La interna de la familia más fotografiada del mundo, los Beckham, volvió a explotar. Esta vez, el detonante fue una escena digna de telenovela: Harper Beckham, apenas 14 años, fue enviada sola en un auto con chofer hasta la mansión de su hermano Brooklyn (distanciado de la familia) en Beverly Hills para entregarle una carta en mano. El problema es que Brooklyn y su mujer, Nicola Peltz, no estaban ahí: según ellos mismos se encargaron de demostrar vía Instagram, estaban en Nueva York. La adolescente se fue con las manos vacías y —según consignó el periódico amarillo Page Six, que inmortalizó la escena— visiblemente emocionada.
Hasta acá, una historia triste. Pero el papelón llegó cuando el equipo de Brooklyn salió a responder: “El hecho de que hubiera fotógrafos presentes cuando se entregó la carta en mano lo dice todo. Esto fue una coreografía para las cámaras”. En criollo: acusaron a David y Victoria de usar a su propia hija de 14 años como herramienta de marketing emocional.
Los Beckham, previsiblemente, salieron a desmentir todo. Una fuente cercana calificó los dichos de Brooklyn de “completa tontería y otra acusación falsa e injusta”. La familia luego posó unida cenando en Nobu, Malibú —con la tensión que The Sun se encargó de describir con lujo de detalles.
Todo esto ocurrió el mismo día en que David recibió su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, rodeado de Victoria, Harper, Romeo, Cruz, Tom Cruise y Eva Longoria. Brooklyn, en cambio, brilló por su ausencia. Como en cada evento importante de los últimos meses.
En enero, el hijo mayor había dinamitado el relato de la “familia perfecta” con un descargo brutal en Instagram: acusó a sus padres de sabotear su relación con Nicola desde antes de la boda, de filtrar mentiras a la prensa y de anteponer siempre “la marca Beckham” por encima de cualquier vínculo real. “No quiero reconciliarme con mi familia”, escribió, sin margen para la interpretación.
La guerra de los Beckham sigue. Y cada capítulo es peor que el anterior.
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