Patricia Palmer lleva años enamorada del teatro y si bien es reconocida por su trabajo televisivo, la artista destaca que su amor por las tablas va más allá. “Agradezco enormemente lo que la TV me dio, pero no nací ahí, el cine también me apasiona, pero suelo decir que la TV es como un marido y el teatro y el cine son amantes, otra adrenalina, el corazón late más fuerte, hay mariposas cada día. En el teatro siempre hay riesgo, siempre puede terminar en cualquier momento”, dice en diálogo con EL DIA.
Justamente, la artista se encuentra sumergida en una puesta teatral que la ilusiona desde hace tiempo: “Adán y Eva: ¡Un amor de aquellos!”, una obra de su autoría, inspirada en los textos de Mark Twain y en la que combina humor, ternura y una profunda reflexión sobre la vida en pareja. “Me interesa escribir sólo con humor. Creo que el humor es un vehículo maravilloso para la provocación, para la reflexión, para la interpelación, creo que no podría escribir profundamente sin humor, sin ironía, porque todo podría quedar en una simple bajada de línea y eso no me interesa, no me gusta decirle a la gente lo que tiene que pensar, no tengo autoridad, ni siquiera me interesa decirle que es lo que yo pienso porque la mayoría de las veces no lo sé, tengo más preguntas que respuestas. Me encanta la provocación de que cada uno piense lo que quiera, lo que más le conviene, lo que más le cuadra, creo que en general la vida no es una fórmula, no existen teoremas de existencia, afortunadamente”, aclara la intérprete.
En esta comedia romántica, que se presentará mañana a las 21 horas en Teatro La Nonna, 3 esquina 47, la actriz comparte escenario con Mario Pasik con quien ya había trabajado tiempo atrás. “Es un compañero ideal del cual no quisiera separarme nunca”, elogia Palmer.
-La obra parte de una historia universal, pero termina hablando de vínculos muy actuales. ¿Qué fue lo primero que te interesó explorar?
-Comencé a escribir la historia de Mario y Mariela, un matrimonio que lleva 44 años de casados y dos de separados, y se juntan para terminar de decidir el divorcio, ya cada uno tiene otra pareja. Se han amado tanto que siempre hay una emoción en ese encuentro. Cada uno fue el gran amor de la vida del otro. En esta ocasión de verse después de dos años, que proporciona una nieta en común, salen a la luz viejas deudas que intentan saldar de alguna manera. Me provoca escribir esto la vida misma, la mía sobre todo. Interrogarme cómo puede ser que un amor de aquellos haya desaparecido por un malentendido, por la falta de comunicación, por la estupidez humana de la que todos adolecemos. Me interesó explorar cómo, a pesar de los grandes adelantos tecnológicos, las personas seguimos siendo aquellos primitivos que sólo desean amar y ser amados, pertenecer y que te pertenezcan, como si esa necesidad de clan, de manada, permaneciera intacta a través de los milenios.
-La puesta toma textos de Mark Twain, pero vos construiste una historia propia alrededor de ellos. ¿Qué fue lo que necesitabas cambiar para sentir que esa historia también tenía algo que decirte a vos?
-Necesité que mi historia se sintiera atravesada por la de Adán y Eva. Marc Twain escribió primero “El diario de Adán” en 1893, con mucho humor, diez años después muere su esposa, su gran amor y es entonces que escribe “El diario de Eva”, ya con otra pincelada más emotiva, más profunda. Ambos textos bellos, pero muy frondosos, literatura, cuentos; faltaba dramaturgia, un diálogo más cercano, más real. Fue interesante adaptar a este tiempo esas mismas voces. Al decir de Shakespeare, “un hombre son todos los hombres” refiriéndonos a la especie humana, no al género, claro.
-La obra habla de amor, pero también de desencuentros, secretos y cosas que nunca se dijeron. ¿Por qué muchas veces necesitamos que pase el tiempo para poder decir lo que sentimos?
-Necesitamos que pase el tiempo para permitirnos expresar los sentimientos porque esa distancia nos da cuenta de lo que es real, lo que perdura, lo eterno, el amor. “Sólo valoramos lo ya hemos perdido”, dice Eva en un momento. Quizá darnos cuenta de la finitud nos hace más verdaderos; las emociones “cotillón”, como el orgullo o la vanidad, desaparecen y como si fuera una cebolla, cada año te va acercando al corazón del asunto, a lo que realmente perdura.
-¿Qué descubriste trabajando con Mario Pasik en esta obra? ¿Cómo fue construir esa química entre dos personajes que tienen tanta historia compartida?
-Es fácil trabajar juntos. Tenemos los mismos códigos, tanto en la ética de la vida como en lo laboral. En ese momento de la obra y sólo mientras dura la obra, no hay duda, nos amamos, nos deseamos y nos dolemos por no habernos cuidado el uno al otro. Es tan solo en ese momento de la obra, por supuesto; luego cada uno tiene su vida y sus amores, pero es mágico que mientras hacemos la pieza, nuestras vidas tienen una historia en común, una familia y un gran amor vivido. Esa verdad teatral se produce cuando los actores ponen por delante el espectáculo, los personajes y no sus egos.
-Diego Ramos está a cargo de la dirección. ¿Cómo fue el trabajo en conjunto y qué mirada aportó a la construcción de la pieza?
-Diego aportó frescura, humor y una puesta precisa. Creo que el talento sin disciplina corre el riesgo de desaparecer. Diego le puso eso que necesita la obra para suceder sin riesgo alguno.
-Después de tantos años de trayectoria como actriz, directora y dramaturga, ¿qué diferencia hay entre interpretar un texto ajeno y subirte al escenario con una historia que vos misma escribiste?
-Cuando me subo al escenario a actuar el texto da igual que haya sido escrito por mí o por otro dramaturgo; es indistinto. Una vez que entrego el libro, siento que ya no me pertenece y que solo le pertenece a los personajes.
-Van a llegar a Teatro La Nonna, ¿qué significa para vos traer esta historia a un espacio y a una Ciudad con una tradición teatral tan fuerte?
-Amo La Plata, por varias razones familiares que me conmueven mucho. Por otra parte, siento que el público platense es de una exigencia particular, no les gusta lo fácil, lo chabacano, lo improvisado. He venido varias veces y me reconozco un poco en ese público. Todo un desafío, hay una historia teatral muy fuerte. Me encanta, me hace interesante el “medir” el espectáculo.
“Hacer teatro tiene otra adrenalina, el corazón late más fuerte y hay mariposas cada día”
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