El 24 de septiembre la policía de Nueva York se llevó esposada a una mujer de 79 años que pedía el arresto del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, que hablaba en la ONU. No era una manifestante cualquiera: era Susan Sarandon, ganadora del Oscar, detenida junto a la actriz Hannah Einbinder (“Hacks”) y un centenar de personas en una protesta convocada por Jewish Voice for Peace. Diez días después, la actriz cumplió 80 años fiel a su costumbre de ir en primera fila.
El precio, de hecho, ya lo viene pagando. En 2023, tras sus dichos en una marcha por Palestina, la agencia UTA rescindió su contrato. Y a principios de septiembre, en Venecia, donde presentaba el drama romántico “The Echo Chamber”, admitió que le quitaron películas porque hay agencias que siguen pidiendo que no la contraten. Tampoco era su primera vez con esposas: en 2018 fue una de las casi 600 mujeres detenidas en el Senado, en Washington, en una protesta contra la separación de familias migrantes durante el primer gobierno de Donald Trump.
La lista de causas es larga: contra la guerra del Golfo y la invasión de Irak, por los derechos LGTB, contra el trabajo infantil, a favor de los sindicatos. Hace tres años se calzó un delantal en una pizzería de Brooklyn para reclamar mejores sueldos para los mozos. “Nunca nada importante llegó desde arriba: siempre ha sido el pueblo”, dijo entonces.
Nacida Susan Abigail Tomalin, la mayor de nueve hermanos en una familia católica neoyorquina, llegó al cine de rebote: acompañó a su entonces marido, Chris Sarandon, a un casting y terminó quedándose ella con el protagónico de “Joe” (1970). Después vinieron el culto de “The Rocky Horror Picture Show”, “Bull Durham” y, sobre todo, “Thelma & Louise”, la road movie de Ridley Scott que se volvió manifiesto. Cinco veces nominada al Oscar, lo ganó por “Mientras estés conmigo” (“Dead Man Walking”, 1995), dirigida por su pareja de entonces, Tim Robbins, como la monja que acompaña a un condenado a muerte. “Mujercitas”, “Quédate a mi lado” y la serie “Feud” completan un recorrido que no se detiene.
En febrero, España le dio el Goya Internacional por su filmografía y por su “valiente compromiso político y social”. En el escenario habló de bondad, valentía y compasión frente a un mundo dominado por la violencia y la crueldad. A los 80, Sarandon sigue eligiendo papeles —en la pantalla y en la calle— de mujeres que no piden permiso.
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