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Poeta rebelde: el legado inmortal de sus letras

El músico construyó una obra cargada de simbolismos, crítica social y referencias culturales que desafían interpretaciones

“Ni bien termino de escribir una letra soy un testigo más”, dijo el indio en una entrevista

Por Redacción

Sin explicaciones detalladas y con mucha poesía y metáforas, Carlos Alberto “El Indio” Solari construyó una lírica que marcó generaciones y lo definió como un escritor musical insoslayable y complejo.

La ebullición de su trabajo como letrista tuvo su epicentro en La Plata y con Los Redondos, en donde su poética contracultural se fusionaría con el concepto revolucionario de la autogestión y la creación de un movimiento que hoy lo trasciende todo y reposa en los miles de fanáticos, en las personas que crecieron escuchando su música, un muestreo inevitable y poderoso dentro de nuestro rock.

Así como Solari cuidó su intimidad con recelo, su música guardó también ese misterio, y fueron pocas las oportunidades en las el Indio quiso brindar una orientación certera; sin embargo, algo en lo que coinciden los amantes de su música es que les abrió la puerta a nuevos universos, en donde el lunfardo se mezcla con la filosofía y la historia, la protesta social y las críticas hacia el poder.

Sobre este misterio, ahora convertido en mito que son sus letras, el Indio se permitió reflexionar en algunas ocasiones, dejando entrever las cuestiones que entraban en juego, en un razonamiento bastante lógico. “Ni bien termino de escribir una letra soy un testigo más, son momentos, son impresiones que uno vomita casi sin saber cuál es el motivo, uno es un vehículo de eso... y después las mira y tiene interpretaciones. Inclusive después la gente las interpreta de otra manera y te las cuenta y son tan ricas como la tuya. Yo creo que la parte fundamental de la poesía es ese estímulo que te da, es lo más cercano a la música, es casi pura forma, es como la interpretación de la música”, analizaba en una entrevista de 1991 para la revista Rock & Pop.

“Uno puede darse por contento al escribir una letra o una poesía de ese tipo, y después volver a cantar esa canción quince o veinte años después de que la compusiste y ver que no ha perdido vigencia, que no ha estado atada a visiones muy particulares de un momento determinado y que quince años después uno pueda cantarla y todavía haya gente que resuene con ella”, agregaba.

Masividad, modas y el paso del tiempo

“Esto es efímero, ahora efímero. Como corre el tiempo! Tic-Tac efímero Luces efímeras Pero te creo... Es casi hipnótico, El tic no alcanza a tac, Ni me moja el paladar. ¡El grito efímero! ¡El ritmo efímero! Pero te creo”, cantaba Solari en “Ya nadie va a escuchar tu remera” canción del disco Oktubre en donde reflexionaba sobre el paso del tiempo, lo efímero de las modas y en cómo las tendencias terminan por “secuestrarte”. El tema tiene 40 años, pero profundiza sobre una cuestión clave en el imaginario del propio Indio, quien en entrevistas reconocía que vivía inmerso en el presente: “No me gusta ni el pasado ni el futuro. El pasado porque ya no tenemos la posibilidad de hacer nada con él. Y el futuro es una aventura de la imaginación”, decía.

Pero también el tema puede tomarse como una reconversión del propio fenómeno que Solari generó, en donde su música no fue una moda pasajera y olvidada, un viejo rock que escuchan los que ya dejaron los años de juventud, sino todo lo contrario: no hay nada efímero en su obra, sino una vigencia absoluta y recuperable en quienes recurren a ese pasado.

Esta crítica dentro de su prosa también se vio replicada previamente en “La Bestia Pop” (Gulp!, 1985) en donde se habla sobre cómo el sistema absorbe la rebeldía juvenil, la empaqueta y la vende como un producto. En “Noticias de Ayer” (Un Baión para el Ojo Idiota, 1988), el músico analiza el consumo rápido de información, el amarillismo mediático y cómo las novedades se vuelven obsoletas de un día para el otro.

Luego, en su etapa solista, el Indio apunta contra la frivolidad del ambiente artístico, las celebridades, las entregas de premios y la falsedad del llamado “underground” cuando busca el aplauso masivo. En “El Tesoro de los Inocentes” (2004), el Indio retrata la alienación de las personas atrapadas en el engranaje corporativo y ese espíritu que se termina perdiendo en el individualismo. “Si no hay amor que no haya nada entonces, alma mía ¡no vas a regatear!”, canta en una de sus frases emblemáticas junto a una dulce melodía en donde también apunta: “Juegan a ‘primero yo’ y después a ‘también yo’ y a ‘las migas para mí’ y cierran el juego porque ya saben que... el tonto nunca puede oler al diablo (¡vida mía!) ni si caga en su nariz”.

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