Los Obama querían hacer algo especial para el 250° aniversario de la fundación de los Estados Unidos. Algo que honrara la historia del país, que celebrara sus logros, que recordara sus momentos fundacionales. Ese era el plan de Barack y Michelle Obama cuando pusieron en marcha su productora Higher Ground para el proyecto. Pero entonces llamó Larry David, y todo cambió.
El resultado es “Larry y la búsqueda de la infelicidad” (un chiste en torno a la Constitución estadounidense que establece la búsqueda de la felicidad como un derecho), una nueva serie de sketches creada por Larry David y Jeff Schaffer que estrena este viernes por HBO Max. La propuesta toma un enfoque cómico e improvisado sobre los grandes momentos de la historia americana en conmemoración del 250° aniversario de la fundación del país. Son siete episodios, cada uno con aproximadamente cuatro sketches históricos distintos. Y, como no podía ser de otra manera tratándose de David, el diálogo no está escrito: cada sketch tiene una estructura, pero la mayor parte de lo que se dice es improvisado, exactamente igual que en “Curb Your Enthusiasm”. Schaffer la describió sin vueltas: ”’Curb’ con disfraces”.
El elenco que se fue sumando es notable: Bill Hader y Kathryn Hahn interpretan a Abraham y Mary Todd Lincoln; Jon Hamm y Sean Hayes son los hermanos Wright; y el propio David comparte escena con Jerry Seinfeld en el papel de Lewis y Clark. También aparecen Jane Krakowski, Isla Fisher, Vince Vaughn y Joe Manganiello. Y, como si fuera poco, Barack Obama tiene su propio sketch junto a David.
¿LARRY QUIÉN?
Ahora bien: ¿quién es este hombre capaz de torcer los planes de un expresidente y convocar a semejante constelación de nombres?
Larry David nació en Brooklyn en 1947, en el seno de una familia judía de clase media. Hizo sus primeras armas en los clubes de stand up de Nueva York durante los años ‘80, donde desarrolló una voz que ya entonces resultaba difícil de encuadrar: demasiado incómoda para el mainstream, demasiado inteligente para ser ignorada. Esa voz encontró su primer gran escaparate cuando en 1989 comenzó a trabajar como guionista y productor de “Seinfeld”, la sitcom que redefinió la comedia televisiva norteamericana. Junto a Jerry Seinfeld construyó una serie sobre la nada —literalmente, sobre personas que no aprenden nada, no crecen, no se redimen— y esa nada resultó ser una de las comedias más influyentes de la historia de la televisión. Lo que David aportó a “Seinfeld” fue algo específico: una mirada sobre las pequeñas incomodidades sociales, sobre las convenciones no escritas que la gente sigue sin saber exactamente por qué, y sobre qué pasa cuando alguien se niega a seguirlas.
Esa sensibilidad tiene raíces claras. El humor de David bebe de una larga tradición de comedia judía neoyorquina —la del malentendido, la queja, el absurdo cotidiano elevado a tragedia— pero la lleva a un terreno propio, más árido y más feroz. No hay ternura en su mirada. No hay redención. Hay, en cambio, una especie de honestidad brutal sobre la hipocresía de las relaciones humanas.
Terminado “Seinfeld”, David podría haberse retirado en paz. Tenía dinero, tenía reconocimiento y, sobre todo, decía que no quería hacer más nada. En cambio, en el año 2000 creó “Curb Your Enthusiasm”, que en la práctica era una versión ficticia y magnificada de sí mismo: un Larry David millonario, creador de “Seinfeld”, casado y sin nada que hacer, que sin embargo encontraba conflicto en cada interacción cotidiana. La serie duró doce temporadas a lo largo de más de dos décadas, con pausas extensas entre una y otra que siempre hacían pensar que era el final. Nunca lo fue. La última temporada llegó en 2024 y fue también la que cerró definitivamente el ciclo, con un desenlace que resumía perfectamente la filosofía de David: nadie aprende nada, nadie mejora, y eso, curiosamente, es lo más humano de todo.
Lo paradójico es que “Curb” era, en buena medida, una serie sobre un hombre que no quería hacer nada y que el mundo le impedía descansar. Un meta-chiste sobre la propia existencia de Larry David como figura pública. Y sin embargo ahí está de nuevo, a los 78 años, con una nueva serie, nuevos sketches, nuevas incomodidades históricas.
LA NUEVA APUESTA
“Larry y la búsqueda de la infelicidad” es su primer proyecto desde el final de “Curb”, y lo reúne con Jeff Schaffer, su colaborador de toda la vida. Pero lo más llamativo no es el show en sí sino lo que dice de su lugar en la industria que una figura como Barack Obama no solo haya querido trabajar con él sino que haya aceptado las condiciones del juego. En el video promocional, el expresidente declara que enfrentó a los líderes más difíciles del mundo y lidió con los problemas más complejos del planeta, pero que nada lo preparó para trabajar con Larry David. Es el chiste perfecto, y funciona porque es verdad en dos sentidos: como elogio y como advertencia.
Que estrellas del calibre de Hamm, Hader, Hahn o Seinfeld hayan aceptado sumarse —a improvisar, a dejarse llevar por la lógica davidiana del malentendido y la escalada— dice algo sobre el lugar único que ocupa este creador. En una industria donde todo el mundo cuida su imagen y calcula cada movimiento, Larry David hace exactamente lo contrario desde hace cuarenta años. Y la gente sigue queriendo estar en el mismo cuarto que él, aunque sepan que las cosas no van a salir bien.
Que es, en definitiva, de lo que trata toda su obra.
Cuándo: estrena su primer episodio este viernes
Dónde: HBO Max
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