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Tchaikovsky y Rachmaninov, en manos de rusos

La familia rusa Semikin-Monasypova, afincada en Tolosa, realizará este jueves un concierto en el marco del ciclo inmersivo Núcleo
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Por Redacción

En Casa Metro se organizó un espacio dedicado a la música clásica y el tango: con programación a cargo de Gastón Corral, Núcleo, el nombre del ciclo, se propone como una experiencia inmersiva, donde los músicos se ubican en el centro exacto de la sala, mientras que el público los rodea en una formación de 360 grados. A ese espacio llega este jueves la familia rusa Semikin-Monasypova.

La familia se estableció en Tolosa escapando de la guerra, y aunque apenas hablaban el idioma al llegar, se fueron estableciendo gracias a la música: Anton Semikin y Martina Monasypova son dos pianistas clásicos que tuvieron dos hijos, Yuri (violinista) e Igor (pianista). “Así que nuestro ensamble nació, ante todo, en familia”, cuentan en diálogo con EL DIA antes de su recital. “La música siempre fue una parte natural de nuestra vida. Nunca la vivimos como una obligación o como un destino predeterminado, sino más bien como un lenguaje común que todos compartimos. Pertenecer a una familia musical reconocida siempre implica una cierta responsabilidad. Sin embargo, siempre me resultó relativamente fácil llevarlo al mismo tiempo como una carga y como una bendición”.

La familia cuenta que “hace muchos años que nos dedicamos profesionalmente a la música, enseñamos y damos conciertos, y en algún momento hacer música juntos se convirtió en una prolongación completamente orgánica de la vida familiar. Por eso, nuestro grupo nació al mismo tiempo de la cercanía personal y de la necesidad artística de crear algo juntos”.

Los cuatro son, además, exponentes de la prestigiosa escuela rusa, que, dicen, “nos dio muchísimo: respeto por la profesión, atención al detalle, responsabilidad frente al texto musical y la comprensión de que detrás de la inspiración siempre hay un gran trabajo”.

“Pero con el tiempo uno entiende que la disciplina no es un fin en sí mismo. No sirve para demostrar virtuosismo, sino para alcanzar la libertad dentro de la música”, agregan.

Además, relata Martina, tuvo un gran peso en su formación su abuelo, Almaz Zákírovich Monasýpov, destacado director y compositor tártaro-soviético. “Se distinguía por su independencia de criterio, su valentía creativa y su capacidad de seguir su propio camino, sin dejarse llevar por las circunstancias ni por las expectativas ajenas”, cuenta ella. “Creo que eso también moldeó profundamente mi propia manera de entender la profesión: el deseo de conservar la libertad interior, de no tener miedo de buscar mis propios sentidos y de ser honesta conmigo misma y con la música”.

EL PROGRAMA

La familia interpretará en Casa Metro un programa compuesto por la Suite del ballet “El Cascanueces”, de Tchaikovsky, dos piezas para violín y piano, Op. 6, de Rachmaninov, tres valses para violín y piano de Kreisler, un momento musical de Rachmaninov y la “Marcha turca” de Mozart-Volodos.

“Los programas de nuestros conciertos suelen surgir de la combinación de varios factores. Para nosotros es importante que las obras dialoguen entre sí y construyan un espacio artístico coherente. A veces el punto de partida es una idea conceptual y otras veces una obra en particular que, en ese momento, sentimos especialmente cercana”, relatan.

“La música clásica rusa ocupa, por supuesto, un lugar muy importante en nuestros programas, porque forma parte de nuestra identidad cultural y profesional. Pero los muchos años de experiencia como intérpretes, docentes y músicos que han desarrollado su carrera en distintos contextos nos enseñaron a mirar la música mucho más allá de las fronteras nacionales. Nos interesa crear programas en los que la tradición no se oponga a lo nuevo, sino que se convierta en un punto de partida para el diálogo entre distintas épocas, estilos y contextos culturales”.

El concierto lo realizarán en una sala con el público dispuesto alrededor, en 360º. Aunque todavía no vieron la sala, afirman que “cualquier formato que reduzca la distancia entre los músicos y el público vuelve el concierto más vivo y más directo. Desaparece la separación habitual entre el escenario y la sala, y aparece la sensación de compartir un mismo espacio. Para el músico es, al mismo tiempo, una experiencia muy inspiradora y más exigente, porque esa cercanía requiere todavía más sinceridad y compromiso”.

Es un corrimiento de los “rituales” de la música clásica, pero ellos dicen no tener una postura firme al respecto. “Ciertas tradiciones son necesarias porque ayudan a crear un espacio especial de escucha atenta. En el mundo actual, lleno de distracciones permanentes, la posibilidad de detenerse y sumergirse por completo en la música ya es, en sí misma, algo muy valioso”, afirman. “Pero también me parece importante que esas tradiciones no se conviertan en una barrera que aleje a las personas. A veces se genera la sensación de que, para asistir a un concierto de música clásica, hay que conocer previamente determinadas reglas o tener una preparación especial. Por eso siempre me resultaron especialmente cercanos los formatos de concierto comentados, en los que el intérprete tiene la posibilidad de comunicarse directamente con el público, hablar sobre la música, compartir su mirada y crear un vínculo más vivo y natural con los oyentes. Creo que ese diálogo ayuda a derribar la idea de que la música clásica es algo inaccesible y la vuelve más cercana y comprensible, sin sacrificar la profundidad ni la calidad de la experiencia musical”.

“Respetamos”, cierran, “profundamente la tradición del concierto clásico, pero creemos que lo más importante es el vínculo vivo entre el músico, la música y el público. Cuando ese vínculo aparece, todo lo demás pasa a un segundo plano”.

“Pertenecer a una familia musical reconocida implica responsabilidad”, contó Martina

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