Daisy Edgar-Jones ya tenía su papel: sería Elinor, la mayor y más sensata de las hermanas Dashwood. Le faltaba saber una cosa, quién iba a ser su Marianne. La pregunta tiene su ironía, porque la actriz se hizo famosa justamente como Marianne, la protagonista de la serie “Normal People”. Esta vez le tocaba estar del otro lado.
Para Edgar-Jones, que creció leyendo cada novela de Austen y viendo cada adaptación que encontraba, la convocatoria tenía algo de destino. Para los actores ingleses de su generación, protagonizar una Austen es casi un rito de iniciación. La nueva “Sensatez y sentimientos”, que se estrena este jueves en La Plata, suma además un dato: es la primera versión de envergadura de la novela dirigida por una mujer, la británica Georgia Oakley.
Hay galanes, como corresponde a la tradición: George MacKay, Frank Dillane y Herbert Nordrum. Pero el corazón de la historia está en otro lado. La relación entre las hermanas era, según Edgar-Jones, “un poco todo”.
“La película, tal como yo la veía, iba a vivir o morir por la relación entre esas dos actrices”, explicó Oakley, que estudió a Austen en la escuela. “Fue una situación bastante tensa tratar de encontrar hermanas que, para mí, fueran creíbles como hermanas”.
La respuesta apareció en las audiciones con el nombre de Esmé Creed-Miles. No llegaba con una gran devoción por Austen, pero tenía algo mejor: ella y Edgar-Jones se conocían desde la adolescencia. Habían pasado un verano en Yorkshire filmando una película independiente, “Pond Life”, y a la noche miraban juntas el reality “Love Island”.
“Gran parte de la hermandad es una historia compartida, un contexto compartido, un conocimiento de la otra. Actuar frente a Esmé, con la imagen tan presente de su cara a los 17 años, me ayudó muchísimo”, contó Edgar-Jones. “Entramos directamente en los papeles”.
Daisy Edgar-Jones creció leyendo cada novela de Austen y viendo cada adaptación
En la prueba de química, la intimidad se sintió de inmediato, incluso en escenas difíciles como aquella en la que la siempre contenida Elinor le confiesa a Marianne que ella también tiene el corazón roto por un hombre. “Daisy es como de la familia para mí”, dijo Creed-Miles. “Nos sentíamos conectadas casi espiritualmente, de una manera inquietante, con estas mujeres”.
Lo que terminó de convencer a la directora fue un detalle menos solemne. Ese mismo día, mientras Edgar-Jones leía con otra candidata, Creed-Miles se tomó un descanso y se comió el almuerzo de su futura hermana. “No sé explicarlo, pero enseguida se sintió muy Elinor y Marianne”, recordó Oakley. “Las dos eran muy graciosas y un poco payasas entre ellas, se burlaban una de la otra desde el primer momento. Tenían una dinámica de hermanas”.
Una actriz a medias
Creed-Miles es hija de los actores Samantha Morton y Charlie Creed-Miles. Actúa desde los 6 años, cuando hizo de imitadora de Shirley Temple en una película de Harmony Korine, y protagonizó la serie “Hanna” en Amazon Prime. Aun así, se resiste a definirse como actriz de carrera. “No es que no me guste actuar o que no quiera hacerlo, o que no me parezca importante y especial. Es que hay muchas otras cosas que también me interesan mucho”, dijo.
Entre esas otras cosas están la fotografía (sus fotos del rodaje se publicaron en Vogue), la música (toca en la banda de rock alternativo Cusk) y la dirección, con un cortometraje propio. Aceptó el papel en parte por Oakley, cuya ópera prima, “Blue Jean”, sobre una profesora de gimnasia que oculta su homosexualidad en la Inglaterra de fines de los 80, la había deslumbrado.
La historia es la de siempre: una madre y sus hijas pierden su fortuna y tienen que arreglárselas
La historia es la de siempre: una madre (Caitríona Balfe) y sus tres hijas, la menor interpretada por Bodhi Rae Breathnach, pierden su fortuna y tienen que arreglárselas solas. Oakley eligió para ese mundo una estética más terrosa y desprolija que la que suele verse en el cine de época de la Regencia. Le mostró al elenco la “Cumbres borrascosas” de Andrea Arnold y “Meek’s Cutoff” de Kelly Reichardt, armó playlists llenas de violines y tomó como referencia vestidos con manchas de frambuesa y tierra.
“Quería hacer una película en la que los personajes no se sintieran lejanos, que parecieran seres humanos a los que uno puede tocar a través de la pantalla”, explicó. “Es una familia que está atravesando algo difícil y que no está pensando todo el tiempo en cómo la perciben o cómo se presenta, porque no siempre tiene visitas”.
“No buscábamos rebelarnos contra el peinado y el maquillaje de la Regencia”, aclaró Creed-Miles. “Encontramos matices en la forma en que estas mujeres expresan su vida interior que todavía no se habían visto en el cine”.
SUSCRIBITE a esta promo especial