La noticia cayó como una bomba en el rincón más cinéfilo de internet: Letterboxd, la red social donde millones de usuarios califican películas, arman listas y escriben reseñas que van del ensayo académico al chiste de una línea, está en venta. Y entre los interesados aparece un nombre que para buena parte de su comunidad es directamente el villano de la película: Netflix.
Según reveló el medio especializado The Wrap, el gigante del streaming y Sony Pictures mantienen conversaciones preliminares para adquirir la plataforma, en un lote de potenciales compradores que completan Paramount Skydance, los fondos de inversión TPG y RedBird, y Alexis Ohanian, cofundador de Reddit.
Fundada en 2011 por los neozelandeses Matthew Buchanan y Karl von Randow, Letterboxd está controlada desde 2023 por el grupo canadiense Tiny, que pagó entonces entre 50 y 60 millones de dólares por el 60% de la empresa. Hoy, con más de 30 millones de usuarios, el banco LionTree maneja una valuación de 250 millones: el negocio de opinar sobre cine, parece, cotiza en alza.
“DEJEN A LETTERBOXD EN PAZ”
Pero si los números entusiasman a los banqueros, a los usuarios los espantan. Desde que se conoció la noticia, las redes se llenaron de mensajes de cinéfilos que juran abandonar la plataforma si la compra Netflix, al que consideran ni más ni menos que el enemigo del cine: el símbolo del consumo voraz, del algoritmo que recomienda siempre lo mismo y del contenido diseñado para mirarse mientras se scrollea el teléfono. Letterboxd, en cambio, construyó su identidad en la vereda opuesta: un nicho que celebra el cine de autor, las retrospectivas y el placer de ver películas con atención.
“No quiero ver a Letterboxd convertido en una extensión inútil al costado de la app de Netflix para puntuar sus series”, escribió un usuario. Otro fue más directo: “Dejen a Letterboxd en paz”. Hubo hasta quien propuso transformarla en un servicio de financiamiento público, y no faltó el chiste inevitable: “Es Letterbover”.
Detrás del enojo hay una preocupación seria: el conflicto de intereses de que un estudio o un streamer sea dueño de la plataforma donde se discute —y se puntúa— su propio catálogo. El antecedente de Amazon e IMDb no trae buenos recuerdos. Por ahora las charlas son preliminares y nada está cerrado. Pero la comunidad ya avisó: si entra Netflix, ellos se van. Y una red social sin usuarios es, apenas, una película sin público.
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