El sábado a la noche la mesa de Mirtha Legrand prometía la liturgia de siempre: anécdotas, algún hit tarareado, política en dosis domesticadas. Alejandro Lerner encontró la forma de convertir esa rutina en el escándalo del fin de semana.
El autor de “Todo a pulmón” venía hilando un diagnóstico previsible: sostuvo que la corrupción, cuando es estructural, termina volviéndose cultural, y que si el país no fuera tan rico habría estallado hace años. De ahí pasó al reclamo de darle continuidad a un proyecto de país antes de exigir sacrificios: un invitado más pidiendo paciencia con la actual gestión. El problema fue la imagen que eligió para ilustrarlo. Después de mencionar “un país que ha sido violado”, redobló: “Argentina es como una mujer abusada por nuestros propios dirigentes”, esos que —según él— debieron dar un servicio que en cincuenta años nadie dio.
En la mesa, silencio. Ni Marcelo De Bellis, ni Guadalupe Vázquez, ni Marilú Marini, ni Pampito objetaron nada, y esa ausencia de reacción terminó siendo el segundo eje de la bronca: el clip se viralizó en minutos y buena parte de los comentarios apuntó justamente a que nadie lo frenara en vivo.
POLÉMICA EN LAS REDES
Afuera del estudio, la respuesta fue inmediata. Miles de usuarios cuestionaron que se recurriera a la violación como recurso retórico para militar una posición política, y que se banalizara un drama que atraviesan a diario miles de mujeres. Jorge Rial se sumó desde X con una descalificación que englobó a todo el electorado oficialista, al que trató de “degenerado y pervertido”. Página/12 tituló directamente que la analogía era machista y le atribuyó una carga misógina.
Lo llamativo no es solo el desliz sino su genealogía. La figura de la patria ultrajada, la nación como cuerpo femenino violentado por sus propios gobernantes, es un tópico rancio del discurso nacionalista, uno que le presta al abuso sexual la función de simple ornamento verbal. Que reaparezca en 2026, en horario central y en boca de un artista cuyo capital simbólico se construyó sobre canciones de sensibilidad y contención emocional, ordena bastante bien el tamaño del ruido.
Hasta el cierre de esta edición, Lerner no había publicado descargo ni disculpas.
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