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La delgada línea entre ficción y realidad Nathan Fielder y el fin de la inocencia para el documental

“You Can See Everything”, la película sobre Elizabeth Holmes que el realizador dirigió junto a Lance Oppenheim, es el fenómeno del año. También es la prueba de que ya no se puede filmar la realidad como antes

Nathan Fielder contra Elizabeth Holmes: duelo de simulacros en “You can see everything”

pgaray@eldia.com

Durante décadas, el documental hizo una promesa simple: poner una cámara frente al mundo y dejar que el mundo hable. Esa promesa ya no se sostiene. Vivimos en una época en la que todos sabemos actuar frente a una cámara. El influencer ensaya su espontaneidad, el futbolista conoce de memoria la frase para el micrófono del campo de juego, el político piensa en formato de video vertical. Todos editamos la vida antes de mostrarla. En ese mundo, la vieja frontera entre realidad y ficción no puede quedar intacta. Y si hay alguien que entendió esto antes y mejor que nadie, ese es Nathan Fielder.

Por eso no es casual que la película que sorprende en la taquilla sea suya. No es de superhéroes ni una secuela. Se llama “You Can See Everything”, dura casi tres horas, es un documental y su protagonista es Elizabeth Holmes, la fundadora de Theranos condenada por fraude. En su primer fin de semana en Estados Unidos recaudó 15 millones de dólares en apenas 855 salas, el mejor estreno de un documental desde “Fahrenheit 9/11”. “Street Fighter”, en más de 3.500 salas, se quedó con el primer puesto, pero “You Can See Everything” duplicó su promedio por sala. En el segundo fin de semana, A24 la amplió a 2.655 salas y sumó otros 19,5 millones, y solo quedó detrás de “Clayface”, el nuevo estreno de DC. Con 45,1 millones en dos semanas, una película en la que el estudio invirtió unos 7 millones ya figura entre los documentales más taquilleros de la historia. Y en la temporada de premios se habla de algo inédito: que sea el primer documental nominado al Oscar a mejor película.

La premisa parece sencilla. En 2023, semanas antes de entrar a prisión para cumplir una condena de más de once años, Holmes y su pareja, Billy Evans, invitaron a Fielder y a Lance Oppenheim a instalarse en su casa de California y filmar durante 34 días la vida familiar con sus dos hijos. Lo llamaron “transparencia radical”. Querían que los directores vieran todo de cerca, escucharan su versión y entendieran que la Holmes pública no era la historia completa. El título sale de esa promesa: pueden ver todo.

El fenómeno arrancó con un teaser de un minuto. Holmes y Fielder están sentados frente a frente, con las caras incómodamente cerca. Ella le asegura que no tiene nada que ocultar, él le pregunta si está siendo real y ella contesta que siempre lo es. Las redes estallaron. El propio Fielder admitió en el Festival de Telluride, donde se estrenó por sorpresa, que todavía no sabe bien qué filmó y que espera que el público lo ayude a entenderlo. Es una confesión rara para un director, pero coherente con lo que viene.

Porque nada es sencillo acá. “You Can See Everything” es un artefacto extraño, un documental que sabe que es un documental (es decir, una ficción hecha en base a lo real) y no lo disimula. Desde el principio queda claro qué busca cada uno. Holmes quiere limpiar su imagen. Evans negocia, pide una parte de las ganancias, licencia la imagen de su mujer para un chatbot de inteligencia artificial y carteles en la vía pública, y llega a cortar la entrevista con un ingeniero que sugiere que Holmes mintió sobre la tecnología de Theranos. Fielder quiere su película. Ese costado transaccional, que el cine de observación suele esconder debajo de la alfombra, acá está en primer plano. Y cuando Holmes entra al penal, a mitad del metraje, la película se pliega sobre sí misma: vuelve sobre lo filmado, lo reconstruye con actores, lo pone en duda. Mejor no contar más.

COMPAÑEROS DE AVENTURAS

Pero esta no es solo una película de Fielder, y conviene detenerse en su compañero. Lance Oppenheim hace documentales como nadie. Técnicamente lo son: la gente es real, las relaciones son reales, lo que se dice es real. Pero el control y la estilización son tales que uno olvida enseguida que está viendo cine de no ficción. Su obra está hecha de documentales que parecen ficción y de ficciones que desconocen a la realidad. El purismo pide que el documentalista sea poco más que “una cámara de seguridad muy cara”. Oppenheim responde lo contrario. Si igual vamos a moldear la realidad, y siempre lo hacemos, hagámoslo a conciencia, con todas las herramientas del cine.

A su lado está Fielder. Canadiense, 43 años, graduado en Comercio, se hizo conocido con “Nathan for You”, donde interpretaba una versión torpe de sí mismo que asesoraba a pequeños comerciantes con ideas delirantes. Después vino “The Rehearsal”, en HBO, donde construía réplicas a escala real de bares y casas para que personas comunes ensayaran con actores los momentos difíciles de su vida. En la segunda temporada llegó a sacar la licencia de piloto para comandar un Boeing 737. Su obra entera es eso: simulacros que terminan produciendo emociones verdaderas. Si Oppenheim estiliza lo real, Fielder lo interviene. Juntos se sentaron frente a una mujer que sabe mejor que nadie que un documental puede cambiar la forma en que el público la ve.

Y acá está la jugada maestra. Lo que Holmes les ofreció es un pacto conocido: el de la biopic autorizada, ese género que hoy inunda las plataformas. El documental de Netflix sobre David Beckham se produjo en asociación con Studio 99, la productora que el propio Beckham cofundó, y él figura como productor ejecutivo. En “The Last Dance”, la serie sobre Michael Jordan y los Bulls, una de las productoras ejecutivas es Estee Portnoy, su mánager de negocios durante más de dos décadas. Cuando el protagonista controla la producción, el documental se parece demasiado a un comunicado de prensa con buena fotografía.

En ese paisaje, fingir cinéma vérité es una trampa. No se puede poner la cámara en un rincón y hacer de cuenta que el retratado no está actuando, cuando su equipo eligió el rincón. Hay que hacerse cargo. Y eso hace Fielder: acepta el acceso, pero no la versión. Toma la invitación de Holmes y la da vuelta como un guante. El intento de ella y de Evans de moldear la película no se esconde ni se corta: se vuelve el centro de la película. La fachada pasa a ser el tema.

CINE, VERDAD Y FALSEDAD

Fielder y Oppenheim no inventaron todo esto. Su película dialoga con una tradición que desconfía del registro. En “Close-Up”, de Abbas Kiarostami, un hombre que se hizo pasar por un director famoso se interpreta a sí mismo en la reconstrucción de su propio caso. “F de falso”, de Orson Welles, es un ensayo juguetón sobre falsificadores que termina burlándose del espectador. En “The Act of Killing”, de Joshua Oppenheimer, los verdugos de una masacre en Indonesia recrean sus crímenes como escenas de película. La reconstrucción no sirve para engañar, sino para señalar el engaño. Para borronear un poco más esa delgada línea entre ficción y realidad en estos tiempos que habitamos.

Y Holmes es el sujeto perfecto para esa pregunta. Theranos vendió un análisis de sangre que no existía, una promesa sin respaldo que movió miles de millones como si fuera real. Ella misma es una imagen hecha de imágenes: el suéter negro, la voz grave, las tapas de revista, la serie “The Dropout”, y hasta un chatbot con su cara. Fielder, el gran especialista en simulacros, se sienta frente a la gran simuladora de Silicon Valley. Por primera vez, el otro juega su mismo juego.

PARA SEGUIR VIENDO A NATHAN FIELDER Y LANCE OPPENHEIM

“Nathan For You”. Disponible en Paramount+

“The Rehearsal”. Disponible en HBO Max

“Ren Faire”. Disponible en HBO Max

“The Curse”. Disponible en Mubi desde el 19 de noviembre

“You Can See Everything” no tiene fecha de estreno confirmada en Argentina

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