The Paper, temporada 2
Todavía tiene tinta
★★★ 1/2
Disponible en: HBO Max
duración: 10 episodios
género: comedia
Que un spin-off de “The Office” no sea una fotocopia ya es un logro. Que además sea gracioso, todavía más. En su segunda temporada, “The Paper” —creada por Greg Daniels, el mismo de la serie madre— sale por fin de la sombra de Dunder Mifflin y se planta sola.
El Toledo Truth Teller viene de ganar premios, pero sigue sin plata, con una redacción de periodistas improvisados y una corporación que mete la cuchara donde no debe. Domhnall Gleeson compone a Ned Sampson, un editor quijotesco que sueña con devolverle la gloria a un diario local mientras esconde su romance con Mare (Chelsea Frei, el corazón emocional del asunto). Ese vínculo es lo mejor de los diez episodios: en lugar del “aw” fácil, la serie se pregunta en serio por qué la oficina es un caldo de cultivo amoroso.
Alrededor, el elenco por fin respira: Travis, Adelola, Ken, un Oscar Nuñez que se trae puesto a su Oscar Martinez y una Sabrina Impacciatore desatada como Esmeralda, tan excesiva que divide aguas. Irregular, sí. Pero cuando la redacción se pone a laburar, “The Paper” recuerda que la comedia de oficina todavía tiene tinta.
La negociación
Crimen contra el capital
★★★★
Disponible en: cines
duración: 106 minutos
género: crimen
Hacía siete años que Gus Van Sant no dirigía y “La negociación” confirma que era demasiado tiempo. En febrero de 1977, Tony Kiritsis entró a una financiera de Indianápolis, se llevó de rehén a un ejecutivo y le ató al cuello un alambre conectado al gatillo de una escopeta recortada: si el otro se movía, moría. El calvario terminó en una conferencia de prensa televisada en vivo.
Van Sant no filma una cápsula de época sino un drama de bronca e inequidad con olor a presente: no hace falta el eco de Luigi Mangione para escuchar el hoy en esta historia. Bill Skarsgård, sin más máscara que un bigote y un poliéster verde, entrega una de sus actuaciones más despojadas e intensas. Alrededor orbitan Colman Domingo como un DJ que se proclama voz del pueblo y Al Pacino al teléfono, guiño evidente a “Tarde de perros”, clásico que sigue siendo superior pero comparte la misma furia contra la picadora de carne del capitalismo.
Kiritsis pedía cinco millones de dólares y una disculpa. La tragedia es cuán esquivo puede ser un “perdón”.
xx
xxx
H 1/2
Disponible en: cines
duración: 0 minutos
género: x
texto
HHHH
Disponible en: cines
duración: 123 minutos
género: musical
¿Cuánto cine hoy es un producto plano y formulaico? ¿Cuánto documental sobre giras no es más que un producto más del infinito merchandising, diseñado por comités y realizado de manera apresurada para satisfacer el hambre voraz de los fans? Pero Oasis siempre fue justamente emblema de lo contrario: autenticidad, coraje, y la capacidad, para bien y para mal, de decirle “fuck you” a las expectativas. El documental que retrata su reunión, “Don’t Look Back in Anger” (creación de Stephen Knight, el de “Peaky Blinders”) no podía ser, entonces, el equivalente audiovisual a un buzo de la gira 2025.
Y “Oasis: Don’t Look Back in Anger” no solo consigue autenticidad y una rusticidad que representa bien a los manchurianos: también consigue escapar a los confines de su objeto de estudio y resonar profundamente en el presente. Partiendo de aquel himno que da título a la película, la cámara sigue la reconciliación de los hermanos, que no se hablan, al inicio de la película, hace 15 años, desde aquella separación en escena. El documental va desde los primeros, gélidos ensayos, hasta la entrevista final, los dos sonrientes, ya ellos habiendo aprendido a no mirar atrás con rencor. Pero esa idea, la idea de “Don’t Look Back in Anger”, la canción, se convierte en algo más, una parábola de un mundo hiperviolento, individualista, dominado por el rencor y la ira.
Entonces, la película emociona. Seguro: buena parte de las lágrimas que brotan tienen que ver directamente con la nostalgia, que los propios hermanos reconocen y valoran, el recuerdo de aquellos años no tiene por qué ser algo lamentoso, puede ser una fiesta. También es cierto que el documental cumple algunas de las obligatorias paradas del cine documental de recitales hoy, con entrevistas al ras de la tierra a los fans de todo el mundo, algunas más interesantes que otras. Pero en los momentos donde la música y el mensaje reconciliatorio se hermanan, la película consigue reproducir un efecto similar a la sensación de éxtasis que atraviesan los hinchas de Oasis, o de los Redonditos: los envuelve una idea de comunidad, un presente absoluto.
“Don’t Look Back in Anger”, el documental, introduce en un momento un sermón religioso: parece una exageración. Sin embargo, sobre el cierre, esas palabras regresan, y cobran ahora un sentido enaltecido por la música. Porque, en definitiva, como dicen los hermanos Gallagher (puro carisma en la pantalla, además), la música ya no es de ellos: la música es parte de la gente. Y si la gente, por un momento, suelta los rencores, es gracias a su poder sanador, hermanador. Como le pasó a los Gallagher.
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