TEMAS DE HOY:
PUBLICIDAD

Quisiera ver a Oliver para siempre: “Supercampeones”, la saga que nunca termina

Aunque el autor anunció el final de la historieta tras más de 40 años, la historia sigue en las pantallas y las consolas

Por Redacción

En los albores de internet se tejió un mito: “Captain Tsubasa”, que los de más de 30 conocimos como “Supercampeones”, terminaba con su protagonista, Oliver Atom, despertando en la cama; todo había sido un sueño, y aquel camión que lo pisaba en el primer episodio cuando corrió detrás de una pelota lo había dejado sin piernas.

Aunque durante años muchos creyeron que era verdad, era un final apócrifo. De hecho, el final acaba de escribirse: la historia de “Captain Tsubasa” nació en formato historieta, en 1981, y se siguió contando durante más de cuatro décadas, hasta el presente. Pero el final es apenas el inicio para esta saga que, convertida ahora en un fenómeno global, sigue su vida en diversas pantallas. En enero de 2024 la editorial Shueisha anunció lo impensado —el final del manga— y desde entonces la franquicia no hizo otra cosa que crecer.

El 4 de abril de 2024 salió el número 20 y último de la “Captain Tsubasa Magazine”, y con él se cerró una serialización en papel que había arrancado en 1981 en la “Weekly Shonen Jump”. En la carta de despedida a sus lectores, Yoichi Takahashi escribió: “No fue una decisión fácil, pero espero que comprendan mi decisión”.

Las razones fueron menos épicas que cualquier final suyo: el cuerpo. A los 63 años, el autor acusaba presbicia, mareos y una lentitud incompatible con el ritmo demencial de la industria. Pero hubo otro motivo, más melancólico: la digitalización. Takahashi dibuja a mano, y a mano ya casi no dibuja nadie. “Actualmente hay menos personal para realizar tareas de forma analógica”, explicó en su estudio de Tokio.

La cuenta que lo terminó de convencer fue brutal: al ritmo que podía sostener, cerrar la historia le iba a llevar más de cuarenta años. “Estaba convencido de que ya era imposible para mí seguir haciendo manga”, admitió. Y sin embargo: “Me retiro como dibujante de manga, pero sigo disfrutando de dibujar”.

La salida que encontró es, para cualquier fanático del proceso creativo, fascinante. Takahashi decidió publicar la historia en formato “name”: el borrador a lápiz, sin entintar, sin tramas, tal como lo hacía de chico en un cuaderno en blanco. Desde julio de 2024 esos storyboards se publican semanalmente en el sitio Captain Tsubasa WORLD bajo el título “Rising Sun FINALS”.

Takahashi se retiró y volvió a trabajar todas las semanas. En mayo pasado, el capítulo 100 cerró la semifinal olímpica entre Japón y España —definida por penales, después de una prórroga y del nacimiento en paralelo de los mellizos de Tsubasa y Sanae— y recién ahí la serie entró en pausa. La final contra Brasil, el final-final, sigue esperando.

Ahora, que Tsubasa siga vivo tiene menos que ver con el papel que con la pantalla. Cada década tuvo su anime y, por lo tanto, su generación de fanáticos que practicaron hasta la lesión las jugadas de Oliver y compañía. La de 1983 fue la que llegó a la Argentina como “Supercampeones” y grabó a fuego el imaginario: Oliver, Benji, Steve, Tom, el arco que se rompe, “el balón es mi amigo”. La de 1994 se vio un par de años después en Argentina, ya en la televisión por cable, y llevó a esos chicos que jugaban en la escuela a disputar partidos con la selección juvenil, buscando clasificar al Mundial (en la historieta, la historia iba más allá y Japón se consagraba campeón juvenil). En 2001, “Road to 2002” actualizó todo para la fiebre del Mundial de Corea-Japón. En 2018 llegó el reboot que volvió a contar la historia desde cero (aunque en rigor, todas las series tuvieron capítulos dedicados a los días del Niupi, el equipo de la infancia de Oliver). Y en octubre de 2023 se estrenó “Junior Youth Arc”: 39 episodios de Studio KAI que adaptan el mítico torneo internacional de París, ese donde Japón se cruza con la Alemania de Schneider y la Francia de Pierre (en rigor, una versión moderna de “Shin Captain Tsubasa”, 13 capítulos de la serie original que fueron directo a video pero que en Argentina se vieron por tevé). Está en Netflix y en Crunchyroll.

Acá el manga original circula gracias a Ivrea, que desde 2020 publicó los 21 tomos de la edición “bunko”. Las continuaciones, en cambio, están trabadas por un motivo prosaico: las marcas de fútbol reales que aparecen en “World Youth” (el arco favorito de los lectores) complican la licencia fuera de Japón.

MÁS ALLÁ DE LA TEVÉ

Pero hace rato que “Captain Tsubasa” es una franquicia multimedia que genera millones por fuera de las series y la historieta. Hace rato es furor un juego para celulares. “Dream Team”, que sigue organizando su torneo mundial con premios millonarios, y además están el “Captain Tsubasa Zero” y el “Captain Tsubasa: Ace”, con su liga permanente de PvP.

En consolas, el plato fuerte llega en dos semanas: “Captain Tsubasa 2: World Fighters” se lanza el 28 de agosto. Secuela de aquel “Rise of New Champions” de 2020, trae 22 selecciones.

El modo historia adapta, justamente, el arco World Youth, donde Japón se cruza con Brasil, Argentina, México, Uruguay, Camerún, Suecia y Holanda.

Y hay más. Desde junio, además, gira por el mundo la muestra “Captain Tsubasa – One World One Team Art Exhibition 2026”, de la galería tokiota GAAAT: originales de Takahashi, obra derivada y merchandising, con paradas en más de diez ciudades a lo largo de un año. Ya pasó por San Francisco y Nueva York.

Y está el club. Takahashi es dueño y presidente de uno real: en 2013 rebautizó al Katsushika Vitoard con el nombre del colegio de Tsubasa, lo compró en 2019 y desde entonces lo empuja hacia arriba. El Nankatsu SC juega hoy en la Primera de la Liga de Kanto —quinto escalón del fútbol japonés— con el sueño explícito de llegar a la J.League, y fichó a internacionales como Junichi Inamoto y Yasuyuki Konno. La ficción financiando a la realidad, o al revés.

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Registrate gratis para seguir leyendo

Ya leíste varias notas de El Día. Creá tu cuenta gratuita y seguí accediendo al contenido del diario.

¿Ya tenés cuenta? Ingresar

Has alcanzado el límite de notas gratuitas

Suscribite a uno de nuestros planes digitales y seguí disfrutando todo el contenido de El Día sin restricciones.

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme

ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES

Para disfrutar este artículo, análisis y más, por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales

¿Ya tiene suscripción? Ingresar

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme
PUBLICIDAD
' + '

' + safeMsg + '

' + '' + ''; function close() { overlay.classList.remove('qp-visible'); setTimeout(function () { overlay.parentNode && overlay.parentNode.removeChild(overlay); }, 200); } overlay.querySelector('.qp-modal-btn').addEventListener('click', close); overlay.addEventListener('click', function (e) { if (e.target === overlay) close(); }); document.addEventListener('keydown', function onKey(e) { if (e.key === 'Escape') { close(); document.removeEventListener('keydown', onKey); } }); document.body.appendChild(overlay); // Trigger reflow for transition overlay.offsetHeight; overlay.classList.add('qp-visible'); } if (document.readyState === 'loading') { document.addEventListener('DOMContentLoaded', show); } else { show(); } } catch (e) { /* fail silently */ } })();