■ La Odisea
Una versión monumental
★★★★ 1/2
Disponible en: cines
duración: 172 minutos
género: épica
El regreso a casa y el retroceso en el tiempo han sido desde hace tiempo el eje central de las películas de Christopher Nolan. Los astronautas de “Interestelar” pierden, sin darse cuenta, 23 años en su viaje espacial, casi el mismo tiempo que Odiseo pasa lejos de casa en “La Odisea”: una década luchando en la Guerra de Troya y otra década intentando regresar a Ítaca.
Así pues, en gran medida, “La Odisea” de Nolan se percibe, hasta en su ADN no lineal, como una película de Nolan. La autoría del poema épico, que data del siglo VII u VIII a. C., es compleja. Pero nadie podría cuestionar al creador de esta “Odisea”, una epopeya terrenal y existencial que fusiona de forma deslumbrante la narrativa de la Antigüedad con la audacia contemporánea a escala IMAX.
La llegada de cualquier nuevo espectáculo de Nolan conlleva inevitablemente su propio tipo de asalto y una avalancha de proclamaciones de “obra maestra”. Pero aunque “La Odisea”, la primera película de Nolan rodada íntegramente con cámaras IMAX, no escatima en grandiosidad, funciona sorprendentemente bien como un relato más sencillo y a escala humana.
■ El afinador
Romance y robos
★★★★
Disponible en: cines
duración: 107 minutos
género: crimen
Hay películas que parecen llegadas de otra época, y “El afinador” es una de ellas: un thriller de personajes, artesanal y a fuego lento, de ese cine de estudio mediano que Hollywood casi ya no produce.
El debut en la ficción del canadiense Daniel Roher —ganador del Oscar por el documental “Navalny”— sigue a Niki (Leo Woodall), un pianista frustrado que padece hiperacusia: su oído prodigioso le impide tocar en público, pero lo vuelve un afinador excepcional y, de paso, la pieza perfecta para abrir cajas fuertes al servicio de una banda criminal en Nueva York.
Junto a él, un Dustin Hoffman entrañable como Harry, su mentor y fanático del jazz, y Havana Rose Liu como la estudiante de conservatorio que le ofrece una salida de ese mundo. Roher construye el suspenso a la vieja usanza —con un diseño sonoro que es en sí mismo un personaje— y entrelaza el atraco digno del cine de los 70 de Hollywood y Francia, con un romance de una delicadeza que remite a “El latido de mi corazón”, de Audiard.
Es cierto que el desenlace se precipita y opta por una resolución algo complaciente, pero para entonces la película ya ganó la partida: sus criaturas son tan queribles, su melancolía tan genuina, que uno perdona el apuro.
■ Alpha
Sordidez y desesperanza
★★ 1/2
Disponible en: Mubi
duración: 128 minutos
género: body horror
Tras la Palma de Oro por “Titane”, Julia Ducournau vuelve con su película más melodramática y humanista, aunque también la menos lograda de su filmografía. “Alpha” transcurre en los ‘90 —la puesta es deliberadamente vaga al respecto— y construye una alegoría del sida a través de un virus ficticio que convierte los cuerpos de los enfermos en mármol.
La protagonista es Alpha (Mélissa Boros), una chica de 13 años que pudo haberse contagiado por un tatuaje casero y que convive con su madre médica (una enorme Golshifteh Farahani) y su tío heroinómano (Tahar Rahim), en lo que termina siendo, ante todo, un intenso drama de vínculos familiares. Ducournau conserva su portentoso despliegue visual y firma secuencias de gran impacto —incluido un clip con The Mercy Seat de Nick Cave de fondo—, pero la película luce repetitiva y caprichosa: la narración colapsa en un torbellino de montaje que confunde más de lo que sugiere, y su noble intención de revisitar el estigma de aquella epidemia se siente anacrónica, como una lección de moral llegada con treinta años de demora. Empática y admirable en sus propósitos; errática en sus resultados.
■ La casa de la pradera
El regreso de los Ingalls
★★★ 1/2
Disponible en: Netflix
duración: 8 episodios
género: drama
Medio siglo después de la serie con Michael Landon que marcó a varias generaciones, Netflix vuelve a las novelas autobiográficas de Laura Ingalls Wilder con una relectura creada por Rebecca Sonnenshine y dirigida íntegramente por mujeres.
A caballo entre el western y el drama familiar, los ocho episodios siguen a los Ingalls —Charles (Luke Bracey), Caroline (Crosby Fitzgerald) y sus hijas Mary y Laura (la pequeña Alice Halsey, revelación absoluta)— en su travesía hacia Independence, Kansas, tierras en disputa con la Nación Osage. Ahí está la principal novedad: esta versión incorpora la perspectiva indígena y cuestiona el costado depredador del sueño americano, con el ferrocarril, la especulación con la tierra y las promesas incumplidas a los colonos como telón de fondo.
El resultado es una serie de paisajes bellísimos y clasicismo asumido, con momentos genuinamente conmovedores, aunque su relato de superación juega demasiado a lo seguro: los problemas se resuelven rápido, todo luce prolijo y soleado, y el mensaje termina siendo tranquilizador. Un producto amable, revisionista a la moda de estos tiempos, que rara vez se anima a incomodar. Ya fue renovada para una segunda temporada.
SUSCRIBITE a esta promo especial