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Neón, niebla y una segunda vida: Winding Refn vuelve al cine con “Su propio infierno”

Tras diez años lejos de la pantalla grande y una experiencia al borde de la muerte, el director de “Drive” estrena este jueves un thriller inclasificable con Sophie Thatcher y Charles Melton
Sophie Thatcher, protagonista de “Su propio infierno”

Por Redacción

Pasaron diez años desde “The Neon Demon”, y en ese tiempo Nicolas Winding Refn se dedicó a la televisión. Este jueves, el danés vuelve a las salas con “Su propio infierno”, un inventario de sus obsesiones: neón, violencia estilizada, cine dentro del cine y una realidad que se resquebraja escena tras escena.

La historia transcurre en una ciudad futurista cubierta por una niebla misteriosa, donde un grupo de actrices se prepara para filmar una película de ciencia ficción. Una de ellas es Elle (Sophie Thatcher), una estrella marcada por heridas familiares que queda frente a una situación límite cuando descubre que su mejor amiga, Hunter (Havana Rose Liu), va a casarse con su padre. En paralelo, una figura conocida como Leather Man comete crímenes brutales en los que las víctimas, antes de morir, gritan “¡Papá!”. Y por otro carril avanza Private K (Charles Melton), un soldado que busca venganza tras la desaparición de su hija.

Refn arma un rompecabezas de referencias: el mito de Orfeo, ecos de “Persona” de Bergman y el giallo italiano, con música de Pino Donaggio, el compositor de “Carrie”, que a los 84 años volvió a trabajar para el cine. Completan el elenco Kristine Froseth, Dougray Scott, el mexicano Diego Calva, Shioli Kutsuna, Aoi Yamada y Hidetoshi Nishijima.

Refn nunca llegó a cursar en la escuela de cine y la estructura de tres actos no le interesa. Prefiere pensar en el scroll de las redes, donde el algoritmo arma un relato que no tiene lógica pero igual engancha. Viene de lejos: llegó a Nueva York a los ocho años, sin hablar inglés, y descubrió el cine saltando de canal en canal frente al televisor. La película busca ese caleidoscopio, una instalación en la que se pasa de un mundo a otro, aunque hay un tema que los atraviesa a todos.

Además Refn filma siempre en orden cronológico, y eso le permitió reescribir el final sobre la marcha: empezó a disfrutar tanto del trabajo de Thatcher que quiso ver adónde lo llevaba un rumbo distinto. Lo comparó con pintar sobre un lienzo en blanco a partir de una idea que, al terminar, era otra cosa. “Me encanta el acto de crear. No estoy tan interesado en los resultados”, resumió.

Estrella en ascenso, Thatcher apareció durante un casting que llevó un año: la actriz de “Yellowjackets” y “Compañera perfecta”, habitué de las películas de clima intenso, apareció recién a los siete u ocho meses. Refn la compara con las estrellas de los años 30 y 40, con una mezcla de dulzura y actitud punk. “Cuando se enciende la cámara, se convierte en el centro de todo”, dijo. El nombre de su personaje, admite, es un guiño a Elle Fanning. A Melton lo descubrió gracias a su hija menor, que le mostró “Riverdale”: al verlo con campera de cuero y jopo supo que era su soldado. Para el papel de Froseth necesitaba a alguien capaz de caminar la cornisa entre lo serio y lo camp, y la audacia de Liu terminó volviendo dominante el vínculo entre Elle y su madrastra.

MORIR Y VOLVER

La película se estrenó en mayo, fuera de competencia en Cannes, con el saldo habitual de Refn en la Croisette: una ovación de siete minutos y una grieta entre fanáticos y detractores. Allí, el director defendió la sala como uno de los últimos lugares de encuentro colectivo en un mundo que, según él, la política dejó en ruinas.

En Cannes, Refn contó que sufrió un paro cardiorrespiratorio y estuvo más de veinte minutos clínicamente muerto. “Eso te cambia. Me trajeron de vuelta con electricidad”, dijo ante el público. Ya le habían advertido que podía morir en cuestión de semanas, y el diagnóstico fue una insuficiencia valvular: la sangre corría para atrás dentro de su corazón, algo que él mismo definió como poético. Al volver tuvo que reaprender a mover piernas y brazos, pero con treinta años de oficio encima, y con un mantra: hacer solo lo que le saliera por instinto.

A la revista Time Out le contó que después pudo ver el video de la cirugía y seguir la cámara hasta el interior de su corazón, una vivencia casi religiosa. De ahí surgió la pregunta de cuánto tiempo le queda, y la decisión de no hacer una sola cosa sino muchas a la vez. En ese sentido, contó que ahora no habrá que esperar otra década: ya dice tener planeados sus próximos cuatro años.

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