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“Hospital Británico”: esquirlas de este viaje

Gloria Peirano y Gustavo Fontán dirigen una película que parte del último libro de Héctor Viel Temperley. Se puede ver en el Pasaje
“Hospital Británico” usó una cámara estenopeica para capturar sus imágenes
Gustavo Fontán, director junto a Gloria Peirano de “Hospital Británico”
El equipo de “Hospital Británico”, durante el rodaje

pgaray@eldia.com

Es 1986: Héctor Viel Temperley, operado de un tumor en la cabeza, escribe la que sería su última obra, “Hospital Británico”. Una congregación febril de retazos, de frases, de imaginaciones, de textos viejos. De esquirlas. “Salí volando con la cabeza abierta”, le dijo a Sergio Bizzio en la única entrevista que se conoce. Allí, convaleciente, imaginó una postal, con una leyenda: “Christus Pantokrator, siglo XIII”. “La postal viene de marineros, de pugilistas viejos en ese bar estrecho que parece un submarino—de maderas y latas—hundiéndose en el sol de la ribera. La postal viene de un Christus Pantokrator que cuando bajo las persianas, apago la luz y cierro los ojos, me pide que filme Su Silencio dentro de una botella varada en un banco infinito”. Viel murió un año más tarde, en 1987.

Cuarenta años más tarde, Gustavo Fontán y Gloria Peirano se embarcaron en una empresa similar. Filmar Viel, filmar su silencio, filmar ese viaje que quedó plasmado en su libro final, ese viaje hacia la resurrección atravesando la muerte, “un viaje sin angustia”, como apunta Peirano: la película de Fontán y Peirano se llama también “Hospital Británico”, y se podrá ver hasta el domingo en el Pasaje Dardo Rocha.

La historia de la película es también un poco la historia de Peirano y Fontán, artistas (ella escritora y ahora “una turista accidental del cine”, él cineasta, ambos docentes) y pareja. Ella cuenta que aunque Viel Temperley, poeta de culto, circulaba en fotocopias como un secreto, recién lo leyó a partir de la edición de su obra reunida, en 2003. En ese momento, “fue un libro que me abrió la percepción sobre el lenguaje, uno de esos libros que me transformó”. Conoció a Fontán, que había filmado obras sobre los poetas Jorge Calvetti (“El paisaje invisible”) y Juan L. Ortiz (“La orilla que se abisma”), y enseguida le preguntó si había leído a Viel Temperley. Fontán leyó. Fue un golpe: “Uno lee a Viel y no entiende bien qué está leyendo, pero entiende que el impacto que le provoca es inmenso, como una especie de dimensión infinita del impacto, sin poder entender del todo qué es lo que te pasa: eso es lo maravilloso, es un libro que te sigue hablando”, cuenta Fontán. “No se sale indemne de leer a Viel”.

Del libro a la pantalla

Todavía conservan ese libro. Y durante años se dijeron: “Hay que hacer algo con Viel”. Pero, ¿qué hacer con esas esquirlas inclasificables, con esa poesía fragmentaria, en las orillas del misticismo, la obra “de un trepanado”, como confesó el propio Viel? Años de conversaciones llevaron a una conclusión: una película que parta de Viel debía ser una película que, como él, recogiera esquirlas. “Como si hubiera ahí una especie de principio poético”, explica Peirano, “construimos la película a partir de esa idea: la película es un viaje hacia la resurrección, pasando por la muerte, y ahí planteamos tres constelaciones de esquirlas: los fragmentos del poema; los peregrinos, los tocados, los poetas a los que les preguntamos qué les hizo Viel, una manera de manifestar la huella del libro (testimonian Julián López, Teresa Arijón, Alicia Genovese, María Mascheroni, Mercedes Araujo, Andi Nachon); y el viaje en sí mismo hasta el monasterio de Los Toldos”.

“Uno lee a Viel y no entiende bien qué está leyendo, pero entiende que el impacto que le provoca es inmenso, infinito”

Gustavo Fontán, director junto a Gloria Peirano de “Hospital Británico”

“El poema abre una infinidad de campos visuales y sonoros, cuya densidad simbólica nos propuso un gran desafío y nos llevó a una indagación a través de procedimientos audiovisuales que nos permitieran dar cuenta del espíritu tan especial del poema y, al mismo tiempo, construir una obra otra, una película que no ilustre ni reduzca en ningún momento la intensidad del lenguaje literario propio de Viel Temperley”, explican los directores, que por eso trabajan con imágenes estenopeicas (técnica analógica que permite capturar imágenes sin utilizar lentes ni objetivos, empleando en su lugar una cámara oscura muy sencilla con un orificio diminuto), cuya condición, afirman, evita la transparencia: contornos difusos, luces que esparcen los colores, cierta tensión hacia la abstracción. “Pasadizos de la memoria y el ensueño, modos de transitar una agonía, el modo de dar cuenta del impacto del poema sobre nuestra sensibilidad”.

Hay una cuarta constelación de esquirlas: textos de Peirano sobre el impacto ya no de Viel sino de la lectura. Casi una elegía, en tiempos de crisis de lectura, de crisis de la experiencia, de crisis de todo. Incluso, del cine, del tiempo que requiere el cine. “Si uno piensa un cine ligado a la experiencia poética, esa experiencia reclama otro tiempo, un tiempo por fuera de la urgencia, un tiempo que de algún modo aloje lo que no sabemos, la incertidumbre”, acota Fontán. Ese tiempo no abunda en el vértigo moderno, y a la vez es más necesario que nunca: la película es para los directores “un espacio para respirar”, en un momento donde “es fundamental estar en pequeñas comunidades que resguarden algo de lo sensible, algo de lo humano”.

“Mucha gente nos decía que no leía poesía, pero la película los emocionó. Ahí aparece el origen de la poesía: la poesía es de todos”, dice Peirano. Y cuenta Fontán: “Hicimos una función para el equipo, y en esa función estuvieron dos hijos de Viel. Se emocionaron mucho. Facundo, su hijo menor, contó que uno de los recuerdos que tenía es que iban caminando por la calle y el padre le señalaba cosas para mirar. Y nos dijo que a su padre solo le importaba una cosa: que la poesía le hiciera bien a la gente”.

“Hospital Británico”, de Gloria Peirano y Gustavo Fontán. Este viernes y sábado a las 18.30 (el sábado estarán los directores); el domingo, a las 18, en el Cine Select del Pasaje Dardo Rocha, 50 entre 6 y 7.

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