TEMAS DE HOY:
PUBLICIDAD

“Rosebush Pruning”: Hollywood sigue invitando a “comerse a los ricos”

En su nueva película, que se estrena en Mubi, Karim Aïnouz se suma a un género en boga: el cine que ataca la opulencia del 1%
La nueva película de Karim Aïnouz es otra sátira más de los ricos y poderosos. En Mubi desde el viernes

Por Redacción

Desde este viernes, la plataforma Mubi estrena “Rosebush Pruning”, la nueva película de Karim Aïnouz: una sátira feroz sobre una familia millonaria que se descompone bajo el sol catalán. Y también, admitámoslo, la enésima entrega de un género que ya tiene góndola propia en el streaming: el “eat the rich”, como lo llaman en el hemisferio norte.

“Cómanse a los ricos”: la frase se le atribuye a Rousseau —cuando el pueblo no tenga qué comer, se comerá a los ricos— y en la última década pasó de consigna revolucionaria a fórmula de producción. En este caso, la película sigue a cuatro acaudalados hermanos estadounidenses —Jack (Jamie Bell), Ed (Callum Turner), Anna (Riley Keough) y Robert (Lukas Gage)— que viven encerrados en una villa opulenta, sostenidos por una fortuna heredada que los libera de cualquier obligación con el mundo exterior. Los vigila un padre ciego (Tracy Letts), y la llegada de Martha (Elle Fanning), la nueva pareja de Jack, desarma el delicado equilibrio familiar. Ronda además la madre, interpretada por Pamela Anderson, cuya presencia se sigue metiendo en la casa pese a haber muerto, aparentemente, devorada por lobos. Ed hace de narrador y despacha a su propia familia con una definición que podría enmarcarse: “vagos, mediocres, egoístas huecos”.

Aïnouz —el brasileño de “La vida invisible” y “Motel Destino”— parte de “Las manos en los bolsillos” (1965), ópera prima de Marco Bellocchio, y le suma el guion de Efthimis Filippou, colaborador de Yorgos Lanthimos en “Langosta” y “El sacrificio del ciervo sagrado”. El cóctel rinde exactamente lo que promete: incesto, crueldad, colores saturados y humor muy negro.

El director contó que la película de Bellocchio le sonaba a “los hermanos Grimm tras consumir ácido”. Bell, más sintético, habló del “absurdo operístico” que se despliega en pantalla. El que puso el subrayado político fue Letts. En la conferencia de prensa de la Berlinale, donde el film compitió por el Oso de Oro, dijo que “esta disparidad extrema de riqueza genera malos comportamientos” y que esa situación “probablemente crea fascismo”.

LA MODA

En ese sentido, que la película llegue con la etiqueta de “el nuevo Saltburn” no es casualidad: es el atajo publicitario de toda una década. “Succession” convirtió la pelea por la herencia en tragedia isabelina con jets privados. “The White Lotus” hizo del resort de lujo un ecosistema del lujo vulgar. “El menú” liquidó comensales en pasos degustación. “El triángulo de la tristeza” le hizo vomitar un yate entero a Ruben Östlund. “Glass Onion” se rió del millonario visionario sin una sola idea propia. Y “Parasite”, que no es de Hollywood, se llevó el Oscar de Hollywood en 2020: ninguna casualidad (para algunos, los corazones sangrantes de Hollywood expiando sus culpas).

¿Por qué justo ahora? Estas sátiras crecieron por motivos obvios, a partir de la fama de figuras que bien podrían ser sus protagonistas. Es una época de billonarios excéntricos y de actos públicos bastante crueles y egocéntricos. Agreguemos la aritmética: la desigualdad post-2008, una pandemia que encontró a unos en parques privados y a otros en monoambientes (o peor), y redes sociales que convirtieron la ostentación en contenido diario y gratuito. Nunca vimos con tanto detalle cómo viven los ricos. Nunca nos cayeron peor.

Ahí está la trampa deliciosa del género: quién paga la venganza. Estas ficciones se filman en mansiones reales, con vestuario de diseñador y una fotografía que vuelve el privilegio más deseable que repulsivo. Uno mira ropa carísima durante 94 minutos y se va a dormir tranquilo porque, técnicamente, era una crítica social. “Eat the rich” servido en vajilla de porcelana.

Aïnouz, al menos, es explícito con la metáfora: las personas son rosas, las familias son rosales, y los rosales necesitan poda. La duda que deja la película —y el género entero— es si alguien piensa agarrar la tijera alguna vez, o si preferimos seguir mirando el jardín desde el sillón.

Las noticias locales nunca fueron tan importantes
SUSCRIBITE a esta promo especial
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

Registrate gratis para seguir leyendo

Ya leíste varias notas de El Día. Creá tu cuenta gratuita y seguí accediendo al contenido del diario.

¿Ya tenés cuenta? Ingresar

Has alcanzado el límite de notas gratuitas

Suscribite a uno de nuestros planes digitales y seguí disfrutando todo el contenido de El Día sin restricciones.

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme

ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES

Para disfrutar este artículo, análisis y más, por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales

¿Ya tiene suscripción? Ingresar

Básico Promocional mensual

$570/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Suscribirme

Full Promocional mensual

$740/ mes

Acceso ilimitado a www.eldia.com

Acceso a la versión PDF

Beneficios Club El Día

Suscribirme
PUBLICIDAD