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Piero: adiós al cantor de la gente

El autor de “Mi viejo” y “Para el pueblo lo que es del pueblo” murió ayer a los 81 años. Nacido en Italia y criado en Argentina, construyó durante más de seis décadas una obra atravesada por la ternura, la denuncia social, el compromiso político y las historias cotidianas
Piero dejó una obra marcada por la sensibilidad y el compromiso social, con canciones que atravesaron generaciones y se convirtieron en himnos latinoamericanos

Por Redacción

Piero De Benedictis, una de las voces fundamentales de la canción popular latinoamericana y autor de temas que acompañaron a varias generaciones, murió ayer a los 81 años. Cantautor de la ternura y de la protesta, capaz de convertir la relación entre un padre y un hijo en “Mi viejo” y la desigualdad de una época en “Para el pueblo lo que es del pueblo”, hizo de las historias de la gente común la materia de sus canciones. Había nacido en Italia, pero fue en la Argentina donde construyó su identidad artística y desarrolló la mayor parte de una trayectoria de más de seis décadas que se extendió por todo el continente.

El músico atravesaba desde hacía tiempo problemas de salud y permanecía internado en el Hospital Italiano de Buenos Aires. En 2023 había sido hospitalizado de urgencia en Ecuador debido a una infección respiratoria. Su fallecimiento fue confirmado ayer por su familia a través de las redes sociales oficiales del artista.

SUS INICIOS

Piero Antonio Franco De Benedictis había nacido el 19 de abril de 1945 en Gallipoli, en la región italiana de Apulia. Tenía apenas tres años cuando llegó con su familia a la Argentina. Vivió primero en Banfield y después en Allen, Río Negro, antes de regresar a Buenos Aires durante su juventud.

Por entonces hubo un destino que pareció posible antes que la música: el sacerdocio. Ingresó al Seminario de Devoto, aunque aquella experiencia terminaría acercándolo, paradójicamente, a su verdadera vocación. Allí realizó en 1964 una de sus primeras grabaciones y ese mismo año debutó en televisión.

Después llegaron las versiones de canciones italianas, los programas musicales y el circuito porteño por el que circulaban muchos de los jóvenes intérpretes que buscaban abrirse camino en los años 60.

Pero el momento decisivo se produjo en 1968, cuando conoció al periodista, escritor y poeta José Tcherkaski. De aquel encuentro nació una de las sociedades creativas más importantes de la canción popular argentina. Piero aportaba fundamentalmente la música y la interpretación; José, una poesía construida con personajes reconocibles, escenas cotidianas y una mirada cada vez más atenta a las desigualdades de su tiempo.

UNA CANCIÓN PARA “EL VIEJO”

De esa sociedad surgió la canción que acompañaría a Piero durante toda su vida. “Mi viejo” nació de los recuerdos de Tcherkaski sobre su padre, Mario, un inmigrante ruso de origen judío que había muerto a los 52 años, cuando José tenía apenas 14. Piero le puso música a aquel retrato y convirtió sus versos en una interpretación que terminaría trascendiendo largamente a sus autores.

El propio Piero recordaría muchos años después cómo ambos se reunían a componer en el pequeño departamento de Tcherkaski. Querían escribir sobre el padre sin caer en una canción convencionalmente sentimental. Cuando estuvo terminada, Piero fue a cantársela a Lino, su propio padre. Nunca lo había visto llorar hasta ese momento.

Publicada en 1969, “Mi viejo” terminó transformándose en un fenómeno y fue grabada por cientos de intérpretes.

Después aparecieron “Tengo la piel cansada de la tarde”, “Llegando, llegaste”, “Juan Boliche” y, en 1970, “Pedro Nadie”, con la que obtuvo el primer puesto y los tres Gallos de Oro del Festival Internacional da Canção de Río de Janeiro. Era el comienzo de una transformación: detrás del baladista empezaba a aparecer con creciente nitidez el cantor social.

Durante los primeros años de la década del 70, esa dimensión política se volvió central. Discos como “Coplas de mi país” y “Para el pueblo lo que es del pueblo” incorporaron de manera explícita la desigualdad, la violencia política, las persecuciones y los conflictos que atravesaban a la Argentina y a América Latina.

“Coplas de mi país”, “Los americanos”, “Que se vayan ellos” y especialmente “Para el pueblo lo que es del pueblo” hicieron de Piero una de las voces identificadas con la canción de protesta de aquellos años.

Esa exposición también tuvo consecuencias. En los años previos al golpe de Estado de 1976 sufrió amenazas y denunció un intento de secuestro. Con la dictadura ya instalada debió abandonar la Argentina. Su salida incluyó estadías en Italia y España.

Regresó al país en 1981, cuando el régimen militar ingresaba en su etapa final. Aquella vuelta fue celebrada con una serie de presentaciones registradas en “Calor humano” y abrió otra etapa de su carrera, a la que pertenecieron trabajos como “Canto de la ternura”, “Un hombre común”, “Qué generosa sos, mi tierra”, “El regalao” y “Las galaxias nos miran”.

También hubo un Piero dedicado a los chicos. “La sinfonía inconclusa en la mar” se convirtió en una de sus obras más singulares y sobrevivió durante décadas a través de nuevas versiones y montajes.

Su relación con Colombia fue especialmente profunda. Viajó innumerables veces, desarrolló allí una parte importante de su actividad y recibió la ciudadanía de ese país. Para entonces, Piero ya era mucho más que un cantante argentino: su público se extendía por buena parte de América Latina.

DEL CINE A LA FUNCIÓN PÚBLICA

Su recorrido tampoco se limitó a los discos y los escenarios. En 1970 apareció como actor en “El profesor patagónico”, la película protagonizada por Luis Sandrini, en la que interpretó a un joven sacerdote llamado Raúl. La historia tenía un inevitable eco de su propia juventud y permitió, además, que algunas de sus canciones, entre ellas “Llegando, llegaste” y “Mi viejo”, llegaron también al cine.

Con los años desarrolló proyectos sociales y educativos vinculados con jóvenes, la ecología, la agricultura orgánica y la producción comunitaria. En la segunda mitad de los años 80 impulsó granjas educativas y ecológicas destinadas a adolescentes de sectores vulnerables.

También tuvo un paso por la función pública bonaerense como secretario de Cultura durante la gobernación de Eduardo Duhalde, otra expresión de una vocación por intervenir en los asuntos colectivos que había atravesado buena parte de sus canciones.

A lo largo de su carrera compartió proyectos y escenarios con figuras como Mercedes Sosa, León Gieco, Fito Páez, Lito Vitale, Pablo Milanés, Juan Carlos Baglietto y Marilina Ross.

Los reconocimientos acompañaron aquel recorrido. En 1985 recibió el Diploma al Mérito de los Premios Konex como baladista y, en 2016, la Academia Latina de la Grabación le concedió el Premio a la Excelencia Musical, como reconocimiento a una trayectoria de más de cinco décadas.

UNA VOZ QUE LLEGÓ HASTA PARÍS

Piero se mantuvo activo prácticamente hasta el final. Y una de sus últimas apariciones públicas terminó trazando, de manera inesperada, un puente entre sus comienzos y el presente.

Días antes de su muerte contó con entusiasmo que la casa Saint Laurent y su director creativo, Anthony Vaccarello, habían elegido su voz para abrir el desfile de la colección Verano 2027 en París. La canción seleccionada fue “Io Vengo”, la versión italiana de “Yo vengo”, uno de los temas de los comienzos de su carrera.

Es muy fuerte escuchar mi voz allí en el inicio del desfile”, escribió Piero al compartir las imágenes. Con la Torre Eiffel iluminada de fondo, aquella grabación de juventud volvía a sonar décadas después, antes de transformarse en una base electrónica.

El episodio tenía para él un significado especial. “Io Vengo” remitía a sus raíces italianas y hablaba de aquello que atravesó buena parte de su obra: los orígenes humildes, el barrio, las calles angostas y la gente común. “La música tiene esos puentes que abrazan caminos tan diversos”, escribió al agradecer la elección.

Piero tuvo cuatro hijos. De su primer matrimonio, con María Laura Lampreabe, nacieron Mariano, que murió cuando tenía apenas 40 días, y Juan De Benedictis, actor y músico y padre de Ámbar De Benedictis. Más tarde, junto a Mariana Schettini, fue padre de Fiorella y Giuliano.

Fue su familia la que ayer confirmó la noticia y puso las últimas palabras a una historia de más de seis décadas de música: “Buen viaje querido Piero”.

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