Este jueves, Netflix estrena a nivel global “La casa de la pradera”, la nueva adaptación de los libros de Laura Ingalls Wilder que en la Argentina conocimos, durante décadas y para siempre, como “La familia Ingalls”. Serán ocho episodios de una hora, con Rebecca Sonnenshine (la misma de “The Boys”) como showrunner, y una señal inequívoca de la confianza de la plataforma en el proyecto: la segunda temporada ya está confirmada antes de que el público haya visto un solo capítulo.
El elenco es todo caras nuevas. Alice Halsey, de apenas diez años, se calza las trenzas de Laura; Luke Bracey toma la posta de Charles, el rol inmortalizado por Michael Landon; Crosby Fitzgerald es Caroline y Skywalker Hughes interpreta a Mary. Será, desde ya, difícil acostumbrarse para todos aquellos fanáticos de la serie original, que cumplió recientemente 50 años: el 30 de marzo de 1974, la NBC emitió el piloto de “Little House on the Prairie”. El productor Ed Friendly había leído los textos autobiográficos de una escritora entonces casi desconocida y entendió que ahí había una serie: un western sin cowboys borrachos ni bandidos, con una familia de colonos que perseguía su sueño americano a fuerza de trabajo.
Y llamó a Michael Landon —el querido Joe Cartwright de “Bonanza”— para dirigir el piloto, y Landon no solo aceptó: se propuso para encarnar a Charles. El resto es historia grande de la televisión: nueve temporadas, 204 episodios entre 1974 y 1983, tres películas de cierre y un doblaje al castellano que conquistó todo el continente.
LA PRADERA ES ARGENTINA
En España fue “La casa de la pradera”, en México “Los pioneros”, y en la Argentina, simplemente, “La familia Ingalls”. Bajo ese nombre, acá la serie es un clásico de la tevé, casi un miembro más de la familia. Su vigencia local no es una metáfora: El Trece la repuso en su programación a mediados de 2025 y el resultado sorprendió a propios y extraños. La ficción de Landon superó en su franja a “Los Simpsons” y llegó a promediar más que “La noche de Mirtha”, con picos que rozaron los 5 puntos y maratones de fin de semana que se cuentan entre lo más visto del canal.
El termómetro más elocuente del fervor local, de todos modos, está en las redes: “Unidos por la Familia Ingalls”, el club de fans argentino, reúne a más de 52 mil almas que mantienen viva la serie a puro intercambio de capítulos, efemérides, anécdotas de rodaje y debates sobre Nellie Oleson, la villana más querible de la historia de la TV. Una comunidad que celebró los 50 años del piloto en 2024 y que ahora afila el ojo crítico para el estreno de Netflix.
Ahí está, justamente, el gran interrogante del jueves: si esta nueva pradera, más realista y menos edulcorada, logrará conquistar a un público que creció con la anterior: está claro que el encanto de los Ingalls era ofrecer una mirada amable y cálida a través de la pantalla, una mirada que siempre parece ausente en nuestros presentes. Los Ingalls ofrecían una utopía en el pasado, confirmaban la idea de que todo tiempo pasado fue mejor, más humano, más solidario.
Pero la nueva versión, aclaran desde Netflix, no es una remake de la serie de los setenta sino de una adaptación directa de los libros, con una mirada más cruda sobre la vida de los pioneros del siglo XIX e historias paralelas que incorporan la perspectiva del pueblo Osage, los habitantes originarios de esa pradera que a los colonos les habían prometido como tierra “libre”.
Es que con los años se supo que la historia real era bastante menos bucólica: los escritos originales de Laura Ingalls Wilder, publicados recién en 2014, describen a un Charles alcohólico e iracundo y a un Walnut Grove poblado de vecinos hipócritas, muy lejos del pueblito solidario de la pantalla. Nada de eso, sin embargo, hizo mella en el cariño del público. ¿Le gustará al público argentino esta versión realista?
Dónde: Netflix
Cuándo: desde este jueves
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