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Mel Brooks cumplió 100 “La risa es un grito de protesta contra la muerte”

Mel Brooks, el hacedor de “El joven frankenstein” y “Spaceballs”

Por Redacción

Hay una frase que Mel Brooks repite desde hace décadas como si fuera un mantra: “La risa es un grito de protesta contra la muerte”. No es una metáfora vacía. Para un chico judío criado en la pobreza en Brooklyn, huérfano de padre desde la infancia y curtido en los campos de la Segunda Guerra Mundial, el humor fue siempre una respuesta concreta, casi física, al horror del mundo. Este domingo Mel Brooks cumplió 100 años, y lo hizo con la coherencia de quien vivió exactamente como predicó.

Nacido el 28 de junio de 1926 como Melvin James Kaminsky —adoptó el apellido de soltera de su madre, Kate Brookman—, Brooks empezó haciendo monólogos como camarero en los escenarios de Catskill antes de convertirse en guionista de televisión bajo la tutela de Sid Caesar en el legendario programa “Your Show of Shows”. Ese aprendizaje en vivo, frente a cámara y sin red, moldeó una sensibilidad que mezclaría el absurdo más desopilante con una inteligencia sociológica pocas veces reconocida en los grandes estudios.

Su salto al cine lo hizo a lo grande. “Los productores” (1967), que escribió y dirigió, era una sátira sobre el nazismo tan audaz que parecía imposible de filmar: dos productores teatrales planean hacer fraude con una obra sobre Hitler destinada al fracaso. Le valió su primer Oscar al mejor guion original. Más de tres décadas después, la adaptó a Broadway y se llevó doce premios Tony, récord histórico para un musical.

Lo que siguió fue una filmografía que funciona como un catálogo del cine americano revisado con ternura y dinamita: “Locura en el Oeste” (1974) desmontó el western, “El joven Frankenstein” (1974) se burló del horror clásico con amor genuino, “Spaceballs” (1987) -que prepara una segunda parte- parodió a “Star Wars” antes de que la saga se tomara demasiado en serio a sí misma. En paralelo, con su productora Brooksfilms apostó por un cine radicalmente distinto: “El hombre elefante” de David Lynch, “La mosca” de Cronenberg. El hombre que hacía reír también sabía cuándo callarse.

Brooks es uno de los poquísimos artistas que completaron el llamado EGOT: Emmy, Grammy, Oscar y Tony. Cuatro pilares que en su caso no son trofeos decorativos sino la evidencia de una carrera sin compartimentos estancos. También recibió la Medalla Nacional de las Artes de manos de Barack Obama en 2016, y en 2010 inmortalizó sus manos y pies frente al Teatro Chino de Hollywood, donde tuvo la ocurrencia de usar una prótesis con seis dedos. Irreverencia hasta el final.

A los 100 años sigue activo, rodeado de sus cuatro hijos. Cuando le preguntan cuál es el secreto de una vida tan larga, responde con la economía de quien lleva décadas perfeccionando el remate: “No morir”.

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