En “Santa Mesa”, una mujer arma y desarma diferentes mesas en busca de desandar su propia historia mientras plantea una mirada colectiva de lo que es el encuentro con otros y cómo podemos construir colectivamente. Se trata de un unipersonal donde la memoria, la comida casera y el teatro se encuentran. Allí, en escena y detrás de ella, está María Agustina Ruiz Barrea, actriz y dramaturga de esta pieza teatral dirigida por Manuel Mansilla y que llegará el viernes a la Ciudad.
“La puesta nace de querer descubrir o traer a la memoria las historias que estaban guardadas en la mesa familiar. Me pareció interesante empezar a mover qué historias estaban ahí”, contó Ruiz Barrea en diálogo con EL DIA.
La actriz y dramaturga, directora de Los Pompapetriyasos (grupo de teatro comunitario de Parque Patricios), contó que este objeto que decidió traer a escena cuenta con una fuerte impronta: “Cuando mi papá nos donó esa mesa, nos dijo: ‘Sobre esa mesa pasó nuestra historia familiar, cuídenla mucho’. Mi marido no la quería tirar a pesar de que ya estaba rota y un día me descubrí diciendo ‘ya está rota’ y ahí empecé a pensar dramáticamente sobre ese objeto y la cantidad de cuentos que tenía”.
En la obra, que se presentará en la Sala Iris Scaccheri del TACEC en el Teatro Argentino (51 entre 9 y 10) el viernes a las 20 horas, también aparecen otros objetos, como la vajilla de loza inglesa de su abuela, otro elemento que incluyó para construir el relato de la puesta. “Cada vez que ponía la mesa se me venían ellos, la historia, y no sólo estaba poniendo una mesa, sino un rito añejo en mi historia familiar y quería hacer una memoria sobre eso”, reconoció la artista.
-¿Cómo fue el proceso de elegir esos objetos y decidir qué memoria podía guardar cada uno?
-Muchos son objetos que le presenté al director y, por ejemplo, surgió toda una escena de objetos con cuchillos y tenedores, porque cuando mi abuela falleció, mi mamá nos dividió esos utensilios de cocina y me acuerdo de que, cuando le conté toda la escena, él me dijo: “Esto va así”. Después fuimos eligiendo dependiendo de las texturas, del juego con teteras; otros objetos fueron apareciendo, los trajo el director, las escenógrafas... Es una historia que hace memoria sobre el ritual de la mesa, pero ficcionalizado.
-¿De dónde surgió la idea del almuerzo posterior a la función?
-Tiene que ver con mi manera de pensar el teatro. Yo dirijo teatro comunitario desde hace 25 años y creo profundamente en el teatro como una ceremonia, más allá de su función espectacular. Siempre me pregunto qué relación quiero tener con el espectador y hay algo que tiene que ver con esto de invitarlo a participar, de involucrarlo físicamente. Y me pareció interesante compartir la mesa después de todo lo que hablamos. No lo vamos a hacer en el TACEC por una cuestión de infraestructura, pero es interesante lo que pasa cuando lo hacemos
-¿Cómo trabajaron con Manuel Mansilla la dramaturgia?
-A Manu lo convoqué porque tenía muchas ganas de trabajar sobre esto. Él me escuchó mucho, me fue dando respuestas y abriendo preguntas. Sobre eso escribía e íbamos y veníamos. Fue un trabajo maravilloso, de mucha escucha de su parte y mucha lectura de lo que me iba pasando con el material; fue algo hermoso.
-Ahora llegan al TACEC en el Teatro Argentino. ¿Qué significa para vos presentar una obra tan íntima en un espacio con esa historia y ese peso dentro de la escena artística platense?
-Es un honor estar en un teatro de esa dimensión y agradezco mucho poder estar ahí y que nos hayan convocado. Es una obra íntima, pero también muy popular por cómo logra provocar una empatía muy fuerte. En estos tiempos me parece que es mi gran objetivo como artista: preguntarnos qué nos pasó y qué patria queremos parir… La mesa siempre se está preguntando entre lo íntimo y lo público.
-¿Qué querés que se lleve el espectador después de ver “Santa Mesa”?
-Me interesa mucho reempoderar a la mesa como un lugar de encuentro. En este contexto donde pareciera ser que está todo hecho, de que la IA va a hacer todo por nosotros, que no tenemos nada para incidir y que las decisiones políticas vienen resueltas, un poco a lo que empuja el espectáculo es a que solo si nos encontramos y de verdad, seguramente podamos estar en otra situación. Pero para eso tenemos que volver a mirarnos a los ojos y volver a hacer con otros. Creo que estamos muy aislados en nuestra propia soledad y no somos capaces de dejarnos atravesar por lo que los otros son capaces de hacer sobre nosotros y viceversa.
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