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“Rapado”: la película que anticipó el Nuevo Cine Argentino cumple 30 años

Tres décadas después del estreno (local) del primer largometraje de Martín Rejtman, se vuelve a proyectar en La Plata
“Rapado”, de martín rejtman, se proyectará mañana a las 20 en el Centro Cultural Islas Malvinas

pgaray@eldia.com

Cuando “Rapado” se estrenó en Argentina, aterrizó como una especie de ovni, inaugurando, tal vez sin querer, una década de cine hecho con poco, con personajes que habitaban los márgenes urbanos, con silencios. “Sabíamos que estábamos haciendo algo raro”, cuenta Martín Rejtman entre risas sobre su primer largometraje. Y eso que la película llegó al país cuatro años después de su estreno en festivales: se cumplen en agosto 30 años del estreno local de “Rapado”, una película que Rejtman mostró en los festivales de Locarno y Rotterdam en 1992.

Rejtman tenía entonces 31 años, había filmado el corto “Dolly volvió a casa” y se lanzó a realizar su primer largometraje con lo que consiguiera. En Argentina no había demasiada chance de que financiaran la aventura de un director joven, en el marco de un cine nacional inflado, de narrativas repetitivas, agonizantes. Así que “Rapado”, que se proyectará este miércoles en La Plata (Centro Cultural Islas Malvinas, 20 horas) se hizo atando alambres, como es costumbre, abriendo la puerta otra vez a un cine independiente nacional: la película se realizó con un equipo técnico de amigos, o amigos de amigos, e incluyó a varios grandes artistas del futuro, entonces jovencitos haciendo sus primeros bolos, desde Rosario Bléfari, luego protagonista de “Silvia Prieto”, a Emmanuel Horvilleur, Verónica Llinás, Néstor Frenkel y Lucas Martí.

“Había una cosa de familia”, cuenta Rejtman, aunque agrega que “en realidad pasa en todas las películas, que nos convertimos en familia durante el tiempo de rodaje, y el rodaje es una especie de viaje que hacés con esa familia que acabás de conseguir, y que cada día se afianza un poco más: hay algo que pasa en la comunicación que, a la segunda semana, ya no hace falta hablar de algunas cosas, todo el mundo sabe lo que hay que hacer sin explicaciones”.

Para pagarles, Rejtman consiguió fondos en Europa: y consiguió que la Hubert Bals Fund, una fundación que apoya al cine del Sur, aportara a la causa. “En ese momento no era muy conocida, y era mucho menos burocrática que ahora. Hoy en día se presentan muchas más películas. Bueno, se filman muchas más películas. Pero en ese momento, yo estaba en Europa, buscando plata para hacer ‘Rapado’, me acerqué a ese lugar y me atendió el director de la fundación. Miró el guion de la película y me dieron 15 mil dólares. Sin leer el guion”, relata Rejtman. “Es algo que no existe más, hoy conseguir fondos es muy competitivo, tenés que presentar miles de carpetas, textos un poco ridículos como por ejemplo tu motivación para hacer la película… Era un momento donde las cosas se hacían de otra manera”.

El dinero era para desarrollo del proyecto (terminar el guion, realizar ajustes previos al rodaje) “pero lo usamos para el rodaje, de todas maneras”, se ríe Rejtman. Esos 15 mil dólares, entre el 10 y el 20% del total que costó hacer la película, “sirvió mucho. Pero sirve además que alguien te de un poco de dinero para que otra gente confíe en el proyecto y se sume”.

Rejtman también acudió a la tevé española, que había coproducido varias de las películas industriales que se habían hecho en Argentina en esos años, sin éxito. Una peripecia que ofrece una ventana a cómo se intentaba hacer algo inédito en aquel momento: cine de pequeño presupuesto en Argentina. “De todos modos, hice la película como quería hacerla”, avisa Rejtman. “El guion no requiere de una producción muy grande. Cuando escribo, escribo ya pensando en cómo voy a filmar, en las condiciones que voy a tener. Y de todas formas es lo que me gusta hacer, no me gusta meterme en producciones muy grandes, con extras y cosas… No es mi forma de abordar el cine: no es que la falta de plata me condicionó, de hecho escribí el guion antes de saber si iba a tener o no plata. Si hubiéramos conseguido más plata, quizás la gente habría cobrado un poco mejor, yo hubiera hecho un poco de plata, pero la película hubiera sido la misma”.

“Sabía que estaba haciendo algo que no tenía que ver con lo que se estaba haciendo”

- La película se estrenó en un contexto donde el cine nacional era bien diferente: en ese marco apareció una película con silencios, otro tipo de diálogos y peripecias… ¿Pensaste “Rapado” en contraposición a las películas argentinas de esa época?

- Bueno, un poco sí, pero más que “en contra de”, no encontraba nada en ese cine que se hacía antes que me inspirara, que me gustara, nada de dónde agarrarme. Era un cine que no me llamaba la atención. Pero no fue mi intención hacer una película del cine argentino de esa época porque ¿quién soy yo para hacer eso, para ponerme en ese rol de justiciero? Sí sabía que estaba haciendo algo que no tenía que ver con lo que se estaba haciendo, porque no me interesaba lo que se estaba haciendo y quise hacer otra cosa. Era difícil, en ese momento, hacer otra cosa: había una idea del cine como algo industrial. Se hacían muchos bodrios también, pero no daban un mango, no tenían espectadores, pero estaban filmadas en un esquema industrial. Me acuerdo en una reunión de la DAC, un director decía que había que reivindicar películas más independientes, como la Nouvelle Vague… y era uno, los demás casi lo insultaban por decir eso. Era un momento donde el cine se filmaba en 35mm con equipos sindicalizados, el 90% de la producción era así. Después eso se atomizó, pero en ese momento estaba muy cristalizado ese método. Yo hice mi intento de entrar en esa industria, trabajé con Juan Carlos Desanzo en dos películas, fue una experiencia buenísima, me sirvió en mi formación… pero quería hacer otro tipo de cosas. De hecho, recuerdo que a Desanzo le mostré mi primer corto, “Dolly volvió a casa”, y el tipo era muy sensible y entendió de qué se trataba… Bueno, él había hecho fotografía en películas de Favio, hacía policiales pero tenía una sensibilidad especial.

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