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Tom Cruise desaparece: cómo fue la transformación más osada de su carrera

Bajo capas de prótesis, el actor se convierte en un magnate petrolero en “Digger”, la sátira de Alejandro G. Iñárritu que llega a los cines argentinos este jueves

Cruise en personaje en “Digger”, la película de Iñárritu que lo llevó a una transformación total
Tom Cruise, sin (tanto) maquillaje

Por Redacción

Durante cuatro décadas, el riesgo en la carrera de Tom Cruise tuvo forma de avión en pleno despegue, de moto arrojada a un precipicio, de rascacielos escalado desde afuera. En “Digger”, la nueva película de Alejandro G. Iñárritu, la proeza es de otra naturaleza: el hombre que hizo de su propia cara una marca registrada decidió hacerla desaparecer.

Canoso, arrugado, panzón y con acento sureño, Cruise es Digger Rockwell, un excéntrico magnate del petróleo al que muchos consideran la escoria de la Tierra. Cuando una de sus plataformas en el Ártico desata una catástrofe ambiental de escala planetaria, el presidente de los Estados Unidos, encarnado por John Goodman, le exige que repare el daño. Rockwell se lanza entonces a una misión frenética para demostrar que es el salvador de la humanidad antes de que el desastre que él mismo provocó termine con todo. Sátira política, humor negro y fin del mundo en el mismo paquete, con Sandra Hüller, Riz Ahmed y Jesse Plemons en el elenco, fotografía de Emmanuel Lubezki en VistaVision y un guion que Iñárritu firmó junto al argentino Nicolás Giacobone, entre otros.

El vínculo entre ambos viene de lejos. Cruise recuerda el deslumbramiento que le produjo “Amores perros” hace un cuarto de siglo: “Qué película brillante. Cada aspecto estaba pensado al detalle, y se sentía la poderosa voz humana de alguien enormemente talentoso”.

Iñárritu tuvo la idea apenas terminó “El renacido”, pero le llevó una década darle forma. “No un guion, no una película: una obsesión recurrente e implacable que sobrevivió a todos estos años salvajes”, explicó. “Sabía quién era este personaje, cómo hablaba, cómo sobrevivía, cómo seducía a la realidad para que le diera la razón.”

Hace siete años le acercó el proyecto a Cruise y, como el actor exige a todos sus colaboradores, se lo leyó línea por línea durante varios días. A la estrella la atrajo el arte del mexicano y, según sus palabras, “lo que busco para desafiarme”. “Quiero hacer muchas películas y me encanta trabajar con distintos directores, aprender de ellos, conocer sus historias, prepararles el terreno, darles oportunidades”, dijo.

Seis horas, un cronómetro y una pizarra

La metamorfosis quedó en manos del diseñador de prótesis Kazu Hiro y del maquillador Alessandro Bertolazzi. El problema, como era de esperar, fue el tiempo. En el podcast “New Heights”, de los hermanos Jason y Travis Kelce, Cruise lo contó sin vueltas: “La primera vez que hicimos el maquillaje tardó seis horas, ¿ok?”.

Y enseguida hizo la cuenta: “Tengo que dormir al menos seis. Me dicen que necesito más… pero bueno, eso ya son doce. Y filmamos jornadas de doce horas. Entonces son seis horas de maquillaje para ponerlo y dos para sacarlo”. No cerraba por ningún lado.

“Me gusta meterme en un sistema, estudiarlo y descubrir cómo hacerlo mejor, más eficiente”

Tom Cruise,
protagonista de “Digger”

La solución fue puro Cruise, el mismo que planifica sus escenas de riesgo como operaciones militares. Llegó con una pizarra para anotar cada pieza de la prótesis. “Tenía a un tipo con un cronómetro y les dije: ‘Bueno, ¿ven ese tiempo, seis horas? Para cuando terminemos, vamos a bajarlo a menos de una’”, relató. La respuesta del equipo fue tajante: “No, eso no lo hago, nunca va a pasar”. Él no aflojó: “Primero que nada, si decís que no se puede, nunca vas a llegar. ¿Podemos acordar que por lo menos lo hagamos un poco más corto?”.

A partir de ahí, cada pieza se cronometró, se ensayó y se volvió a ensayar, como en los boxes de la Fórmula 1. El resultado: menos de una hora. “Me decían: ‘¿¡Qué!?’. Y ni se habían dado cuenta, ni siquiera se apuraron”, celebró. Para el actor, la anécdota define su manera de trabajar: “Me gusta meterme en un sistema, estudiarlo y descubrir cómo hacerlo mejor, más eficiente. En las películas que hago, siempre me pregunto cómo puedo hacerlo mejor”.

Vestirse de Digger era solo la mitad del asunto; actuarlo, la otra. “Transpiro porque tengo puestas estas prótesis. Y las escenas son tomas largas, con un ritmo en el que realmente tenés que saber lo que estás haciendo”, explicó. “Pero estoy transpirando debajo, así que se me ocurrieron distintas cosas, como máquinas de enfriamiento.” La prueba de fuego es un monólogo filmado en una sola toma de unos diez minutos, con la caracterización completa. “Cuando lo leí supe que era algo especial. Después hay que mantener el filo”, dijo.

EL PAPEL DE UNA VIDA

El único antecedente comparable en su filmografía es Les Grossman, el productor calvo y malhablado de “Una guerra de película” (2008). Pero aquello fue una aparición de reparto; aquí se trata del protagónico de una película de autor, justo después de despedirse de Ethan Hunt.

“Él nunca hizo algo así, y yo tampoco”, resumió Cruise, que a los 64 años siente que las herramientas acumuladas en 45 años de carrera desembocaron en este personaje. Iñárritu coincide: “La transformación que atravesó fue asombrosa. Los dos sabemos lo que significa volcar una carrera entera en un solo momento como este. Ninguno había hecho nada ni remotamente parecido”.

Esa sed de aprendizaje explica también por qué no tiene apuro en dirigir. “Si dirijo, no puedo tener esa experiencia. Quiero aprender, me gusta ver el punto de vista de otros, me gusta variar”, dijo.

Por lo pronto, después de esconder su cara, ya piensa en volver a mostrarla. Prepara la secuela de “Días de trueno” junto a Anne Hathaway. “Esa película va a ser divertida. No veo la hora”, adelantó. “¡Súbanme otra vez a ese auto de carrera, por favor!”

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