de Nathan Fielder y Lance Oppenheim, se mete en la intimidad de Elizabeth Holmes, la fundadora de Theranos condenada por fraude, que antes de ir a prisión aceptó contar su versión. Y en diciembre llega “Artificial”, de Luca Guadagnino, con Andrew Garfield como Sam Altman, el jefe de OpenAI.
El fenómeno mezcla fascinación y búsqueda de culpables. “La adulación a cada fundador de startup que aparece en escena está, en cierto modo, llegando a su fin”, dijo a AFP la crítica Monica Castillo. Para J. M. Tyree, editor de Film Quarterly, estas películas reflejan la preocupación por la concentración del poder en pocas manos. A diferencia de los viejos titanes que fundaban bibliotecas y museos, los nuevos magnates parecen desinteresados de la esfera pública, y sus productos tampoco parecen muy buenos para la sociedad. El atractivo, dice Tyree, está en ver al emprendedor, y no al producto, chocar con la vida real. Y queda el deseo de que rindan cuentas: para Castillo, el cine es la única herramienta que tienen los realizadores para hacerles frente.
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