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“Las Ocho Estaciones”: la Camerata Rosario junta en un concierto a Vivaldi y Piazzolla

En octubre, la agrupación de cuerdas rosarina se presentará en el Teatro Metro para tender puentes entre el barroco y el tango
La Camerata Rosario llega a la Ciudad en octubre
Danisa Alesandroni, directora de la Camerata Rosario

Por Redacción

En 1721, Antonio Vivaldi compuso en Italia las cuatro obras paradigmáticas de su carrera y, definitivamente, parte del repertorio más célebre de la historia de la música: Las Cuatro Estaciones. Doscientos cincuenta años más tarde, y a un océano de distancia, Astor Piazzolla retomaría esa idea para resignificar las estaciones desde una sensibilidad profundamente argentina: sus Estaciones Porteñas no sólo evocan los ciclos del tiempo y la naturaleza, sino también la intensidad emocional de la vida urbana y cotidiana en Buenos Aires.

Ahora, en el presente, la Camerata Rosario se presenta el 8 de octubre en el Teatro Metro con las estaciones de Antonio Vivaldi y Astor Piazzolla. Y con una misión: “Buscamos acercar al público la música clásica: existen muchos prejuicios en torno a la música clásica, parece que es para una elite, o para gente grande”, afirma su directora, Danisa Alesandroni. “Nos quedó una mirada acartonada de la música clásica, como algo antiguo, algo aburrido. Y uno indaga y encuentra que los compositores clásicos son personas como nosotros, atravesando vicisitudes: creo que nos quedó una idea tergiversada de lo que ocurre con ellos y su música”.

Así que contra esa visión es que decidieron unir las músicas de Vivaldi y Piazzolla en “Las 8 estaciones”, donde intercalan las Cuatro Estaciones del compositor veneciano con las Estaciones porteñas del artista marplatense, buscando tender puentes entre las músicas del pasado y el presente. Lo hacen, dice Alesandroni, porque “nosotros somos todos músicos profesionales que elegimos la música clásica y allí encontramos algo especial, creemos que vale la pena transmitirlo”. También, porque “la música clásica tiene muchas cosas que se están perdiendo, como por ejemplo el hecho de escuchar un instrumento sonar acústicamente, sin que esté amplificado”.

Y si bien Alesandroni acepta que “el lenguaje de la música clásica es complejo, porque intenta transmitir sensaciones y conceptos”, también señala que su escucha es necesaria: “La música es al alma como la gimnasia es al cuerpo, decía Platón. Si querés tener un alma sensible, empática, es importante rescatar esta música que nos puede hacer atravesar paisajes y emociones diferentes a los de la música actual”.

Pero además, dice sobre el concierto que une a Vivaldi y Piazzolla, no se trata de una fusión caprichosa, o de aprovechar simplemente que los dos le escribieron a las estaciones: “Encontramos en la música clásica un espacio que se vincula muy bien con las músicas populares. Creemos que dialogan perfectamente, y ese es un puente que permite que el público pueda acercarse a música como la de Vivaldi”, explica la directora de orquesta rosarina.

De hecho, a los dos, dice, los une más que simplemente haber hecho “una descripción sonora de un momento específico”. “El hilo conductor entre los dos”, opina Alesandroni, “es que Piazzolla tiene ascendencia italiana, y Vivaldi era veneciano: los dos tienen una manera de hacer sonar la música, alegre, espontánea, y de repente se vuelve melancólica y reflexiva… Y eso es algo que hemos heredado de Italia, creo que viene de allá. Y creo que la presencia ‘tana’ está muy fuerte en las dos músicas”.

Puentes

El concierto propone un diálogo que parte de esos puentes entre ambos: mientras se intercalan las estaciones de uno y otro, en la obra de Piazzolla emergen, transformados y recontextualizados, fragmentos del universo musical de Vivaldi. No se trata sólo de dos compositores separados por siglos, sino de un cruce estético donde las huellas barrocas atraviesan el lenguaje contemporáneo del tango.

Buscamos acercar al público la música clásica: existen muchos prejuicios en torno a la música clásica, parece que es para una elite, o para gente grande”

Danisa Alesandroni, directora de la Camerata Rosario

“Unir las dos músicas me parecía interesante: hay 250 años entre las composiciones, y por lo tanto la descripción sonora es completamente diferente, pero sucede algo lindo. Piazzolla vuelve las Estaciones como algo más introspectivo, mientras que Vivaldi hizo unas estaciones más superficiales”, sigue Alesandroni. “Piazzolla piensa el invierno como el momento de quedarse en casa, del resguardo; el verano, como el momento de hastío, el atravesar la ciudad con calor. Está lo sentimental de por medio. Y creo que ese es un aspecto de los argentinos: somos seres sensibles, nos gusta estar en comunidad. El tango representa mucho cómo somos los argentinos”.

El tango, claro, ya no es la música que domina las radios argentinas (ya ni siquiera se escucha por radio), pero también desde allí, dice Alesandroni, se pueden tejer puentes con el presente, con la música de hoy. “Ya no es nuestra música actual, aunque está mucho más cerca que la música barroca. Pero todavía lo sentimos como una representación de la argentinidad, escuchamos tango y sabemos que habla de nosotros. Creo que eso nos moviliza. Quizás no se escucha tanto, pero es interesante lo que pasa con Piazzolla, un ícono a nivel internacional”.

Ahora, ¿cómo interpretar músicas barrocas y tangueras con los mismos instrumentos, en continuidad? Allí estaba el desafío principal para la Camerata Rosario, dice Alesandroni: la agrupación exclusivamente de instrumentos de cuerda, contará con la participación especial del violinista solista Jeremías Petruf, Concertino de la Orquesta Sinfónica Nacional y Orquesta Sinfónica de Bahía Blanca. Y un único instrumento que escapa a esa lógica: no un bandoneón, sino un clavicémbalo, una especie de piano pequeño “que aporta una característica tímbrica muy particular para la música barroca”.

“Tango sin bandoneón puede sonar raro”, acepta Alesandroni. “Pero la gracia es que cuando los integrantes tocan, tienen que hacer un ejercicio complejo: van intercalando las piezas de Vivaldi y Piazzolla, y tienen que intercalar técnicamente cómo se toca el instrumento. Mientras se toca Vivaldi, se toca de manera tradicional, mientras que cuando se toca Piazzolla, aparecen yeites del tango que se logran rompiendo la técnica del instrumento, los golpes sobre la caja, la chicharra que se hace tocando del otro lado del puente y esos sonidos tan tangueros. Así que aunque la pieza no tiene bandoneón, cobra una sensación de tango fuertísima”.

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