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Laura Azcurra y Valeria Stilman se conocen desde 2003, cuando Azcurra empezó a entrenar en improvisación con el mismo maestro de Stilman. Se hicieron amigas, y formaron el grupo Impronta, un entrenamiento en la improvisación que duró tres años. En el camino, iban observando que los espacios de improvisación estaban liderados por varones, compuestos en su mayoría por varones. Y decidieron proponer algo distinto.
Así, hace una década, aparecieron los personajes de Tita y Rodhesia: dos arrabaleras, la primera más moderna y díscola, la segunda chapada a la antigua. En ese momento, eran apenas dos personajes creados para una jornada de catch: “Venían dos improvisadores mexicanos, y el plan era armar duplas para jugar juegos y hacer algunas competencias. Y se presentaron todos varones, no había mujeres. Y Vale me llama: yo estaba trabajando en ‘Toc Toc’, de miércoles a domingos, pero me pidió inventar algo para jugar al catch”, cuenta Azcurra, en diálogo con EL DIA. “‘¿Y qué inventamos?, le pregunté. Queríamos enaltecer a Tita Merello, Niní Marshall, Libertad Lamarque, mujeres cómicas, creadoras de su material, nuestras ídolas. Pero que fueran Tita y Niní era muy obvio. Entonces, nos miramos y dijimos: Tita y Rodhesia”.
Y armaron un contrapunto: “Rodhesia tiene ese discurso de la abuela, del tío conservador, la tía que quiso hacer todo bien, el mandato. Y Tita se lo suaviza con mucho amor. Rodhesia, por ejemplo, plantea que tiene que estar casada para verle la cara a Dios, y Tita le plantea que no, no hace falta estar casada para verle la cara a Dios, ni siquiera hace falta estar acompañada… Y eso le abre la cabeza a Rodhesia”, explica Azcurra el juego que se pone en escena. Con esa premisa, participaron del catch. Ganaron. Se prometieron volver al material en algún momento. Y entonces pasó la vida, los compromisos: cuando en 2019 se dispusieron a devolver a la vida a sus creaciones, estalló la pandemia.
Pero no bajaron los brazos: se grabaron en personaje, mientras pensaban formatos para improvisar diferentes a los habituales. Y ni bien se abrieron los teatros, empezaron a probar lo craneado, un espectáculo que pone a estos dos personajes frente a situaciones elegidas por el público: la audiencia propone títulos, oficios, situaciones, características, emociones, músicas para Tita y Rodhesia que, en personaje, proceden a jugar con esas ideas. A veces, la acción se detiene, y Tita y Rodhesia le preguntan a los espectadores cómo seguir. Con ese espectáculo, llegan a La Nonna (47 esquina 3) el sábado.
Cada función es única, y “el espectador participa como autor intelectual”, dice Azcurra. “Quienes conocen la interpretación como técnica saben que es una fiesta, que se divierten; y quienes todavía no conocen la técnica descubren en esta construcción colectiva en tiempo presente una mezcla de absurdo, de diversión, de identidad y de alegría: la gente se ríe mucho, y me parece que la risa, en este momento, es un verdadero tesoro para los que transitamos estas latitudes”.
No solo para la audiencia es la fiesta: Azcurra, que baraja en este momento tres propuestas teatrales a la vez (protagoniza además “Salir al ruedo”, obra de teatro físico que cruza danza, música, percusión y humor, que ya visitó la Ciudad; y “Frida, viva la vida”, donde se pone en la piel de Frida Kahlo, y que llegará en noviembre), reconoce que el juego de “Tita y Rodhesia” “es un recreo. El otro día, estaba con amigos y me dicen ‘te tenés que preparar, te vamos a dejar tranquila’... y no. Yo mientras esté descansada, elongada, ya estoy en condiciones para la función, porque solo tengo que estar despierta, alerta para el juego. En otras obras, en cambio, está medido cada silencio, cada palabra”.
“Disfruto mucho cada función”, sigue. “La improvisación es una invitación a jugar, y juega con algo que parece estar cada vez más dormido, en este presente, con esta realidad y con la droga que tenemos en la mano con el teléfono. Es una conexión que los adultos perdimos: parece que no podemos jugar como niños, pero la impro nos invita a crear mundos posibles y creerlos. Siempre pongo el ejemplo de los chicos en la plaza: no se conocen, pero se enganchan con el juego, y uno propone a otro que esto es un barco, y vos sos el capitán… y esa propuesta, ese juego escénico, es absolutamente aceptado. Algo de eso sucede en la improvisación: todo es posible, y se acepta la propuesta del otro, una acción muy difícil de llevar a cabo en la vida”.
En ese sentido, agrega, “Tita y Rodhesia” “es mucho más que el simple espectáculo, es un espacio que defiende la humanidad, el amor, el encuentro, el juego. El teatro siempre enaltece la humanidad, nos recuerda la presencialidad, la importancia de compartir”. Y además, es un espectáculo “con perspectiva de género”: las dos mujeres debaten las formas hegemónicas del pasado, y “hay una observación especial respecto a los vínculos, las relaciones, lo que dicen los personajes, varones y mujeres, que interpretamos”.
- Desde que empezaron a pensar en “Tita y Rodhesia”, esta obra con perspectiva de género, ha pasado el tiempo, y en ese tiempo fue cambiando el clima en torno a los feminismos… ¿Cambió algo en ustedes?
- No, no en nosotras. Bueno, inconscientemente, quizás, porque cuando se habla de impro siempre hay un inconsciente a flor de piel: lo que vemos en los días previos a la función, lo que nos pasa en la vida, aparece en la impro. Si le ganamos a los ingleses, por ejemplo, algo va a aparecer de eso en la función. Aunque sea como un bocadillo, no necesariamente vamos a hacer una representación de un inglés recibiendo a un argentino en Malvinas. Y por ahí percibimos algo en la sala, hay espacios más conservadores que otros, públicos distintos, entonces quizás en una función elegimos no mencionar cosas que puedan ofender al público... El público es el termómetro. Pero siempre decimos, “Tita y Rodhesia” es una ESI teatral. Solapada, no es que hablamos de reproducción o anticonceptivos, pero sí de formas que antes estaban naturalizadas y hoy no, y eso lo van componiendo los personajes. Es un encuentro con situaciones que la gente quizás no se atreve a preguntar.
- ¿Por ejemplo?
- Por ejemplo, el otro día apareció la palabra “hegemónico”, y uno de los personajes decía “no sé que es hegemónico pero yo lo digo porque lo dicen todos”. Y otro personaje explicaba, y en las primeras filas había personas asintiendo… En otra improvisación, Rodhesia quería saber qué se siente ser varón, y el público le asignó características que son muy del estereotipo del varón. La escena transcurría en un taller mecánico, el personaje de Vale era un mecánico sensible y musculoso: yo esperaba fuera de escena a ver qué pedía la escena, y representé a un varón, y tuvieron una charla de varones en un taller mecánico, y él, Roberto se llamaba el personaje, decía “yo tengo ganas de llorar, pero nunca pude porque mi papá me dijo que los varones no lloran”... Y ahí apareció algo, que el que está del otro lado, sea de la generación que sea, ve representado un cuestionamiento que quizás se hizo, o bueno, que nunca se hizo. El teatro tiene eso, esa magia transformadora, ese espejo donde vemos otras emociones humanas, otras perspectivas. Esa es la perla de lo que sucede en el escenario: lo que vamos componiendo llega a cada espectador de una manera distinta, pero reverbera. Invita a pensar, pero con humor: es un espectáculo con perspectiva de género, y eso quizás huele a feminismo, en el mejor sentido de los aromas, pero no es un espectáculo “femininja”. En esta construcción de feminismos, creemos que el amor, el humor, el buen trato, el reírnos de nosotros mismos, ese es el camino para el cambio. Y esos son grandes valores en estos tiempos. Estar muy combativo, muy radical, en el escenario, no llega a buen puerto.
- Tita prefiere hablar de “reconstrucción” antes que de “deconstrucción”. ¿Qué hay detrás de esa palabra?
- La palabra “deconstrucción” ya pone al otro en alerta. ¿Me tengo que deconstruir de qué? Pero estamos todos revisando todo. Ese ejercicio debe ser amoroso, compartido, con tolerancia, no radical, pensando juntos, verdaderamente. La palabra “deconstrucción” se asocia a una idea de que estás mal, y tenés que mejorar porque los tiempos cambiaron. Y es cierto que los tiempos cambiaron, pero en ese marco, la reconstrucción es pensar qué tomo de lo que cambió, qué me suma, qué de lo que estuvimos naturalizando no lo podemos naturalizar más. Ese ejercicio nos invita a pensar, a adentrarnos en nuestras propias experiencias, y eso también es doloroso, la gente no se quiere meter ahí: si no hablo del tema, no existe. Pero la propuesta es la contraria: hablemos, pero juntos, veamos la forma en que podemos hablar de esto, pensemos juntos. “Tita y Rodhesia” es esa invitación, ese puntapié inicial: poner en escena cosas que mucha gente vivió toda la vida, era la bajada que escuchaba en su casa, y quizás hoy se puede volver a reflexionar de eso, pero de una manera lúdica, divertida, con humor, no hay señalamientos en el espectáculo, porque la invitación es a jugar y divertirnos, a sacarnos la carga con la que estamos viviendo ultimamente y jugar, entrar en otro terreno un rato. Y eso es pensar la reconstrucción, una invitación a pensar entre todos cómo reorganizar esto desde todos lados. Me parece una palabra muy linda, está presente en todo el espectáculo.
“Tita y Rodhesia”, este sábado a las 21 en La Nonna, 47 esquina 3.
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