Los domingos
Un terremoto en la familia
★★★★ 1/2
Disponible en: HBO Max
duración: 115 minutos
género: drama
Hay películas que se terminan cuando se prenden las luces y otras que siguen discutiéndose en la sobremesa. “Los domingos”, de la española Alauda Ruiz de Azúa (”Cinco lobitos”), es de las segundas, y por algo se llevó la Concha de Oro en San Sebastián y el Goya a la mejor película. Ainara (la debutante Blanca Soroa, magnética) tiene 17 años, es buena alumna, perdió a su madre y un día anuncia en la mesa familiar que quiere entrar en un convento de clausura.
El terremoto es inmediato: su padre (Miguel Garcés) se repliega, la abuela intenta poner paños fríos y su tía Maite, atea declarada, sale a dar batalla convencida de que alguien está manipulando a la chica. Patricia López Arnaiz está extraordinaria en ese papel, el de una mujer inteligente que, de tanto querer tener razón, empieza a cruzar límites; y Juan Minujín le suma el contrapunto terrenal como su marido.
Lo admirable es que Ruiz de Azúa no baja línea: no hay sermón contra la Iglesia ni elogio solemne de la fe, solo una familia que no sabe cómo acompañar sin invadir. Con una puesta precisa y sobria, filma cenas, silencios y discusiones que cambian de temperatura cada domingo, y deja que la vocación de Ainara siga siendo un misterio que nadie, ni siquiera el espectador, logra descifrar. El final, tan seco como escalofriante, no se olvida.
La cronología del agua
Nadar o ahogarse
★★★★
Disponible en: Mubi
duración: 128 minutos
género: drama
Kristen Stewart podría haber debutado como directora con algo cómodo. Eligió todo lo contrario. “La cronología del agua” adapta las memorias de Lidia Yuknavitch, una nadadora que atraviesa una infancia marcada por los abusos de su padre, el alcohol, los excesos y la universidad hasta encontrarse a sí misma en la escritura. Pero no esperen una biografía prolija: Stewart arma la película como un rompecabezas de fragmentos, recuerdos y voz en off, filmado mayormente en 16 milímetros, con texturas de Super 8, cambios de velocidad y encuadres pegados a la piel que remiten al cine underground de los sesenta.
El agua vuelve una y otra vez como refugio, y la atmósfera envuelve: uno no mira la vida de Lidia, la habita, con toda su confusión y su intensidad. En el centro, una Imogen Poots enorme, en el papel de su vida, le pone cuerpo y corazón a cada escena, bien acompañada por Thora Birch y Susannah Flood.
Es una película dura, por momentos agobiante y que no le teme al exceso, pero justamente ahí está su valentía: una ópera prima que prefiere arriesgarse antes que quedar bien. Stewart ya no es solo una actriz que dirige. Es una cineasta con voz propia.
Wildwood
Una historia artesanal
★★★★
Disponible en: cines
duración: 131 minutos
género: aventuras / animación
Hay películas que se filman y otras que se tejen a mano. “Wildwood”, lo nuevo de Laika (la casa de “Coraline” y “Kubo”), pertenece al segundo grupo: más de dos horas de stop-motion, 230 muñecos y 132 decorados animados cuadro por cuadro. Los números marean: 142.000 caras impresas en 3D, 3.800 plumas para una sola águila gigante y una producción tan larga que durante el rodaje nacieron 85 bebés del equipo.
Dirigida por Travis Knight sobre la novela de Colin Meloy (cantante de The Decemberists, que suman canción nueva) e ilustrada por Carson Ellis, sigue a Prue, una adolescente de Portland que se interna en un bosque mágico para rescatar a su hermanito, secuestrado por cuervos. Allí la esperan carneros de traje, tortugas carteras, coyotes con uniforme de época, una gobernadora inquietante con la voz de Carey Mulligan y una rata a cargo de Awkwafina y un búho de Richard E. Grant que se roban cada escena.
La historia transita caminos conocidos y la violencia pide algo de cautela con los más chicos, pero cuesta resistirse a un mundo donde cada pluma se mueve y los helechos brillan con luz propia. Al final de los créditos, una leyenda lo dice todo: esta película fue hecha a mano.
Sensatez y sentimientos
Las hermanas sean unidas
★★★★
Disponible en: cines
duración: 131 minutos
género: romance
Es una verdad universalmente aceptada que Jane Austen inventó la comedia romántica mucho antes de que existiera el cine. Y esta nueva “Sensatez y sentimientos”, dirigida por Georgia Oakley, lo sabe: pasamos toda la película esperando ese beso que desarme malentendidos.
Llega, claro, y es precioso. Pero lo que queda flotando cuando aparecen los créditos es otra cosa: un abrazo entre hermanas. Daisy Edgar-Jones es Elinor, la sensata, enamorada del correctísimo Edward (George MacKay); Esmé Creed-Miles es Marianne, puro torbellino, que grita bajo la lluvia y cae rendida ante el seductor Willoughby (un Frank Dillane delicioso).
Oakley corre el foco del romance hacia esa química fraterna y le suma un aire naturalista que se agradece: las Dashwood venidas a menos comparten vestidos, andan despeinadas y con manchas en la ropa (aunque, ojo, todavía tienen sirvienta).
Hay dos bailes coreografiados por Holly Blakey que son una fiesta, una Fiona Shaw encantadora como la metida señora Jennings y algún subrayado de más sobre lo apasionada que es Marianne. Treinta años después de la versión de Ang Lee, la excusa para volver a Austen está clarísima: los galanes van y vienen, pero las hermanas se quedan.
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