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“Un hijo propio”: hasta dónde puede llevar la presión por ser mamá

La cineasta chilena Maite Alberdi estrena en Netflix un documental sobre el extraordinario caso de una mujer que fingió durante meses un embarazo y terminó protagonizando un escándalo que conmocionó a México
Con actores y una recreación de la que participaron los protagonistas verdaderos, la documentalista chilena Maite Alberdi llevó a la pantalla uno de los casos más mediáticos de México: el de una mujer que, tras varios abortos, fingió un embarazo y llevó la mentira hasta el límite

Por Redacción

La realidad puede ser bastante más difícil de creer que la ficción. Maite Alberdi lo comprobó cuando, mientras investigaba un proyecto en una cárcel mexicana, se encontró con Alejandra Marín Mendoza, una mujer que había sido condenada por sustraer una bebé de un hospital después de fingir durante meses que estaba embarazada.

El caso sorprendió a la cineasta chilena, pero la pregunta que inmediatamente se hizo no fue cómo había ocurrido el delito sino por qué. ¿Qué puede llevar a una mujer a sostener semejante mentira y finalmente cruzar un límite tan extremo? De esa pregunta nació “Un hijo propio”, el nuevo documental de Alberdi, que llega este jueves a Netflix.

“¿Qué hay en ese entorno que la lleva a eso y cuáles son todas esas presiones invisibles que muchas veces tenemos las mujeres en torno a la maternidad?”, explica la documentalista sobre el interrogante que atraviesa la película.

La historia ocurrió en México. Alejandra había sufrido varios abortos espontáneos y, en medio del dolor por esas pérdidas y de la presión de su entorno para convertirse en madre, decidió fingir que seguía embarazada. Lo que comenzó como una mentira fue creciendo hasta convertirse en una farsa cada vez más difícil de sostener ante su marido y su familia.

El desenlace convirtió aquella historia íntima en un caso policial que ocupó las noticias mexicanas. Pero Alberdi eligió contar otra película.

LA PREGUNTA DETRÁS DEL DELITO

La directora conoció a Alejandra mientras investigaba en la cárcel de Santa Marta para otro proyecto. “Apenas la conocí, inmediatamente me sorprendió lo extraordinario de todo lo que me estaba contando”, recuerda. “Todo lo que pasa en la película está diciendo ‘la realidad supera la ficción’, porque es muy insólito”, agrega.

Pero detrás de lo extraordinario apareció algo mucho más universal: el mandato de la maternidad. “Yo creo que es una película que fácilmente pudo haber sido un true crime sobre el ‘qué pasó’”, explica Alberdi. A ella, sin embargo, le interesaban “los por qué”: qué necesidad había detrás de aquel embarazo imaginario y qué había sucedido alrededor de Alejandra para que una mentira pudiera extenderse durante tanto tiempo.

La cineasta trabajó durante cuatro años en el proyecto y durante dos mantuvo un contacto estrecho con la protagonista, que entonces estaba terminando de cumplir su condena.

En ese recorrido apareció también el duelo por los embarazos perdidos y, sobre todo, las presiones que pueden construirse alrededor de la maternidad como expectativa social. Alberdi intenta así que el caso deje de ser únicamente la historia de un delito extraordinario para abrir preguntas mucho más amplias sobre aquello que se espera de una mujer, una pareja y una familia.

CONTARLA DESDE OTRO LUGAR

“Un hijo propio” tampoco responde exactamente a las formas del documental tradicional. Alberdi reconstruye situaciones con actores y juega permanentemente con la frontera entre aquello que sucedió y su representación. Una marca de la mayoría de sus obras.

Los propios protagonistas participaron activamente de ese proceso. Antes del estreno pudieron ver el resultado, una práctica que Alberdi mantiene habitualmente con quienes participan de sus películas.

“Ellos están muy agradecidos porque tuvieron la oportunidad de contar su historia desde otro lugar”, cuenta. Hasta entonces, explica, la historia de Alejandra había sido narrada fundamentalmente “desde el delito, desde los medios”, mientras prácticamente nadie había puesto el foco sobre aquello que había vivido previamente.

La participación fue mucho más allá de prestar sus testimonios. “Ellos iban al rodaje, trabajaban con los actores, ensayaban con los actores”, cuenta Alberdi.

Esa combinación genera deliberadamente una zona de incertidumbre para el espectador. “¿Qué es?, ¿es ficción?, ¿es documental?, ¿es un híbrido?”, enumera Alberdi sobre las dudas que puede generar la película. Para ella, sin embargo, la respuesta es clara: “Para mí es un documental”.

Aunque reconoce que formalmente significó internarse en un terreno nuevo. “Fue como estar empujando la forma”, define.

LA FRAGILIDAD, OTRA VEZ

En esa búsqueda, “Un hijo propio” se integra con naturalidad a una filmografía que convirtió a Alberdi en una de las documentalistas latinoamericanas de mayor reconocimiento internacional.

Después de “El salvavidas” (2011), llegó “La once” (2014), el íntimo retrato de un grupo de mujeres mayores que durante décadas se reunió una vez al mes a tomar el té. Luego realizó “Los niños” (2016), sobre un grupo de adultos con síndrome de Down, y “El agente topo” (2020), la entrañable historia de un hombre de más de 80 años que ingresa como detective privado en una residencia para adultos mayores. Esta última consiguió una nominación al Oscar.

“La memoria infinita” (2023), sobre el periodista Augusto Góngora y la actriz Paulina Urrutia frente al avance del alzhéimer, volvió a llevarla a los Oscar. Y en 2024 realizó “El lugar de la otra”, su primer largometraje de ficción, basado en el caso real de la escritora chilena María Carolina Geel, quien asesinó a su amante en 1955.

¿Qué une a aquellas películas con la historia de una mujer que fingió un embarazo? “La fragilidad”, responde Alberdi.

“Mis películas en general tienen personajes dispuestos a mostrar sus fragilidades, dispuestos a mostrar su dolor, a compartirlo”, dice. Pero aquí existe una diferencia fundamental: Alejandra no solamente sufrió. También tomó decisiones que tuvieron consecuencias sobre otras personas.

“Es una mujer que se equivoca, falla, que muestra ese dolor. Es una película de dos mujeres que sufrieron mucho, finalmente”, sostiene.

El desafío de “Un hijo propio” aparece justamente allí: comprender no significa justificar. Alberdi busca observar aquello que ocurrió antes del delito sin borrar ni relativizar el delito mismo.

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